El espejo del racismo, el racismo especular

Racismo: ¿odio al propio origen? Un análisis desde la perspectiva psicoanalítica.

 

“Su destino depende totalmente de su origen.
Podemos compararlas con personas mestizas,
semejantes en general a los individuos de
la raza blanca, pero que delatan su origen
mixto por diversos rasgos visibles de la sociedad
y del goce de las prerrogativas de los blancos”.
Sigmund Freud

“El pequeño plus-de-gozar de Hitler que quizá
no iba más allá de su bigote, fue lo que bastó
para cristalizar a gente (…) para provocar sus
efectos de identificación (…) que eso haya tomado
forma de una idealización de la raza, en ese momento,
a saber, de la cosa que en ese momento era la menos
interesada. Pero se puede saber de dónde procede este
carácter de ficción”.
Jacques Lacan

El racismo es un tema que los psicoanalistas hacen aparecer en su diván: el racismo del origen. Es producto del odio por haber nacido como nos tocó nacer. Cuando decimos el amor de Dios, podemos significar el amor que tenemos a Dios, o el amor que Dios tiene a las criaturas. Es una astucia producida por una preposición: “de”, “del” en su empleo genitivo objetivo con el genitivo subjetivo.

Aquello oído de nuestro origen resulta la génesis del odio. ¿Odio al origen y odio que provenga del origen? ¿El espíritu del psicoanálisis es el nudo del origen? El espíritu del psicoanálisis es el nudo objetivo y subjetivo respecto al tema de la procedencia. Así, si alguien se queja por ser hijo de un político famoso o por descender de un gran delincuente, suele olvidar que, de una o de otra forma, él puede quejarse gracias a que ese origen lo trajo al mundo, sea cual sea el valor que le atribuya a su origen.

Preguntas: ¿reconoce eso como su origen? ¿Es un dato natural o adquirido incuestionablemente? ¿Reconocerlo implica aceptarlo como algo inamovible, como un destino prefijado a cumplir? De cualquier manera, el origen pasa por los detalles corporales.

Una ola de racismo recorre el planeta, es un tsunami que va al ritmo de las nuevas generaciones. Las migraciones sacan a la luz los rasgos fenotípicos de los migrantes, gracias a ellos se reconocen y son reconocidos. Actualmente miles de humanos migran para escapar; regresamos a la imagen de los hielos perpetuos, arrojados por la ausencia de alimentos, vestido, educación y falta de trabajo huimos por los glaciares puentes de un continente a otro. El colmo es que millones de personas vaguen por el mundo por falta de trabajo. Dicen: “sin trabajo no se puede vivir, con trabajo se encuentra la muerte” (recordemos a la reciente muerte del niño-trabajador de seis años, Ezequiel Ferreira, por manipular agroquímicos en Pilar, Argentina).

El racismo renovado se produce cuando las estructuras del Estado en Occidente –desde Europa hasta América– transitan del Estado paternal al Estado penitenciario. El origen del Estado paternal, el cual ofrecía satisfactores básicos –educación, trabajo, vivienda y salud– radica en la institución familiar, donde se establecía una estructura permeada por imposiciones –cuasi violentas– por parte de la figura del padre.

Imposiciones tales como “en esta casa se hace lo que tu padre manda y decida”, “no hay de dos sopas, él manda y lo debes respetar”, “si no te portas bien tu padre te dará cinturonazos”. El mecanismo consistía en que si alguien se rebelaba (un hijo), con su acción lograba perpetuar la figura, haciéndola ver como necesaria para que exista el orden y de paso hacerles ver a los demás miembros que nos son capaces de cuidarse por sí mismos. Así, no son necesarios los ciudadanos, todos éramos hijos menores protegidos del desamparo por el Estado paternalista.

En mi caso, gracias a ese Estado obtuve mi triciclo y los soldaditos de plomo el Día de los Reyes, gracias al terror impuesto por mi padre, avalado por mi madre, logré vivir, sobrevivir. Esto está en el núcleo duro del psicoanálisis que Freud inventó1. Esa sumisión no era ajena a sostener tal o cual imagen políticamente correcta e incluso, más importante, sostener una imagen subjetivamente correcta.

El Estado punitivo es la estructura que lleva hasta sus últimas consecuencias las premisas del paternalismo (estatal y del complejo) bautizado por Freud, como el complejo de Edipo. Esa novedad provoca daños colaterales: al cancelar la protección paternalista, o en el caso de las instituciones religiosas la pastoral, se produce el desamparo generalizado e institucionalizado. Más adelante la condición de la autoridad paterna será sustituida por la visibilización de los diversos miembros de la sociedad —mujeres, de los infantes, de los ancianos— quienes exigirán el ejercicio de sus derechos.

El Estado penitenciario, evoca un camino que va desde Franz Kafka, en La colonia penitenciaria2, hasta el estudio de Michel Foucault: Vigilar y castigar. Jacques Lacan ofreció un artículo bisagra entre uno y otro: El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma. Allí se pregunta por un hecho cotidiano: darse color, identificarse con aquello que nos da identidad. Nosotros para darnos color, para aceptar el cobre del cual cada quién está hecho, no tenemos más remedio que hacer frente al oído/odio del origen.

Los trazos del origen

El racismo actual se produce en el marco de una sociedad del espectáculo penitenciario. Veamos un ejemplo de espectáculo: la ciudad de México, gobernada por un hombre de izquierda, Marcelo Ebrard, y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Argentina, gobernada por un hombre de derecha, racista además, Mauricio Macri; ambos tienen un punto de unión sólido: han instalado más de 200 cámaras encubiertas que vigilan la vida de los ciudadanos so pretexto de ampararlos ante la delincuencia.

