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Dipsomanía

“…las palabras se volvían borrosas, desarticuladas y su propio nombre le salía al encuentro; pero el mezcal había vuelto a ponerlo en contacto con su situación hasta el punto de que no necesitaba comprender significado alguno de las palabras”.

Malcolm Lowry

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Muchos escritores han abordado el tema del alcoholismo, otros más lo han vivido y hasta muerto a causa de la bebida; lo que deja en claro que existe una relación especial entre el licor y los autores. Y cómo no ha de ser así, si uno tan sólo al humedecer los labios en el vaso lleno hasta el borde por alguna bebida etílica siente una nueva descarga de vida recorrer el cuerpo, un avispar de nuestro estado somnoliento y enfermizo en el que nos vemos sumergidos después de escribir un par de horas en esa ridícula soledad frente a las hojas en blanco. Achispado, uno siente que puede hacer lo que sea, resistir cualquier mal, llenarse de triunfos y hasta imaginar, no exento de soberbia, la posibilidad de ganarle al amor.

   Dipsomanía, bella palabra, locura y sed; sed de algo que acabe con el vacío que siente nuestra alma al estar encerrado en un pobre cuerpo, locura por vislumbrar a los dioses en esos momentos de embriaguez.

   ¿Han cruzado el umbral? Dichoso aquellos que han sufrido los espasmos y sudores fríos provocados por tomar más de tres días seguidos, y la cruda, la terrible e iluminadora cruda, aquella por medio de la cual descendemos al reino de los muertos y nos miramos, llenos de asco; somos testigos en ese instante de todo lo que ha sido nuestra vida, nuestra mísera existencia sobre la tierra, los errores cometidos, las culpas y los secretos que hemos olvidado. Entonces escuchamos los murmullos, los vamos atrapando para que cuando volvamos al mundo ordinario las usemos, para convertir nuestras alucinaciones alcohólicas en prosa, para poder decir “He visto a Dios y a la Muerte, y son lo mismo”.

   La afición a la bebida, la verdadera, no aquella de tomarse unos drinks en el antro, sino la de perder la noción de sí mismo, el éxtasis, no es para cualquiera. Y es que, como cualquier viaje iniciático, está lleno de peligros. Como los chamanes y magos de la antigüedad que justificaban su posición y conocimiento del arte místico por haber nacido bajo algún signo calendárico propicio o por haber soñado con los antepasado, los dipsómanos lo son no sólo por haber realizado su primera comunión con el vino, sino porque también han nacido con el hígado propicio, o poseen un corazón que ha sobrevivido al más grande de los enamoramientos, o simplemente porque lo han heredado de sus padres, legendarios maniáticos del licor. Uno ya nace siendo dipsómano, es un Destino.

Cuestionario:

  1. ¿Es la bebida causa de ausencia en su trabajo malpagado?
  2. ¿Hace desgraciada a su familia el hecho de beber… sin ellos?
  3. ¿Bebe usted porque se siente a disgusto con la gente sobria, mediocre e insincera?
  4. ¿Bebe hasta el punto de afectar su reputación? (Si carece de reputación pase a la siguiente pregunta)
  5. ¿Ha experimentado alguna vez remordimientos después de haber bebido, como besarse a la amiga de tu gran amor —y enfrente de ella—? (Si sufre de amnesia y no hay nada que lamentar, pase a la siguiente pregunta)
  6. ¿Ha sufrido amnesia?
  7. Cuando bebe, ¿frecuenta malas compañías o un ambiente de condición inferior?
  8. ¿Se siente obsesionado por el deseo de beber en cierto momento del día, como cuando uno está en el metro atiborrado o se acuerda de que carece de empleo?
  9. ¿Desea usted tomarse una copa a la mañana siguiente ya sea en el oxxo o en la tiendita de la esquina?
  10. ¿Bebe usted para reafirmar la confianza en sí mismo, sobre todo cuando se encuentra en un bar y quiere hablarle a una muchacha bella, sabiéndote feo y miserable?
  11. ¿Usted podría decir que carece de un problema con el alcohol?

Si ha contestado afirmativamente a una de estas preguntas, hay grandes posibilidades de que sea usted alcohólico.

Si ha contestado afirmativamente a dos de estas preguntas, es indudablemente un alcohólico.

Si ha contestado afirmativamente a tres o más de estas preguntas, me apiado de usted, es mejor que no hubieses nacido porque morirás solo, sin amor. ¿Para que seguir viviendo?

Letanía:

Edgar Allan Poe, ruega por nosotros.

F. Scott Fitzgerald, ruega por nosotros.

Malcolm Lowry, ruega por nosotros.

Juan Rulfo, ruega por nosotros.

Juan Vicente Melo, ruega por nosotros.

Juan Carlos Onetti, ruega por nosotros.

John Fante, ruega por nosotros.

Osvaldo Lamborghini, ruega por nosotros.

Dylan Thomas, ruega por nosotros.

Dostoyevski, ruega por nosotros.

John Steinbeck, ruega por nosotros.

Jack London, ruega por nosotros.

Baudelaire, ruega por nosotros.

Rimbaud, ruega por nosotros.

Kerouac, ruega por nosotros.

Bukowski, ruega por nosotros.

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Antonio Vasquez

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