Fosa clandestina

 

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Es un terreno sin nombre y sin cifra. En un rectángulo hecho de tierra y orines. También puede ser una tina o un canal de aguas negras. La fosa clandestina es una extensión temporal en los espacios. Puede ser la cama o la cocina o las escaleras. Es ahí donde terminan lo que serán huesos y después nada. O sí. Quizá una foto para la primera plana y el noticiario en televisión. Cuando llegan ahí se pierde todo: nombres, historia, dientes, obra, esperanza. Es ahí donde han terminado los periodistas veracruzanos. Ahí fueron a dar los fotorreporteros Guillermo Luna, Gabriel Huge y Esteban Rodríguez. A ellos su fosa clandestina fue el canal de aguas negras en Boca del Río. Cómo olvidar a  la corresponsal de Proceso en Veracruz, Regina Martínez, quien fue torturada y después ahorcada en su fosa clandestina: su casa. Y ahí también apareció ayer Goyo. Reportero policiaco de los diarios Notisur y Liberal del Sur. A Gregorio Jiménez sí le tocó una fosa común. La que habitan los huesos de otro que no conocemos; la que es el hogar del entierro para pobres (la pobreza no es clandestina pero sí es una fosa verdadera).

 A febrero de 2014, Veracruz es especialista en dos cosas: en el café y en el asesinato de periodistas. La prensa local se ha vuelto un enjambre incómodo de modalidades demostrativas que molestan a los que están haciendo las cosas mal. La amenaza es un saludo cordial y el levantón un salario indeseable. El periodista es este ser detestable que nunca nos deja en paz. Es la mosca en la sopa y la cámara de vigilancia caminante. Regina Martínez fue muy molesta para Los Zetas; Goyo para la dueña de un bar (otra fosa clandestina) que al verse difundida decidió actuar. Duarte lo sabe, por eso, aquel el domingo 29 de abril, en la Casa de Gobierno del Estado, cuando escuchó decir a Scherer “es inútil, señor gobernador, no le creemos”, supo que su esterilidad como gobernante había sido expuesta. Dejemos atrás el malecón sangriento y la bomba en el acuario y los 35 cuerpos regados debajo de los voladores de Papantla y el río de huesos en Xalapa. ¿Dónde está la protección real hacia el veracruzano? ¿Existe? ¿Alguien sabe si el gobierno federal esté armando una reforma para la protección a los mexicanos?

 Veracruz es el estado más peligroso para ejercer el periodismo. No necesitamos una estadística de INEGI para comprobarlo. Mírenlo ustedes. Diez han muerto en la administración de Javier Duarte. Diez. Yo al igual que Scherer, por más premios que reciba por parte de la Asociación Mexicana de Editores de Periódicos AC por impulsar la creación de la Comisión de Atención y Protección a Periodistas; por más que sonría y les regale dádivas infinitas a los otros periodistas, a los policías municipales, a los acarreados jóvenes y los sindicatos que lo apoyan, yo, yo tampoco le creo.

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Carlos Atzin

(Toluca, 1991) Estudió Comunicación Social en la Universidad de la Comunicación. Escribe crónica y entrevista, y fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2014-2015).
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