Dios y sus asuntos

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Era la primera en renegar cada domingo. El menudo recién servido y su orégano carecían de regusto: no quería ir a misa. Ha sido contienda interminable con mis padres y con todos los humanos que se congregaban -palabra meramente clerical- al encuentro del Señor.

Falté muchos domingos pretextando mil y un pendientes -pospuestos siempre- para irónicamente verme favorecida en múltiples ocasiones por aquel a quién me negaba a visitar.

Esta semana ha sido una para establecer un parámetro casi definitivo a los días venideros; se acerca mi graduación y cumplí veinticuatro años. Parecería que es sólo un cumpleaños más, que la emoción no debería prevalecer, sin embargo así fue.

Hoy, al entrar a la iglesia de San Antonio en Delicias, Chihuahua sentí un aura distinta a la que percibía años antes. Cuando era más joven veía en el altar un cúmulo de prejuicios: ahora lo vi como ha sido, quizás, todo el tiempo. La iglesia como segundo hogar. El coro con las mismas canciones desde la infancia, la gente que ahí asiste -maestros que conozco desde secundaria, excompañeros de prepa- y sobretodo mi familia en la misma banca de madera, atentos, me hicieron pensar que quizá en eso reside mi espiritualidad: no digo que sea una ferviente feligrés, ni mucho menos, pero creo que ese ritual de estar juntos, en silencio, presenciando un acto que se considera sagrado, eso es el privado establecimiento de mi propia religiosidad.

Los rituales suelen determinar las rutinas, como aquella que tienen mis padres de despertarnos cada domingo con la mesa servida. Hace falta prestar la más delicada atención a esos detalles, pues nos conforman y reafirman. Por mi parte, debo decir que mi atención se dilató como pupila el día de hoy. Esta calma y paciencia la atribuyo, sí, al crecimiento.
Gracias por leer.

ÑU:

Por lo regular la literatura está repleta de detalles, y una paridad curiosa y quizá antitética es lo que apuntaba Salman Rushdie en su famoso libro “Los versos satánicos”: El infierno está en los detalles.
Para mi, el infierno estaría, señor Rushdie, en dejarlos pasar.

Foto: Amoxtli Jurado

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Magnolia Orli

Estudiante de Licenciatura en Letras Españolas en la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad Autónoma de Chihuahua. Ha colaborado con revistas como Pirocromo, Cataficcia, Posdata, Solar, Síncope en Línea, Ombligo. Ha sido ponente en diversos congresos de estudiantes de literatura nacionales. Fue coordinadora del Taller de Creación Literaria “Franz Kafka” en la ciudad de Chihuahua.
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