El luto en tiempos de Twitter

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Después del silencio…

Nuestro diccionario no define el luto como “duelo, pena, aflicción” hasta su tercera acepción. En la primerísima puede leerse (las negritas son mías): “signo exterior de pena y duelo en ropas, adornos y otros objetos, por la muerte de una persona”. Cada vez que muere un personaje de imagen pública, estas dos acepciones se encuentran y, si no se confunden, chocan, se empujan y se escupen, compiten unas carreritas fúnebres.

El luto como subgénero púdico del dolor es cosa de la antigüedad, más específicamente esa antigüedad sin redes sociales a la que llamaré la Era del Silencio. En aquel entonces sentir no era sinónimo de publicar: las vidas privadas tenían carácter de privadas y los idiotas tenían derecho al anonimato. Durante ese lapso del acontecer humano, el luto era un asunto personal, que iba de afuera hacia adentro del individuo, el enlutado extrañaba en mute y los demás lo respetaban.

Abolida la Era del Silencio por Zuckerberg y compañía, el luto se volvió del dominio público y se enraizó en su primera acepción de diccionario.

Una tipología del luto

Como se sabe, la Muerte comenzó el 2014 con un ambicioso proyecto temático: la República de las Letras ―que tiene más de monarquía parlamentaria― no ha acabado de llorarle a un escritor cuando ya se murió el siguiente. El último y más reverberante de los decesos fue el del Premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez, el día diecisiete de este mes. Tomaré algunos ejemplos de las reacciones que este hecho suscitó en las principales redes sociales para ilustrar una clasificación de enlutados en ésta, la Era del Ruido.

(Nota: obviaré el hecho de que ninguno de los dueños de las opiniones citadas a continuación tendrá objeción en que las utilice, puesto que ellos mismos las han hecho públicas.)

El retro

“Tu vida, querido Gabo, la recordaremos como un regalo único e irrepetible. Es difícil despedirse de ti, puesto que nos has dado tanto! (sic) Te quedarás para siempre conmigo y con todos los que te admiramos.” Esto escribió la cantante colombiana Shakira en su cuenta de Instagram.

Esta clase de enlutado es en realidad el de la Era del Silencio, pero ahora fuera de contexto. Se trata de un doliente genuino, que conoció al difunto y sufre su pérdida, con la diferencia de que ahora se ve obligado ―nadie sabe por qué, exactamente― a hacer público su dolor y hasta tomar una postura al respecto. (Hay también un subtipo que considera apropiado compartir las anécdotas que lo ligaron al occiso, como hizo el escritor jalisciense Mauricio Montiel Figueiras a través de su cuenta @Elhombredetweed, quien compartió fotos de cuando “El Gabo” y él trabajaron juntos en la redacción del semanario Cambio.)

El Fan

Basta asomarse a la etiqueta #GraciasGabo en Twitter para darse una idea del luto en la esfera de los lectores. Un vertedero de frases célebres del difunto, expresiones de admiración y de un dolor que no acaba de creer su propia existencia. El Fan no le llora al escritor ―nunca lo trató― sino a su obra que, oh paradoja, es relativamente inmortal. Es por ello un doliente confundido; su tristeza se cuestiona a sí misma. Para él, la muerte del escritor es más bien un disparador de recuerdos lectores. La red social, que es gratis y está a la mano, así como la estruendosa aprobación social que tiene la opinión en la Era del Ruido, son en suma la plataforma perfecta para que aterrice lexicalizado su luto, el cual, legítimo o no, tendrá siempre un halo de artificialidad. (Nota. Si el Fan está iniciado en materia de literatura, es probable que además aproveche para emitir un juicio de valor sobre la obra del autor.)

El Polizón

Éste sólo quiere participar. Dado que el luto, en esta nueva era, es un acto social y no personal, buscará encajar en la convivencia fúnebre digital con lo que llamaríamos en el mundo material “un detallito nomás”. Es el caso de muchos tuiteros que alimentan la cascada de condolencias con la cita de alguna frase (a esas alturas convertida en lugar común) del escritor fallecido. Y ya. Su participación, sin embargo, será cuestionada por tibia y puesta en tela de juicio: se sospechará de que sólo quiere adquirir el estatus de doliente ilustrado y de que ―aunque no hay forma de comprobarlo― nunca leyó siquiera un libro completo del caído. Sólo en algunas ocasiones, según los antecedentes del tuitero en cuestión, puede asumirse la sospecha anterior como verdad; tales son los casos del escritor brasileño Paulo Coelho, quien compartió una cita del autor, y del insigne psicomago chileno Alejandro Jodorowsky, a quien el dolor de la pérdida le hizo olvidar la ortografía del apellido del Nobel colombiano.

El Listillo

Este tipo de enlutado se dedica, en suma, a criticar a todos los tipos anteriores. Participa del luto en negativo, creyendo alienarse de él; carece del menor resabio de empatía y sus palabras son motivadas no tanto por una vocación pedagógica o altruista sino por una necesidad de autoconvencimiento de superioridad intelectual.

Dos ejemplos: “Hay elecciones y todos son politólogos. Se muere un escritor y todos son críticos. Pito.” concluye el tuitero Javier Raya (@javier_raya), Licenciado en Opiniones Ajenas. Y si, como yo lo hice, uno escribe la frase “Ahora resulta que todos leyeron a García Márquez” en el buscador de Twitter, se encontrará con una larguísima lista de tuits que la contienen textualmente y que todavía hoy, veinticuatro de abril, se sigue nutriendo. Como se dijo, de primera instancia no hay forma de probar que los demás especímenes no hayan leído al difunto, pero eso no importa si de ser un Listillo se trata.

El Que Vio Burro y Se Le Antojó Viaje

La muerte también es un recurso mercadológico. La condolencia-infomercial abunda durante el luto. El Que Vio Burro y Se Le Antojó Viaje es sólo un descarado, a veces un consumado hipócrita, cuyos intereses rozan al escritor difunto apenas de forma tangencial. Tal fue el caso de Sara Ladrón de Guevara (@SaraLdeG), rectora de la Universidad Veracruzana, que aprovechó el deceso del creador de Macondo para hacer un corte comercial: “Lamento la muerte de Gabriel García Márquez. Los funerales de Mamá Grande fue editado por primera vez en @EditorialUV.” El otro ejemplo imposible de obviar es el de Enrique Peña Nieto (@EPN), presidente de México, quien señaló que “con su obra, García Márquez hizo universal el realismo mágico latinoamericano, marcando (sic) la cultura de nuestro tiempo.” Si algo hay universal es la certeza de que el presidente, no sólo no sabe usar el gerundio, sino que además no ha leído ni a García Márquez ni a nadie más y mucho menos le interesa comenzar a hacerlo. Su tuit es fruto del mantenimiento de su endeble imagen política; es un Polizón con intereses mucho menos nobles que la simple convivencia. Ambos casos, como se ve, rezuman sensibilidad.

… el ruido

A pesar de que su primera acepción de diccionario lo define como una actitud exterior, casi decorativa o simbólica, el luto parece sentirse desorientado, tímido, en las redes sociales. Ese luto escandaloso no se lleva con el dolor, que prefiere un cuarto a solas para llorar a sus anchas. Se resiste a ser un meme gigante y colectivo. Pero todo cede. En la Época del Ruido, cuando éste se rebasa a sí mismo ensordece: gritamos tanto nuestro duelo que terminará por no decirnos ya nada.

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada