Fobias y manías de los escritores

Te asombraría pensar que tus miedos, manías o peculiaridades las compartes con los genios de la literatura? Pues bien, los escritores son tan normales como cualquiera, en cuanto a fobias se refiere. Te presentamos la larga lista de temores del mundo literario.

Si te aterroriza la oscuridad compartes este miedo con nada menos que  Dostoievsky. Tal vez de ahí la relación a la novela Noches Blancas. Además el autor era un aficionado al juego, se apasionó de tal modo a la ruleta que pronto se vio en la miseria, inspiración de su novela El jugador. El francés Charles Baudelaire sufría el llamado complejo de Edipo: la figura de su madre le causó grandes problemas tanto en su vida diaria como en su obra, en dónde se ve reflejada; tanto fue el agobio que sólo se sentía bien acompañado de mujeres con discapacidad, jorobadas o perversas. Su gran amor Jeanne Duval lo maltrató y le fue infiel. El poeta maldito  tenía una tarántula que le acompañaba durante el proceso de escritura. Hemingway  y Henry Miller compartían un poco de los síntomas de Baudelaire; aunque en ellos, el autoritarismo de sus madres causó rencor y misoginia. Manifestaron públicamente el odio a sus progenitoras.

Juan Rulfo padeció de glosofobia o pánico escénico. El autor de Pedro Páramo confesó que le disgustaba de sobremanera hablar en público, además de que nunca creyó en él como escritor. Quizá si se hubiese tenido más fe nos hubiese regalado más de dos obras; aunque con eso fue suficiente para demostrarnos su innegable talento.

Cervantes se avergonzaba muchísimo de su dentadura y tenía problemas al masticar, uno de sus contemporáneos (no sé sabe quién) tenía que ayudarlo a cortar los alimentos en pequeños pedazos para que el autor del Quijote pudiese comer, ya que Cervantes sólo tenía seis dientes. Hablando de problemas al comer, quienes compartieron la mesa con Honoré de Balzac hablaron de su apetito voraz y sus pésimos modales al alimentarse; pero eso era lo de menos para el autor de La comedia humana, ya que le afligía el delirio de persecución y no podía dormir; las noches de insomnio las dedicaba a escribir seis horas seguidas.

El escritor de ciencia ficción Issac Asimov, era un gran workaholic (adicto al trabajo). Trabajaba ocho horas diarias durante siete días a la semana, así es no se tomaba ningún día libre. Escribía un promedio de 35 hojas al día y revisaba sólo una vez sus escritos. Thomas Mann aunque no estaba obsesionado con el trabajo, sí lo estaba con la perfección: organizaba juntas familiares para discutir sobre sus obras. Revisaba minuciosamente la construcción de sus personajes. Haruki Murakami  también comparte la obsesión por el trabajo y la disciplina, se levanta a las 4 de la mañana para comenzar con la imparable creación de novelas.

Borges y sus recurrentes pesadillas con laberintos y espejos causaron un miedo indescriptible, también temía a las máscaras. Cada vez que se veía en el espejo se veía portando una máscara, pensaba que al quitársela descubriría su verdadero rostro, algo atroz «algo como lepra o el mal o algo más terrible que cualquier imaginación mía. Otra escritora que tenía delirios fue Virginia Woolf, tuvo un miedo irracional a la locura, en especial a escuchar a pájaros hablando entre ellos en griego. Marcel Proust tenía fobia a morir de asfixia, por lo que siempre vivía con ventanas abiertas.

Recordemos al autor que hizo público su complejo de inferioridad retratándose en uno de sus personajes Gregorio Samsa,  un padre injusto y severo añadido a una creciente ola de antisemitismo y él siendo judío, lograron bajar la autoestima de Franz Kafka.

Bueno ahora no hay nada de qué avergonzarnos, hasta los genios tienen miedo y penas que les afligen.

The following two tabs change content below.

Olympia Barreiro

Artículos recientes por Olympia Barreiro (see all)