La expresión jazzística al límite: Una entrevista con Nate Wooley

“El jazz es una piedra angular”.

Fotografía por Daniel Sheehan.

El jazz es una fuerza que se puede comparar a una tormenta: contundente y efímera, que deja sensaciones tan fugaces como intensas, una suma de elementos concentrada y dinámica. Puede azotar cualquier espacio, desde una calle en Barcelona, hasta un café  en Armenia, un foro en Japón o cualquier festival en América latina, Estados Unidos o Europa.

El carácter transformador del jazz radica principalmente en el carácter abstracto que invita al ejecutante a dominar al derecho y al revés las posibilidades del instrumento; invita a una concentración de la energía colectiva y a desatar posibilidades.

La escuela trazada por Miles Davies, Ornette Coleman, Max Roach, Peter Brotzmann, Alice y John Coltrane, John Zorn entre muchos otros, ha formado a músicos que siguen experimentando sobre la ejecución, introduciendo al género mezclas más que interesantes con estilos como el grindcore, la música electrónica experimental, la composición contemporánea, la música electroacústica, el noise entre otros.

Un exponente distinguible de esta inmensa escena de jazz contemporáneo es el trompetista norteamericano Nate Wooley.

Nacido en Portland, Oregon, es también curador y crítico; ha tocado con múltiples ensambles y con personalidades como John Zorn, Anthony Braxton, Paul Lytton, Eliane Radigue, Ken Vandermark, Fred Frith, Evan Parker, and Yoshi Wada, y ha colaborado con músicos como C. Spencer Yeh, Chris Corsano, y Peter Evans.

Acerca de sus presentaciones en solitario Wooley ha sido a menudo citado como parte de una revolución internacional de la música improvisada. Junto con Peter Evans y Greg Kelley, Wooley es considerado una de las grandes figuras del movimiento estadounidense de redefinir los límites físicos de la trompeta, en un contexto histórico todavía ensombrecido por Louis Armstrong; una combinación de vocalización, técnica extendida extrema, el ruido bajo una estética de drone y noise.

La amplificación, la retroalimentación, y el rigor compositivo hacen que sus grabaciones como solista sean consideradas como “exquisitamente hostiles”.

L.H.A. ¿Dónde y cuándo comenzaste y cómo te enfocaste en el jazz y la música contemporánea?

N.W. Mi padre es saxofonista. Él solía tocar en big bands cuando yo era chico; mis primeras giras con él fueron cuando tenía trece años tocando en una big band con él.

Esos fueron mis comienzos en la música y también mi primera motivación, así como el inicio de mi carrera como trompetista, trabajando en el lenguaje musical del jazz.

En esas épocas él me llevaba a tiendas de discos a comprar material, un habito que aún tengo fuertemente arraigado.

Recuerdo que había una pequeña tienda en Portland, Oregon (cerca de donde crecí), a la cual íbamos cada dos semanas para comprar elepés. El dueño del lugar se sorprendía de que alguien tan joven se mostrase tan entusiasmado al comprar discos de Miles Davis, así que él también se encargaba de aconsejarme acerca de muchas bandas y de estilos musicales diferentes, especialmente música enfocada a lo free como Eric Dolphy u Ornette Coleman. Quedé simplemente enganchado, no necesariamente al free jazz, pero sí a muchísima música que no había escuchado. Esa misma actitud es la que me ha llevado a buscar dentro de la música experimental.

L.H.A. ¿Qué debe tener cualquier músico que quiera comenzar a caminar en los terrenos del jazz?

N.W. No siento que debas tener algo en específico; realmente, yo no siento que lo tenga. Todos llegan a esta música por razones diferentes. Yo creo que mientras más lejos te mantengas de sentir que hay una lista de requerimientos para tocar jazz es lo mejor para ti, para tu música y también para el jazz en general…

L.H.A. ¿Cuantas horas al día practicas en tu instrumento?

