Epidemio- epidemio- epidemiología de la estupidez, una breve ponencia

Cytomegalovirus_01

…Ya entrados en temas traba-lingüísticos, bucofaríngeos y de ejercicios linguales, conviene conocer la herramienta de trabajo de todo orador: la lengua (en su acepción de hidrostato muscular, no de sistema de comunicación verbal). Dicho músculo radica en la cavidad bucal (no confundir con oral) y puede definirse como un órgano móvil animado por los músculos geniogloso, estilogloso, hiogloso, palatogloso, faringogloso y amigdalogloso. Tener cuidado de omitir de esta lista al músculo esternocleidomastoideo, cuya verdadera función, como todo el que tenga un mínimo de nociones de anatomía podría señalar, es, entre otras, mover y sostener las articulaciones intervertebrales cervicales para permitirle al público mantener la cabeza erguida, o a través de centelleantes cabeceos, regresarla a su lugar mientras el conferencista u orador en turno entrega su locución a la somnolienta audiencia.

Pero regresemos al tema principal de esta ponencia. Si bien la estupidez, síndrome frenasténico, alelamiento, subnormalidad o papanatismo, también popularmente conocida como pazguatería, no es tradicionalmente, entre los círculos de epidemiólogos,  identificada como una endemia o pandemia, dada su alta prevalencia y diseminación en ciertos paralelepípedos auditorios a modo que aplauden hasta la pifia verbal más vergonzosa del orador principal del evento, cabría preguntarnos si dicha condición no tendrá orígenes infecciosos que bien podrían desatar una epidemia. Conmino a las instancias gubernamentales a explorar a profundidad esta idea.

Finalmente, como otra posibilidad, una opción tranquilizadora, nos queda preguntarnos si la epidemia no será acaso ficticia, retórica, hipotética (que no hipotenusa, ya que aquí no hay catetos, sino tetos a secas) . Bien pudiera ser, y es lo más factible, que las causas del síndrome frenasténico del orador radiquen no en agentes virales o bacterianos, sino que se oculten en lo más profundo del citoplasma celular, en el centro mismo del núcleo: en el mismísimo ácido desoxirribonucleico del afectado. Así, el enfermo de oligofrenia no tendría culpa alguna (aunque tampoco remedio). Bien pudiera ser que sencillamente nos encontremos ante las genéticamente limitadas habilidades verbales, ante el inútil esfuerzo léxico, de un peinado y maquillado AustralopithecusIconofinaltexto copy

@nandoestuamigo

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Fernando Galicia

Estudié ciencia, pero ahora me dedico a leer y escribir cuentos. Director de La Hoja de Arena.
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