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El sonido de las manecillas

Este fin de semana hemos experimentado el cambio de horario, esto quiere decir que amanece más temprano y alcanzamos a vernos las caras aún a las 7 u 8 de la tarde.
Hay personas que sienten que los cambios son como un balde de agua fría, un estar fuera de la pecera por horas y sienten que el mundo se va a acabar porque algo salió de la rutina.

El cambio es ese salto inmaterial a una cuerda inverosímil que nos hace movernos. Es como ese sonido rápido que hacen las manecillas.

Cuando un cambio es premeditado, este sucede sin sorpresa, pero no sin un asomo de ingenuidad: no podemos controlar todo.
En el planeta Tierra este es constante, pero sigue siendo el mismo intempestivo y volátil, sabio en su longevidad, altivo pues sus cambios sólo preceden la mejoría de esa majestuosidad incomprensible.
Nosotros no somos como la Tierra, pues un cambio en la ruta, en el humor del cosmos o simplemente de quién está a nuestro lado en cualquier parte del tumultuoso día a día pueden ser el precedente a una serie de cambios inusitados.

Hoy los invito a brincar la cuerda sin temor a no volver a poner los pies en el mismo sitio. La vida está llena de cambios, que de no suceder, la creatividad de sobrevivir cerraría toda posibilidad de asombro.

Hacer pequeños saltos que nos muevan más lejos, o más cerca, depende a dónde queramos ir; llegar en bici al trabajo, cocinar una nueva receta, hacer algo que no se nos hubiera ocurrido antes. Hace falta hacer cambios que pueden hacernos sonreír, que los malos ya vendrán, quizás, inadvertidos.

ÑÚ:
Los cambios en donde todo el mundo conspira contra el hombre pasivo que prefiere a todas luces la vida serena de la rutina se ha visto en muchas obras literarias y cinematográficas, cabría mencionar a los tantísimos personajes de Franz Kafka; Gregorio Samsa en La metamorfosis y Josef K. en El Proceso; Melvile y su taimada oposición reducida a un “preferiría no hacerlo” en Bartleby; Poe y El cuervo. También hay cambios inesperados que en la cuentística se conocen como vuelta de tuerca.
Encontrarlo así en la vida real y en un estado natural es difícil, mas no imposible.

Les quiero hablar de una película que vi en mis primeros años de cinéfila y que acabo de volver a ver, Hudsucker Proxy (1994) es un filme de los hermanos Coen que trata sobre un hombre tonto pero con suerte que sufre un cambio radical en su vida: de cartero a director de una compañía.

Comedia, sátira y una estética impecable, tanto en guión como en fotografía hacen de este filme un clásico que bien nos relata que quizás los cambios drásticos no siempre —o sí, depende del espectador— son buenos.
Gracias por hacer de su lectura un cambio de página.

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Magnolia Orli

Estudiante de Licenciatura en Letras Españolas en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Chihuahua. Ha colaborado con revistas como Pirocromo, Cataficcia, Posdata, Solar, Síncope en Línea, Ombligo. Ha sido ponente en diversos congresos de estudiantes de literatura nacionales. Fue coordinadora del Taller de Creación Literaria “Franz Kafka” en la ciudad de Chihuahua.
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