Destino: Buenavista

―Pero yo no quiero andar entre locos ―observó Alicia.

―Oh no puedes evitar eso ―dijo el Gato―.

Todos estamos locos aquí. Yo estoy loco. Tú estás loca.

―¿Cómo sabes que estoy loca?―preguntó Alicia.

―Tienes que estarlo ―dijo el Gato―, o no habrías venido aquí.

Lewis Carroll, Alicia en el país de las Maravillas

Y así fue. Un día, sin darme cuenta, caí deep inside the rabbit hole.

Hacer de una biblioteca pública el lugar de trabajo es sumergirse a una realidad en la que se tienen conversaciones y escenas de todo tipo. Pero la Vasconcelos no es cualquier biblioteca pública; es un lugar que recibe a miles de personas que llegan por el suburbano, metro verde-gris y Metrobús, tres líneas que desembocan en Buenavista. Funciona como un espacio de frontera que tiene las puertas abiertas a todo tipo de personas, cualquiera puede entrar porque la biblioteca pública no discrimina a nadie, ésa es una consigna que aplica a todas las bibliotecas. Así que hay personas que buscan libros, revistas, películas, instrumentos de música, computadoras, internet, sillones para dormir y mesas para trabajar.

El guardarropa contiene desde mochilas de estudiantes hasta cartones de indigentes que por la mañana leen el periódico y por la tarde duermen en los sillones.

En la Biblioteca todos tienen voz aunque se sugiera guardar silencio.

Los indigentes son los primeros en exigir que la Biblioteca tenga un horario de 24 horas, porque a cualquier hora debería de poder consultarse un libro. Hay una mujer que piensa que debe vigilar lo que los usuarios observan en las computadoras. Entonces escribe cartas todos los días quejándose de la pornografía que observan cotidianamente los usuarios. Ha decretado que Love me do de los Beatles es pornografía.

Y así es como entre las estanterías de la Vasconcelos se pueden encontrar dimensiones desconocidas.

Miguel Hidalgo, veinte pesos la fotografía, también es usuario de la Biblioteca Vasconcelos. Su estandarte con la virgen de Guadalupe al oleo no cabe en el guardarropa y tiene que ir a dejarlo a la administración, en donde también se guardan las patinetas, los bultos grandes y en donde se recogen los objetos perdidos, que se dividen en tres grandes colecciones: credenciales de IFE, celulares y paraguas.

Miguel Hidalgo, veinte pesos la fotografía, tiene el pelo rubio y un diente de oro. No habla con nadie y va a leer específicamente la revista Historia. National Geographic colección que está saliendo de las oficinas.

La Vasconcelos es una Biblioteca simétrica, lo que es arriba es abajo y lo que hay en el poniente hay en el oriente.

Un día en el sexto piso de la biblioteca, en la estantería de los libros de cine, me encontré con mi doble. Era un hombre con la cara pintada de blanco que en la estantería de enfrente imitaba todos mis movimientos. Yo estaba en el lado oriente y el hombre en el poniente. Incliné mi cabeza a la izquierda y él inclinó la suya, una mano arriba, otra mano arriba; era un espejo de mis movimientos. Decidí jugar el juego: un paso largo hacia atrás, vuelta a la derecha y una breve carrera de veinte metros hasta llegar a los elevadores.

Llamé el elevador y él también.

Mi elevador llegó antes que el suyo.

Yo subí al séptimo para no encontrarlo en la primera planta. Después bajé por las escaleras hasta el primer piso y salí al jardín de la lavanda.

―Ocúltate en el pasillo de las cactáceas, ahí no pueden entrar los usuarios.

Eso me dijo un día Paco, cuando huía por la puerta de la dirección.

La Biblioteca Vasconcelos es una planta dividida en tres edificios y siete pisos, rodeada de jardines y en el fondo, en perpendicular a la planta de la biblioteca: el orquideario que está cerrado al público.

Si tuviera que elegir un lugar para esconderme del mundo elegiría la Vasconcelos. Ahí, no importa la estación del año, siempre hay luz y lugar para sentarse y leer o pasear o simplemente mirar a las personas.

Cuando los niños más pequeños visitan la Biblioteca por primera vez preguntan si la estantería que se encuentra entre pisos tiene puertas.

¿Son puertas como las de Monsters, Inc.?

La arquitectura de la Vasconcelos bien podría ser un pasadizo a otra realidad.

La biblioteca, cualquiera que ésta sea, es la metáfora de una madriguera en la que se puede caer, pero en esta biblioteca, lo puedo decir con conocimiento de causa: todos estamos locos. Trabajar cotidianamente en este lugar fue descubrirme como Ariadna en un laberinto que había perdido a su Minotauro y que todos están tratando de buscar.

Es una buena tarea encontrar cuál es nuestro lugar. Yo elegí el sexto piso, junto a los libros de cine. Elegí la lavanda del primer piso y la mejorana del Auditorio. Elegí el orquideario sin orquídeas. Elegí la dirección para comer pistaches y pepinos con limón y sal. Elegí el sótano para comer arándanos y gomitas de azúcar. Elegí mi oficina para recibir el sol y cuidar las plantas que me fueron concedidas; una sábila y una nochebuena.

Y un día, como Alicia regresando de un sueño profundo, dejé la madriguera.

Ahora, regresar a ella como visitante, como usuaria, como extrabajadora, me causa una nostalgia inexplicable, como un loco que ha recobrado la cordura del mundo y es imposible volver a conectar con aquellos detalles de la realidad que por inconexos y estúpidos hacían todo más bello, más colorido y amable.

Sólo me queda algo que quisiera pedir por favor y en voz baja como se piden las cosas entre las estanterías:

Larga vida a la Vasconcelos.Iconofinaltexto-copy

@mariedelaos

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Idalia Sautto

(Acapulco, 1984) Escritora, editora e historiadora del arte. Es egresada de la SOGEM y de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM. Su primer libro 'Una vida tan llena de esdrújulas' (Torres Editores, 2007) busca explorar una voz narrativa a través del juego del lenguaje. Su último libro es una adaptación al cuento clásico 'Barba Azul' (Conaculta, 2014). Ha publicado diversos textos literarios y académicos en revistas y sitios web. Twitter: @mariedelaos
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