El juego y sus reglas: Sobre el pequeño salvaje

DE AQUÍ Y DE ALLÁ-ECARD-SM

Todo el mundo se ha divertido con un juego. De niño es más frecuente, pero también hay adultos que juegan, crean personajes y situaciones. El pequeño salvaje, de la Cía. La máquina de teatro, consta de adultos que juegan a ser niños y de niños que juegan a ser campistas. Sólo falta decidir cuáles van a ser las reglas.

Pongamos que es un día soleado, un grupo de niños hacen un campamento en un claro del bosque. Pongamos que el juego se trata de hacer una obra de teatro con lo que tenemos a la mano: Árboles frondosos, animales, tiendas de campaña, vasos, platos, una coreografía, Pío, sus amigos y un montón de libros. Con estos elementos se irá construyendo un juego que funcionará bajo tres pilares: amistad, naturaleza, aventura.

Pío, protagonista de esta historia, es un lector salvaje. Lo que cae en sus manos es devorado por el ansia de leer. Esa desesperación única encontrada sólo en niños y en los enfermos. Es por eso que un buen día decide abandonar su campamento y a sus amigos para vivir como se detalla en los libros que prefiere. El barón rampante, La isla del tesoro, Robinson Crusoe son algunos de los títulos que encuentran Sol, Toño y Alaide en la mochila de Pío y que también integran las pistas a seguir para encontrarlo.

Parece que todo o una gran parte del todo se sostiene, según la propuesta escénica de La máquina de teatro, sobre un pedazo de madera. El espacio escénico está dispuesto de forma brillante por Clarissa Malheiros y Juliana Faesler. Las piezas apuntan obedientes, hacia arriba, como en pirámide, a un sitio en el bosque donde Pío aguarda a que la naturaleza devele sus enseñanzas. La tensión se concentra en dos puntos anclados en diferentes momentos de la obra, organizados por el mismo punto de inflexión; la desaparición del protagonista. Estos dos símbolos, la aparición y desaparición, vertebran el orden de la obra.

El primero al frente: cuando la mesa de madera, gracias a la imaginación de actores y asistentes, se ensancha hacia todas direcciones temporales. Se convierte en pista de carreras para caracoles, en balsa, en un comedor del siglo XVIII y en resbaladilla.

Y el segundo, cuando Pío hace su vida arriba de un árbol. Construye una casa, diseña ropa que le servirá para sobrevivir y reflexiona sobre dónde deben ir los desperdicios. La obra condensa de modo armónico la ficción y la denuncia. Está claro, además, el mensaje a los asistentes: Hay que leer, cuidar los bosques y ser conscientes del deterioro ambiental.

La idea que opera La máquina de teatro rompe con discursos frágiles de otras propuestas que apelan a visiones ambientalistas de panfleto; es decir, no juzga, ni condena, sugiere actuar y pensar en cómo podemos desde chicos evitar la deforestación, todo esto desde la visión de un niño. El asistente es capaz de observar cómo fluye la trama sostenida por una estructura firme –la columna vertebral de hace unos párrafos- . El pequeño salvaje está cuidada hasta en el más mínimo detalle, la música original de Liliana Felipe encuentra fugas para soportar momentos conmovedores, el diseño de vestuario es fundamental y cumple con la misión de llevarnos al ritmo del viaje de los personajes.

El pequeño salvaje de la Cía. La máquina de teatro se presenta en el teatro Sergio Magaña – Sor Juana Inés de la Cruz, número 114, Santa María la Ribera, Ciudad de México- los sábados y domingos desde el 9 de julio y hasta el 14 de agosto a la una de la tarde. Es una obra para niños y niñas, adultos, adolescentes, ancianos y ancianas. Iconofinaltexto copy

 

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Emilio Hernández

Ciudad de México, 1993. Estudiante de Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue becario de la decimocuarta promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores en el área de literatura.