fbpx

Pascuala Ilabaca: En Chile hay muchísima buena música y eso tiene que ver con la liberación del miedo

pascuala

«Es difícil hablarle de Amor a un muro de miedo», dice Pascuala Ilabaca en una de sus canciones. Pudiera ser que esté hablando—como supuse la primera vez—de un amor en el plano personal, pero también pudiera ser que el amor y el muro tengan que ver con otra cosa. Y hago esta suposición porque ella puede cantarle a un lugar inexistente, a un niño, a una chamana indígena de Chile o al Diablo, pero siempre sin miedo. Ésa fue la impresión que tuve la primera vez que, a través de un video por internet, la escuché y la vi cantar. Entonces vi a una mujer con una voz aguda y versátil, de una evidente belleza física, capaz de generar y hacer sonar melodías interesantes. Ella es una manifestación especial de juventud, belleza, musicalidad y feminidad.

Pascuala Ilabaca es una joven compositora, cantante e instrumentista chilena de música de fusión que se mueve entre ritmos tradicionales, tonadas folklóricas, tratamiento modal y escalas, así como de exploración en músicas del mundo. En sus letras hay juego, nostalgia, alegría, conciencia social y el amor por lo humano.

Nació en 1985 y es originaria de Valparaíso, pero a lo largo de su vida ha vivido en varios lugares. La formación musical y la vocación artística en ella están arraigadas desde la niñez gracias a la influencia de sus padres y a sus viajes. Formalizó su educación musical como compositora en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, pero su búsqueda creativa es más amplia de lo que supone la enseñanza dentro de las aulas; más aún, sus procesos de apreciación y expresión están íntimamente ligados con el movimiento a través de culturas, territorios, músicas y personas.

Comenzó su carrera discográfica con Pascuala canta a Violeta (2008), una producción conjunta con dos de sus compañeros donde rinde homenaje a Violeta Parra. En 2010, como integrante del grupo Samadi, formó parte de la producción Perfume o Veneno. En ese mismo año lanzó Diablo Rojo Diablo Verde, un disco constituido por piezas de su autoría y en compañía de Fauna, banda con quien realizó también Busco Paraíso (2012).

A continuación presentamos la entrevista a esta talentosa compositora cuyo rostro forma parte de un nuevo movimiento de jóvenes en Chile que a través de su música resisten a los embates del miedo individual y colectivo, y proponen otros horizontes.

¿Cómo fue tu vida cuando eras niña?

Mis padres son artistas visuales, ambos viajaron por muchos lugares rurales y urbanos para encontrarse con el arte y con la gente. Así crecí yo, entremedio de ese remolino, en los carnavales populares, en mercados, en India, en México por un año… De todas las experiencias de las cuales mis padres sacaron colores, yo saqué música.

¿Cuál fue tu relación con la Música desde la niñez y hasta antes de formalizar tu educación en la Universidad?

Toco piano desde niña. Le hacía canciones a mi perro, a las pulgas… Después, en la adolescencia, al amor terrible, y así hasta ahora. Todo lo que me choca se transforma en canción. El primer tema importante de mi carrera que se transformó en un disco fue el respeto por la gran Violeta Parra; luego, en mi disco Diablo Rojo Diablo Verde, seguí rindiendo homenaje a iconos populares, pero ahora desde la creación y ya no sólo desde la interpretación. Homenajeé a todos los fantasmas que bailan en mi música: Violeta, Frida, la Machi (sacerdotisa mapuche), el diablo, la música AM. El antes o después de la Universidad es un tema un poco bipolar en mí y en Chile en general; la enseñanza universitaria es tan clásica y estrictamente académica que se suele disociar mucho de la creación de los jóvenes. He escrito música contemporánea para ensambles experimentales, pero de momento creo que la fusión es mi lenguaje, es el lenguaje de la mayoría de nosotros los «post globalización».

¿Cuál es tu relación con el folklor? ¿Cómo lo concibes? ¿Qué es el folklor en el siglo XXI y en este mundo global? ¿Qué es el folklor en la música de Pascuala?