N.W. Actualmente no tengo las horas que me gustaría porque tengo un trabajo de tiempo completo. Usualmente practico una hora por la mañana (debido al problema de los vecinos) y después un ensayo general o bien un concierto por la noche… pueden ser dos horas por la noche. Cómo extraño los días en el colegio, cuando practicaba consistentemente cuatro horas al día, mínimo.

L.H.A. ¿Qué me dices de la experiencia de tocar con el sonido extendido de la trompeta?, ya sabes, utilizando pedales, procesadores, moduladores de tono.

N.W. Realmente no utilizo casi nada de proceso; lo que hago es amplificar el sonido de la trompeta y recientemente, pero muy de vez en cuando, utilizo un octavador para acceder a notas más graves y  generar resonancias más fuertes, pero prefiero hacerlo todo por mí mismo con las posibilidades que brinda la trompeta. Siento que es una voz más verdadera, más cercana a mí, cuando me mantengo alejado de procesar demasiado el sonido con medios electrónicos. Simplemente odio la música con un sonido extremadamente pulido o pensado; tampoco ese tipo de proceso digital actualmente en boga no es menester para mí, así que todo lo que puedes escuchar en mis grabaciones es solo trompeta y amplificados, no ajustes, no procesos y tampoco modulación.

Fotografía por Peter Gannushkin.

Fotografía por Peter Gannushkin.

L.H.A. ¿Qué estilos de música y artistas son importantes para ti?

N.W. El jazz es una piedra angular, sin importar la época; puedo pasar el tiempo escuchando jazz. Sin embargo lo que escucho la mayor parte del tiempo es música clásica contemporánea. Creo que es lo que más me toca en este momento, y siento que conecto más con cuestiones de estructura, que con el free jazz en estos momentos. Me gusta también la música electrónica y el noise; estos géneros van y vienen en mi vida.

L.H.A. ¿Has experimentado con otros instrumentos?

Toqué el piano antes de la trompeta. Mi profesor era fantástico, vio que comenzaba a perder el interés de chico y me mando un día a casa con cassetes de Art Tatum tocando solo y pequeñas piezas de Schoenberg. Esto logró captar mi atención de nuevo; toqué hasta la preparatoria, e incluso llegué a participar en recitales con las obras de Schoenberg, pero sin duda me sigue gustando mucho el trabajo de Tatum.

L.H.A. ¿Podrías contarnos un poco sorbe la experiencia de haber tocado con John Zorn y con Anthony Braxton? ¿Tienes alguna anécdota?

N.W. No tengo alguna anécdota, pero puedo decir que siempre es un placer y un reto tocar con estos señores. Cada que sucede tengo la sensación de ser absorbido por una fuerza que me lleva a dar lo mejor de mí; la velocidad con la cual lanzan información y las decisiones que toman en el escenario son brutales. En vivo me mantengo navegando y aprendiendo de ellos lo más que puedo.

L.H.A. ¿En qué país has encontrado los sonidos más interesantes? ¿Qué país te ha sorprendido más?

N.W. Tuve una gran fascinación con los pájaros en Dusseldorf, Alemania, por alguna razón, pero, personalmente me siento más interesado por lugares que generan más ruido como la ciudad de México, o bien, un increíble silencio como al norte de Noruega.

L.H.A. ¿Cual crees que es la fuerza o los recursos que hacen posible una improvisación colectiva?

N.W.- En la improvisación colectiva hay un gran nivel de interacción social y de discurso que define el resultado final. Las interacciones entre un grupo de personas difieren mucho del de un dúo, por ejemplo; estas interacciones definen la forma en la que la música opera formalmente y cómo se construye. En las presentaciones como solista la concentración es más a nivel del lenguaje individual y la capacidad de sintaxis; es el lugar para explorar, como dices, algo sin tener un discurso musical previo. Por eso últimamente he preferido tocar solo: disfruto mucho construir mis propias narraciones y esculpir mi sonido justo como quiero. A su vez es más terrorífico porque no tienes a nadie que te ayude a recuperar la idea si te equivocas, pero al final eso es lo que hace a estas presentaciones atractivas e interesantes. Iconofinaltexto copy

[Sitio personal de Nate Wooley: click.]

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Alfredo Gallardo