El divorcio del Chapo y el gobierno mexicano

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Foto: Proceso.

En el contexto de la vida pública mexicana el término ‘cortina de humo’ suele utilizarse para designar un fenómeno mediático que, supuestamente, fue puesto bajo los reflectores con el propósito explícito de ocultar o desviar la atención de la ciudadanía de otras cosas que estén sucediendo de forma simultánea, pero que cuyo conocimiento y discusión resulta, cuando menos, inconveniente para el Estado. A lo largo del tiempo muchas cosas han sido denunciadas como una cortina de humo, como una treta alevosa y malintencionada del gobierno para, mientras tanto, poder moverse a sus anchas y salirse con la suya. En muchísimos casos se abusa del término, prácticamente cualquier cosa se señala como una cortina de humo. Como muestra de esto pueden verse las secciones de comentarios de los numerosos medios de comunicación mexicanos, ese freakshow que a ratos nos quita el aliento y la fe en una población que piensa la política nacional con la misma simplicidad maniquea que están escritas las películas de Disney: siempre se figuran al pueblo, noble y desposeído, contra un parlamento de políticos malvados, a los que poco les falta para convertirse en una verdadera personificación del mal radical, en una corte diabólica que únicamente vive para su sufrimiento.

Por supuesto, en un contexto tan vasto como el nuestro, también lo opuesto es verdadero con frecuencia. Muchas veces, sospecho que ante los ridículos en que caen los conspiranoicos para quienes todo es una cortina de humo, otros sectores piensan que nada es una cortina de humo, que la noción de un gobierno manipulador es cosa pasada, algo irreal. Pienso que esta pretensión también es absurda. Cuando el pasado 8 de enero el Chapo fue capturado por tercera ocasión por las autoridades mexicanas, en redes sociales muchísimas personas comentaron tanto a favor como en contra de que su captura fuera una cortina de humo. Más allá de afirmaciones risibles, que sostengan que el gobierno de México tiene la capacidad real de manipular la opinión pública internacional hasta el grado de fabricar la histeria colectiva que, por ejemplo, desencadenó el Huracán Patricia[1] o que, por el contrario, el gobierno federal no ganaría nada con intentar algo semejante, creo que en cada caso hay que ver las cosas que están en juego.

Según una encuesta de Reforma, en julio de 2015 el índice de aprobación de EPN, dos semanas después de la fuga del Chapo, era de 34% y su índice de desaprobación, de 64% (las peores cifras en sus tres años como presidente).[2] Como puede verse, el impacto que un suceso como este puede tener en la percepción de la ciudadanía no es para nada trivial. Sin embargo, creo que mirar la reciente recaptura del Chapo (únicamente) bajo la lógica de la aprobación y la opinión pública es demasiado obtuso. Creo que para arrojar luz sobre esto podría ser útil mirar algo del contexto en el que se ha desarrollado la guerra contra el narcotráfico.

El enfoque de EPN en la guerra contra el narcotráfico es distinto al de Felipe Calderón. Al menos esto es lo que se planteó desde que estaba en campaña. Su objetivo, más que centrarse en desarticular los cárteles, sería el de disminuir la violencia, alejándose así de la guerra frontal contra el narcotráfico del sexenio de Calderón.[3] Hay reportajes del tiempo de cuando en campaña se perfilaba muy por encima de AMLO, su competidor más cercano, en que se habla de diplomáticos estadounidenses preocupados por el posible regreso de una pax príista, donde se podía vivir bajo una atmósfera de relativa paz a cambio de que el gobierno federal no se inmiscuyera más de la cuenta en los asuntos de los narcos.[4] Lo cierto es que en sus primeros tres años de gobierno, EPN fue incapaz de reducir la violencia en el país. Se habla de que durante sus primeros 32 meses de gobierno hubo entre 47 mil 988 ejecuciones (que fue la cifra admitida por el gobierno federal) y 57 mil 410 ejecuciones.[5] Lo que al final de sus primeros tres años de gobierno lo situaría con un conteo de homicidios relacionados con el narcotráfico superior al de los últimos tres años del gobierno de Calderón, los más violentos de su sexenio.