El folklor es un huevo: es bello, es un símbolo de la vida, pero también es hermético. Para poder salir de ahí hay que romperlo, pero con mucho amor,  como se rompe el útero de una madre. En ese sentido yo soy un pollo.

En tu música podemos escuchar elementos que te dan originalidad, y en los que se vislumbra tu búsqueda dentro de distintas músicas, pasando desde la chilena hasta otras raíces étnicas que te nutren, por tus estudios formales dentro del ámbito de la composición académica, y también por el rock y el jazz. Escucho líneas que se asocian con alguna escala japonesa, con lo dórico, lo lidio, y seguramente con otras escalas y modos que habrás recopilado. ¿Cuáles son específicamente tus influencias sonoras? Si tuvieras que definir de manera escrita el objetivo estilístico de tu obra, ¿qué nos dirías?

Siempre me cuesta estar adentro de un casillero, y esto es por el hecho de ser una persona post globalización, como te contaba antes. Todos recibimos miles de influencias hoy en día. Si creciste escuchando Violeta, Janis Joplin, Amparo Ochoa,  Keith Jarret, Satie, Simón Díaz, John Coltrane y Bola de Nieve, no puedes dejar de ser un híbrido de todo eso, pero todo eso tiene algo en común. La música de la que vengo y a la que quiero ir es una música de emociones fuertes, que cambia los estados anímicos de los lugares y las personas por donde pasa.

¿Cómo fue tu proceso de aprendizaje en India?

Hubo dos estancias. La primera fue a los doce años junto a mi familia. En ese viaje aprendí mucho sobre la paciencia, los idiomas, la diversidad y el origen. En el segundo viaje, a mis 24, junto a Jaime Frez -mi marido-, estudié música propiamente con el maestro Pandith Pashupatinath Mishra. Con él aprendí sobre la improvisación, la forma y estructura de un raga, la respiración y, por sobre todo, el parecido que hay entre un cantor y un mago.

¿Consideras que el misticismo y la espiritualidad motivan a tu obra de alguna forma?

Sí. No tengo ninguna religión, pero sí tengo necesidades místicas. La creatividad se sustenta de una fuerza que tiene mucho que ver con esto. Si no hay concentración, observación, imaginación y sueños, entonces no hay creatividad en mi vida. Por eso busco los viajes: cuando estás en cualquier medio de transporte, en ese momento no estás en ninguna parte; sales de un lugar y entras a otro… esos son buenísimos momentos para meditar y para crear ideas-remolinos; ahí puedes mirar a lo que vas y de dónde vienes. Todas las canciones de mi disco Busco Paraíso fueron compuestas sobre ruedas.

Yo me atrevería a decir que cuando escucho tu música es como si viera brotar desde algo profundo de ti a las melodías que se entretejen y que luego constituyen una canción terminada—con una voz, además, potente y sincera—. Percibo que tienes una manera muy orgánica e intuitiva de cantar y de hacer melodías –muy bellas, por cierto—. Y luego, como si fuera poco, haces sonarte también con el piano y el acordeón. ¿Cómo te comunicas con la banda para que el resultado sonoro sea el esperado? ¿Qué tanto hay de tu voluntad y qué tanto de la creación colectiva?

Con la Fauna somos una familia. Jaime, el baterista, es mi marido. Todos fuimos compañeros de escuela, algunos vivimos juntos desde chicos y otros fueron llegando de vecinos, de carnales. Hay una relación muy bonita. En la Fauna todos los integrantes son a su vez compositores de otras bandas. Cada uno tiene una esencia que yo conozco muy bien, y entonces, cuando compongo, sé que ellos son los que van a tocar esa música; por eso mismo creo que ellos pueden fluir interpretativamente. A su vez, esta música es muy femenina; ellos respetan mucho la idea común que queremos conseguir y le dan la fuerza y la disonancia que yo necesito para hacer algo no sólo bello sino expresivo y fuerte.

pascuala2

¿En tus reflexiones o en tus intenciones asumes alguna responsabilidad con tu feminidad en relación con la libertad creativa y expresiva?

Claro. Tengo 28 años, y en la medida en que crezco voy descubriendo esa energía poderosa, y defendiéndola también. Siempre homenajeo el trabajo de las grandes mujeres artistas, que se han quedado generalmente abajo del mantel de la historia universal.