En mil delitos, menos de uno se impide o resuelve por esa vigilancia. Los ciudadanos pasan de serlo a ser objetos rigurosamente vigilados; y son también objetos bajo sospecha de ser delincuentes.

En China los habitantes conviven con siete millones de cámaras, y en cuatro años más tendrán quince millones. En Inglaterra existe una cámara por cada doce habitantes; se sabe que en Londres el trayecto cotidiano de un habitante será registrado por entre 200 y 300 cámaras.

Esos sistemas son formas digitalizadas creadas por el simple y común detalle trivial. Pero esa forma sigue la estructura de nuestros orígenes. ¿Cómo?

Los agujeros corporales: piel, excrementos, olor, voz; el racismo es una reacción contra nuestros orígenes y esos orígenes son corporales. El origen de cada uno de nosotros proviene de tres fuentes: a) un componente real: trazos del cuerpo, sus desperdicios (excrementos, sudores, olores, saliva, color de la piel, cabellos; b) un componente del imaginario: una foto, una toma de la cámara encubierta; c) un componente simbólico: el nombre y el apellido. Estos tres componentes compartidos sostienen un cuarto elemento: el síntoma del odio ante el origen.

En un individuo las diversas manifestaciones del racismo se observan cuando excluye, persigue o mata a otros a partir de pequeños o grandes trazos que delatan el origen de esos otros, por ejemplo: los mexicanos son flojos; los españoles son ignorantes; los gringos son racistas; los pinches argentinos hablan golpeado o son mamones. En las fincas cafetaleras de Chiapas, se trata a los inmigrantes guatemaltecos como “Indios de m…”; en Argentina, el señor Macri alienta el resentimiento racista contra los perucas (peruanos) o contra los bolitas (bolivianos) a quienes se equipara con las heces fecales.

Paradojas políticas del empleo de los trazos del cuerpo: ese trazo aparece cuando se emplea un acrónimo del Lic. Felipe Calderón para hablar de él como un excremento. ¿Sólo él defeca? ¿Sólo él emplea la función excremental del ano o de la boca? Más al sur, el señor Macri, hijo de un inmigrante italiano, habla contra los inmigrantes ilegales. Pero, cómo si hasta 1935 más del 65% de los habitantes de la Argentina eran extranjeros, de qué manera si Argentina se construyó matando a los pobladores aborígenes, haciendo bajar de los barcos a quienes colonizaban los territorios desolados.

¿Cómo es que un gobernador descendiente de inmigrantes convoca a perseguir a quienes tienen un origen igual al suyo? ¿Cómo es que la familia revolucionaria siguió paladeando los términos raza, jodidos o nacos? La historia del estado moderno mexicano ofrece diversas vetas para el rastreo de este seguimiento lingüístico, como el hecho de que el llamado “Tigre” Emilio Azcárraga, fundador de Televisa, decía: “Hago televisión para jodidos”. No comprendo cómo es que los ciudadanos emplean para insultarse los términos naco o fresa.

El racismo descansa en los agujeros corporales; esos huecos del cuerpo están siempre expuestos, esos agujeros son los que permiten socializar con los otros: lo que está dentro llega desde afuera, y lo de adentro sale. Allí en esa estructura juega la imagen pura del racismo: “sólo el Lic. Felipe Calderón tiene productos fecales, nosotros no”, “sólo los bolitas son inmigrantes ilegales, nosotros no”.

Nuestra imagen se presenta sin agujeros, es completa y total; el extranjero, el inmigrante, el espalda mojada hacen visible una porción no visible de nuestra imagen: los desechos que la sostienen. La práctica del racismo es autorreflexiva: tiene furia, enojo, tristeza, odio pues el otro muestra un fragmento, exhibe aquella porción no visible que sostiene nuestra imagen pura.

La imagen que tenemos es un perchero; se sostiene de una estructura constituida con nuestros desechos corporales. Nuestra imagen se presenta como pureza, y ésa misma nos da en toditita la madre, esa figura que siempre parece que debe sostenerse como pura e intocable. De ahí surge la violencia que se descarga sobre quienes hacemos blanco del racismo. Si nuestra imagen es pura y somos hijos de una madre pura, ¿cómo hicimos para estar en este mundo?

Somos partidarios del Estado laico y al mismo tiempo nos presentamos como siendo la encarnación de Jesús sobre la tierra, sin pecado, sin mácula concebidos; por ello no es raro que defendamos nuestra imagen como una imagen inmaculada. El racismo pone al descubierto que lo que vemos en el otro nos resulta ofensivo, pues quiebra, altera o muestra una mácula que sostiene nuestra imagen, sea la del yo o la de la nación. Sí, el nacionalismo es siempre y en cada ocasión una máquina racista.

Pienso en el hecho de que el Lic. Carlos Salinas de Gortari, ex presidente de México, es amigo del Dr. Saúl Menen, ex presidente de Argentina; ambos eran nacionalistas, por eso vendieron lo nacional de cada país a los monopolios neoliberales, empresas que carecen de cualquier componente nacional. Estos personajes están cortados por el mismo cuero –recuerden que el Dr. Menen le obsequiaba chamarras al Lic. Salinas de Gortari–.

No es lo mismo la defensa de lo nacional, que defender el nacionalismo. Iconofinaltexto copy

1.Tótem y tabú. Algunas concordancias entre los pueblos primitivos y los neuróticos en http://www.pcs-mfc.org/documentos/libros/Fortalecimiento-de-Lideres/Sigmund-Freud-Totem-y-Tabu.pdf, consultado el 12 de septiembre de 2013.

2. http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/euro/kafka/colonia.htm, consultado el 12 de septiembre de 2013.

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Alberto Sladogna

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