Cuando en julio de 2015 Joaquín “el Chapo” Guzmán escapó de prisión, el gobierno estadounidense empezó a ver con desconfianza al mexicano. Las versiones en este punto varían, la desconfianza en unos casos era hacia la ineptitud del sistema judicial, por haber sido incapaz de mantener encarcelado al Chapo. Aunque previsiblemente también corrían las versiones que apuntaban a que el Chapo había escapado con la cooperación del gobierno mexicano. Un ex fiscal de drogas de Los Ángeles, por ejemplo, habla de que con el escape del Chapo, las autoridades de los Estados Unidos empezarían a dudar si seguir compartiendo inteligencia con las autoridades mexicanas.[6] ¿Pero qué habrían ganado al ayudarle a escapar? Unos pensaban que para evitar que, al ser extraditado, implicara a oficiales mexicanos de alto rango (a esa versión alude Sean Penn cuando en su estrambótica entrevista le pregunta si no tenía miedo de que el gobierno mexicano lo matara en lugar de capturarlo). Otros, entre los que se encuentran un oficial de inteligencia mexicano y un agente antinarcóticos de los Estados Unidos, piensan que para que detuviera la balcanización de los cárteles al eliminar a la competencia y así instituyera de nuevo su modo no tan violento de hacer negocios.[7]

Cuando en febrero de 2014 Guzmán Loera fue capturado por segunda vez, Phil Jordan, antiguo director de la DEA en El Paso, Texas, expresó su desconcierto. Pues, afirma Jordan, los servicios de inteligencia de los Estados Unidos cuentan con información que muestra que el Chapo financió la campaña de EPN.[8] El ex director de la DEA dice que algo debió haber pasado entre el PRI y el Chapo para que se le arrestara a pesar de toda la cantidad de dinero que éste había aportado. En otra entrevista, también de cuando recién fue capturado por segunda vez, Jordan dice que haberlo capturado sería un logro importante, siempre y cuando fuera extraditado a los Estados Unidos, pues de lo contrario, asegura, se le permitiría escapar nuevamente después de pasado algún tiempo.[9] Como bien se sabe, Guzmán Loera escapó en julio del siguiente año. En un comunicado, la DEA afirma que las declaraciones de Phil Jordan “no representan el punto de vista de la Administración para el Control de Drogas”,[10] evitando así un desastre diplomático entre los Estados Unidos y México.

No creo objeto de mayor controversia afirmar que la captura del Chapo es y será usada políticamente en beneficio del gobierno, aunque creo que yo no lo llamaría cortina de humo. Sino a lo mucho maquillaje, control de daños. Una encuesta reciente del Reforma muestra que el efecto positivo de la captura del Chapo fue mínimo, menos de una cuarta parte declara que la imagen que tiene del Gobierno mejoró, mientras que el 73 por ciento señala que empeoró o no cambió.[11] Con los antecedentes de corrupción en la guerra contra el narcotráfico y los tintes grotescamente telenovelescos con que se ha desarrollado la cobertura del caso en los medios de comunicación ya desde antes de su captura, no es de extrañar la sospecha de un posible trato entre el Chapo y el gobierno federal, o por lo menos de un intento de parte de éste por instrumentalizar su captura. Sin embargo creo que una pregunta mucho más interesante que la de si su captura es o no una cortina de humo sería, por ejemplo, ¿por qué el gobierno mexicano accedió a extraditarlo en esta ocasión? Cuando Murillo Karam era aún procurador General de la República dijo que lo extraditaría hasta que éste cumpliera su condena, es decir, en entre 300 y 400 años.[12] ¿Implica esto algún tipo de cambio en la estrategia general del gobierno de la República al enfrentarse a los cárteles del país o fue únicamente el Chapo quien cayó de la gracia de la administración de EPN? ¿Por qué le habrán dado, finalmente, la espalda? Creo que hacernos estas preguntas, planteadas con la mirada puesta en el complejo entramado de intereses involucrado en la toma de decisiones puede ser mucho más fructífero que pensar la política a través de sombríos personajes caricaturescos cuyo único interés es hacer el mal. Iconofinaltexto copy

[1] https://www.youtube.com/watch?v=Nes0XyvVobE

[2] http://mexico.cnn.com/adnpolitico/2015/07/31/pena-nieto-cae-al-nivel-de-aprobacion-mas-bajo-de-su-gobierno-encuesta

[3]http://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/12/121218_mexico_pena_nieto_estrategia_seguridad_narcotrafico_jg

[4]http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/centralamericaandthecaribbean/mexico/9365421/Mexican-election-raises-fears-in-Washington.html

[5] http://zetatijuana.com/noticias/reportajez/24643/tercer-informe-de-pena-57-mil-410-ejecuciones

[6] http://www.nbcnews.com/news/world/el-chapos-escape-could-damage-u-s-mexico-trust-n391331

[7] http://www.theatlantic.com/international/archive/2015/07/chapo-mexico-drug-war/398927/

[8] https://www.youtube.com/watch?v=m6P8TyXzYvU

[9] http://edition.cnn.com/2014/02/22/world/americas/el-chapo/index.html

[10] http://es.scribd.com/doc/209147265/DEA-Statement-on-the-Arrest-of-Joaquin-El-Chapo-Guzman-Loera

[11] http://gruporeforma-blogs.com/encuestas/?cat=38

[12] http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/extradicion-de-el-chapo-en-300-anos-murillo.html

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José Luis Álvarez Vergara

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