Eres muy joven y, sin embargo, has hecho ya cuatro discos y actualmente tu trabajo se posiciona muy bien dentro de la escena chilena y más allá. ¿Ha sido difícil lograr eso? ¿Cuáles han sido tus mayores retos y tus más grandes logros?

Sí, ha sido muy bueno y muy difícil a la vez, sobre todo en un país en el que no existe un mercado para la música alternativa; menos mal que en esta época existen las redes sociales… si no fuera así, no estaría hablando contigo ahora, no habría editado mis discos en España y no habría hecho todas las giras de estos últimos años. Mi más grande reto es no transformarme en una máquina o en una neurótica-estresada, y mi más grande logro es estar satisfecha de mi trabajo. Este año ha sido un muy buen año, tocamos en Lollapalooza y fuimos nominados como Mejor Disco World Beat en los Independent Music Awards.

¿Te consideras más cerca de la industria musical o de los procesos autogestivos de producción?

100% autogestionada.

¿Hay denuncia social en tu obra? ¿Cómo es? ¿Cuáles son las luchas regionales y/o globales con las que te identificas? ¿Cuál es y cómo ejerces tu militancia?

Mi obra es 100% denuncia social. Todo lo que me pasa a mí le pasa al resto, y todo lo que le pasa al resto me pasa a mí. Asumir eso es lo que te invita a compartir tu intimidad; si no, ¿para qué? En Chile estamos viviendo un momento muy importante en el que los jóvenes ya no sienten miedo de los poderosos de la dictadura que aún están vivos, y que aún gobiernan nuestro país amparados por una constitución que le da el mando al libre mercado y no al pueblo. Por los Pueblos Originarios, por los estudiantes, por la igualdad de los derechos homosexuales, por la defensa de nuestros recursos naturales… siempre ando cantando por eso, eso es lo que más me choca en el presente.

¿Qué nos puedes contar sobre lo que ocurre en Chile en cuanto a los nuevos movimientos musicales entre los que te desenvuelves?

En Chile hay muchísima buena música hoy en día y eso tiene que ver con esta liberación del miedo; con miedo tú no puedes crear bien. Tengo muchos colegas músicos a los que admiro: Los Jaivas, Congreso, Álvaro de Valparaíso, Mauricio Redolés-nombrando a los más viejos primero-; entre mis pares están Camila Moreno, Chinoy, Evelyn Cornejo; de los emergentes menciono a Demián Rodríguez, Juga di Prima, y muchos otros.

Has manifestado tu admiración por Violeta Parra; incluso has hecho un disco interpretando canciones suyas. En ese sentido, ¿cuáles crees que son las figuras conocidas (o desconocidas) más emblemáticas y verdaderas de la cultura chilena?

Violeta Parra, Nicanor Parra, Roberto Parra, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro…

¿Tienes alguna relación con México? ¿Cuál es?

Viví ahí, toqué el acordeón por primera vez ahí, hice el amor por primera vez ahí, aprendí a decir groserías ahí y todo eso en 1999, cuando tenía 14 años… ¡Oh, qué lindos días! Luego he vuelto dos veces: en mi luna de miel y a cantar en la FIL. Además, mis peores borracheras han sido con mezcal.

El año pasado fuiste a Europa con tu más reciente disco. Ahora vas a Perú y a Colombia. ¿Qué expectativas tienes con respecto a tu proyección internacional?

Que la música llegue a donde tiene que llegar, y yo con ella, por supuesto. Me  encanta ir a festivales a tocar, ¡es lo máximo! Viajando te acercas más a ello, y en los lugares en donde todavía no te conocen siembras una semilla para que te inviten; así ha ido siendo [sic]. Ya hemos ido cuatro veces a Europa de gira y fue por la semilla que plantamos.

¿En qué trabajas actualmente?

Estoy promocionando mi disco Busco Paraíso, y trabajo en mi nuevo soundcloud de laboratorio casero, que es un nido de canciones llamado Música en Pijama. ¡Escúchenlo!

¿Y tú qué opinas?