“El individualismo es el punto de vista cotidiano": Néstor Quiñones

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La Quiñonera, espacio cultural al sur de la ciudad de México, ha sido un punto de encuentro para el arte durante casi 30 años. Lo que antaño fue la casa de la familia Quiñones, se convirtió en el hogar de propuestas artísticas, conciertos y exposiciones que pretenden acercar al público con el arte.

La Quiñonera tiene un origen coyuntural”, explica Néstor Quiñones mientras recorre el jardín. “Mis hermanos y yo siempre fuimos cercanos al arte y cuando mis padres se fueron a Morelos, nos quedamos en la casa. Aquí todos los jóvenes de mi generación venían a echar relajo. Pintaban, tocaban, fumaban y hacían todo lo que en su casa no podían.”

Dentro de la casa, en las inmediaciones del parque de Huayamilpas, se formaron bandas como Caifanes y Santa Sabina. Néstor recuerda también a ciertos pintores y cineastas que solían pertenecer a ese círculo.

“Todo ese círculo de jóvenes proveníamos de un núcleo social semejante. Todos nos conocíamos porque veníamos de dos o tres escuelas, así que era un grupo muy identificable. Ahora es más evidente que la sociedad de gente creadora se amplía, hay más ambientes para dialogar y comunicarte”, señala el pintor.

Al entrar a la casa, del lado derecho se puede ver la nueva exposición del lugar: ¿Un Mundo Posible? Lo primero que se ve es un diagrama sobre el consumo de masas y un texto que refiere al vacío.

“Originalmente, nosotros hicimos una propuesta de exposición llamada Un Mundo Posible como certeza, pero a Guillermo Santamaría, el curador, le vino un nuevo cuestionamiento cuando trató de desarrollarlo. Entonces todo se convirtió de la aseveración sobre lo difícil que es la comunicación humana a una pregunta sobre las posibilidades tácitas en la sociedad actual que evidencia que la comunión entre personas no está ocurriendo.”

En la exposición se pueden ver los trabajos de 19 artistas tanto mexicanos como extranjeros. El espectro es tan amplio que abarca desde cuadros hasta instalaciones audiovisuales. En la parte superior hay unos aviones de juguete que emiten sonidos de guerras reales.

“Guillermo intentó reunir a artistas jóvenes, con una perspectiva y visión acorde, así como con un enfoque crítico. Cada uno tuvo la libertad de tener un juicio y una opinión. Por eso hay desde planteamientos sociales, políticos y psicológicos hasta cuestiones críticas sobre la información de masas. Es un espectro bastante amplio”, comenta Néstor. “Vivimos en una época en la que el individualismo es el punto de vista cotidiano. Tenemos una ausencia de ideales, y una forma más pragmática de desenvolvernos en la realidad. Sin decirlo, se están haciendo patentes  los síntomas que estamos padeciendo”, señaló.

¿Un Mundo Posible? es producto de 10 meses de trabajo en donde se realizaron muchos cambios, desde la idea hasta los artistas que participarían.

“En parte esta exposición pretendía ser un trabajo comunitario. Queríamos formar grupos de artistas y hacer cinco escenarios de posible realidad. Esto implicaba que la singularidad tradicional del artista se rompiera para transformar los papeles originales”, cuenta Néstor. “El año que viene queremos hacer otro Un Mundo Posible, no sé si como pregunta o afirmación, para seguir creando esta constante reflexiva.”

Quiñones comenta sobre la multidisciplinariedad que se requiere tanto en el arte como en la vida para tener un enfoque más completo. Al preguntarle sobre el papel que juegan las instituciones gubernamentales al respecto, responde:

“Dentro del ambiente cerrado del arte esto [la necesidad de ser multidisciplinario] es muy obvio. Los que nos dedicamos a este oficio tenemos muy claro cuáles son los lenguajes y el espíritu actual de cómo se hacen las cosas y cómo se deben abordar. Por eso necesitamos que el público espectador pierda la visión conservadora del arte. Las instituciones cumplen con esta función pero a un nivel subjetivo. El público no está acostumbrado a consumir. Todavía tiene una visión muy retrasada de los lenguajes artísticos actuales.”

Sin embargo, reconoce, para acercarse al arte contemporáneo se necesita un amplio bagaje cultural. A propósito, recuerdo a Héctor Quiñones, gemelo de Néstor, quien tan sólo unos momentos antes mencionó lo elitista que es la producción artística en la actualidad. Se lo comento a Néstor.

“El desarrollo del arte contemporáneo ha vivido varias etapas. A nivel global hay muchísimo arte neo-conceptual y se tiene que cumplir con muchos requisitos para poder acceder a él, pero eso no es más que una herramienta de poder. Yo creo que los artistas jóvenes también manejan y hacen arte contemporáneo tomando en cuenta lo conceptual, pero ya no es tan complejo ni tan pretensioso como hace unos años. Ya se lee diferente, casi por sentido común. Pero sí vivimos una época en México de mucha pretensión…”

“¿Esto podría estar alejando a la gente del arte?”

“Si los cuadros la alejan, cómo no la va a alejar una instalación. Al público conservador también los cuadros la alejan. Te da miedo no saber qué opinar sobre una obra, por eso dejas de ir. Cuando ves que la forma en la que están configurados los museos también está la cuestión qué hay que modificar. Deberían ser accesibles. Venimos de una época en la que casi era pretensioso entrar a un museo y éste te exigía muchos requisitos para poder acceder a lo que él te estaba dando; en ese sentido se trata de un error de diseño cultural. No de la obra, ésta tiene un límite y una libertad”.

Libertad y variedad. Ése es un aspecto de La Quiñonera que vale la pena ser explorado. “A nosotros nos interesa presentar un cuadro y hacer un ritual prehispánico, así como la naturalidad para evidenciar que todos los lenguajes son válidos y tienen distintos niveles de resonancia. Ninguno es mejor que otro”, concluye Néstor.

@a_deyden

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