fbpx

Ella y el candigato

Probablemente, nunca existió la situación idílica en la que un creador, un artista, un observador alejado del mundo de los legos, se dedicase por completo a una obra de creación. El mercado cambió los tiempos del arte y, con refunfuño de infante lactante,  cambió también la vida. Para ganarse los pozoles, el novelista requiere ser profesor, magnate o ayudante de cocina en una cevicheria de barrio. En cambio, el cineasta, el interesado en crear un universo fílmico, prácticamente debe vender su alma al diablo. Vender su alma al Estado. Al final es lo mismo. El problema es que los recursos del Estado son escasos y están mal administrados; digamos que estos incentivos están repartidos, a priori, por el apellido, el linaje político o las codas clientelares del caudillo en turno. El cine en México, más no el cine mexicano, es un reflejo –literal y metafóricamente– del Estado: un cine fallido.

No obstante, afirmar que el cine en México es análogo a la democracia vigente implica una apreciación sociológica y no una disertación estética. Esto último es un error categorial. El cine en México es cada vez más recurrente, pero por cada dos Reygadas o  tres Escalantes, existe un Roberto Girault Facha. Si ese “director” que en el nombre lleva la penitencia. El mismo que hizo una versión reaccionaria del hombre mayor con El Estudiante (2009) o que plasmó a la familia Nieto, futuro familia presidencial, como una familia católica ejemplar: Ella y el candidato (2010). El problema con este filme es que, para muchos, pasó inadvertida su intención ideológica: la semejanza del personaje principal con el actual presidente. La semejanza es parecida a la diferencia entre una quesadilla de queso y un taco de queso fundido, incluso en otros personajes como “la Paulina” y “la gaviota”. La cinta fue proyectada y premiada en 2011 –la (n)academia mexicana otorga la misma cantidad de premios con justicia poética que la cantidad de crímenes resueltos bajo certeza jurídica—y anticipó creando un marco favorable para Peña Nieto. No hay escándalo en esto. La política sólo es sucia si sabe hacerse bien. Sin embargo, no todos los espectadores se regodean con la falta de inteligencia de los directores ni todo el público mexicano es un lego agrario clamado por gritar viva la servidumbre voluntaria ¿o sí? En fin, el director promocionó la película como una “crítica constructiva de la política por sí misma” y, como sabe cualquier lector mediano de Max Weber, el “apolítico” es el sujeto “más político” de todos: la negación de la política es el primer signo de una política conservadora. El director arguyó: “La película se mueve en un contexto político, pero siempre la quise hacer con un contenido apolítico; no tender a ninguna corriente, filosofía ni partido político” [Imagine aquí el meme “No me digas”].

Ella_y_el_candidato

Para finalizar una disculpa por atreverme a reseñar esta película. En alguna ocasión comenté que es de pésimo gusto pronunciarse en favor de las películas como si se tratase de tacos de chorizo: me gusto o no me gusto. Por esta razón, intenté realizar un análisis sociológico del filme porque escribir un juicio estético me resultó simplemente imposible: un videohome con menor calidad que la rosa de Guadalupe. De modo que, lector ilustrado, te pido dos favores: primero, discúlpame por comentar este filme; segundo, si ves la película no olvides que la curiosidad mató al candigato. Concluyo con las palabras exactas de Girault Facha respecto de la intención de su película: “Además poner primero a México antes de poner cualquier interés propio y que cada quien la ubique donde quiera”. Lector, esta película ubícala donde quieras, el director te lo pide porque, al fin y al cabo, en esta decisión resurge la libertad como espectador: dejarla en su sitio, tirarla a la basura.

 

¿Y tú qué opinas?
The following two tabs change content below.
Avatar

Ángel Álvarez

Avatar

Artículos recientes por Ángel Álvarez (see all)