Estado madreador

Estado proveedor de metáforas

Hace algunas semanas escribí que el pueblo mexicano es como una mujer golpeada que, en medio de la crisis, cree tener la culpa de los golpes que le propina un Estado madreador. Calificada por muchos lectores de simplista, la metáfora me parecía a mí más bien incompleta, hasta que esta semana el propio Estado, mejor y más creativo opositor de sí mismo que yo, me vino a pulir el tropo.

Cachetadas y cachados

Ayer se hizo público un video en el que Manuel Velasco, gobernador de Chiapas, abofetea a Luis Humberto Morales, administrador de la Casa de Gobierno; es decir, uno de sus subordinados. No había terminado el día cuando ya circulaba otro con la disculpa pública del que parece ser el único mandatario estatal con derecho a cobertura mediática cotidiana a nivel nacional. Ha de ser porque es el mejor.

Pero lo cierto es que, aunque el video se difundió ayer, la bofetada ocurrió el 9 de diciembre de 2014. Como se ve en el primer video, había gente mirando, pues se trataba de la réplica al informe de gobierno; pero la disculpa pública no llegó hasta ayer. Más de un mes tarde. De lo cual se comprende que la sinceridad del arrepentimiento del “Güero” es tan pobre como el estado que gobierna y que su imagen política pretende seguir una línea ya conocida: soy bonito mientras no se pruebe lo contrario, y si se prueba, fue sin querer.

¿Por qué Manuel Velasco no ofreció una disculpa pública frente a la gente que lo vio abofetear a un empleado suyo, el mismo día que lo hizo? ¿Será que en ese momento ―y durante el mes y medio siguiente― no hubo nadie que le explicara lo que no le enseñó su mamá: que pegarle a la gente está mal? ¿Será que, como dijera en su disculpa el pleonástico güero, se trató de un “incidente accidental”, que algo del espíritu de Jorge Kagwashi se apoderó de su mano como una maldición de partido y lo saboteó contra la voluntad de su propio cuerpo? Nada de eso. El también prometido de Anahí ―cantante o algo así―, que en otras fotos se le ve dejándose llevar como un tlatoani en brazos de indígenas chiapanecos, cree que tiene derecho a ejercer violencia sobre sus trabajadores, cree que es normal.

Siguiendo esa lógica, claro, la población de Chiapas para la que él trabaja tendría derecho a llenarle los cachetes de incidentes accidentales si no hace bien su chamba; según ese razonamiento, habría que cambiar la letanía de la toma de protesta: y si así no lo hiciere, que la Nación me ponga una madriza.

Mundo al revés

No obstante lo anterior, si los papeles se invirtieran el resultado habría variado espectacularmente. Imaginemos que Luis Humberto Molares le suelta un cachetadón al gobernador. Ya dejen ustedes que de chairo sediento de atención no lo bajaría la opinión pública ―como si hubiera irrumpido en la ceremonia del premio Nobel, por ejemplo―: el administrador de la Casa de Gobierno no lo sería más, se le impondría una multa, la disculpa se le exigiría y en una de ésas hasta a la cárcel va a dar, habiendo pasado por su respectivo sustito extralegal que, no se crean, ése es puro sospechosismo malsano de mi parte. Algo debe haber podrido en la estructura de las cosas para que el resultado no sean las mismas caras sonrientes que se ven en el segundo video.

Y eso que está podrido requiere dos cosas para estarlo: la primera es un ojete en el poder. Check. La segunda es que los gobernados adopten un papel de subordinación idiota, monárquica; esa clase de subordinación que ―sostengo― asumen tantas mujeres violentadas, pero que adquiere una lógica más nítida en la pirámide laboral. ¿Check? México es un país extraño que, no sólo no pide cuentas a sus empleados, sino que se deja golpear por ellos.

Estado perdonado

Lo preocupante del affaire Velasco no es el mirrey gobernante, apenas la muestra urinaria de una casta deleznable que cada vez más seguido se hace del poder. Lo escalofriante es el pueblo que perdona los golpes. En el segundo video, vemos a Luis Humberto muy jovial, otorgando un perdón probablemente legítimo a una disculpa de juguete, dejándose abrazar por su patrón (qué hice yo para merecer tal honor, señor gobernador) e incluso dándole una bofetadita simbólica que hace reír a los asistentes. Aquí no pasó nada. Si no nos satisface el símil del marido que vuelve con flores a los brazos de la esposa moreteada, quizá nos conflictúe menos y nos aterre más el del empleado agachón que le lame las botas a quien considera una raza superior.

Nadie ha dicho que Manuel Velasco será el candidato presidencial de la coalición PRI-PVEM para 2018, pero lo cierto es que tampoco se está gastando en publicidad el dinero de su estado (que no es que al estado le haga falta, no sean resentidos) para ganar Miss Universo. La cachetada que propinó es apenas un síntoma de otras peores; su llegada al poder, las irregularidades de su gobierno, la existencia misma de su partido son golpes más duros: la versión estatal, verde, de la bofetada nacional. No olvidemos durante los próximos cuatro años, no perdonemos en las más próximas elecciones. No seamos la mujer llena de flores y moretones; no seamos ese hombre madreado y sonriente que repite que no se preocupe, señor gobernador, que aquí no pasó nada. 

@Ad_Chz

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada