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Democracia Papal, la nueva apuesta del Vaticano

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Desde su nombramiento, el Papa Francisco ha desatado muchas especulaciones con respecto a los cambios que podría provocar al interior de la iglesia católica. El optimismo se ha basado, en primera instancia, en la región de la que éste proviene. Siendo un Papa latinoamericano, se espera que su ideología esté menos centrada en la defensa de la propiedad privada y abogue por el beneficio de los grupos y colectivos.

Las expectativas se han alimentado del contenido de sus discursos; los cuales, por lo menos en la forma, están direccionados hacia posturas ligeramente más progresistas que las de sus antecesores. El Papa se ha pronunciado de maneras menos machistas con respecto a las mujeres dentro de la iglesia, como también le ha bajado a la promoción de la homofobia.

Hace un par de semanas el Vaticano lanzó una encuesta con temas que han causado división en la Iglesia Católica a través de la historia, lo cual ha abonado un poco a estas esperanzas de cambio. Se trata de un cuestionario sobre temas como divorcio, aborto, uso de condones—sí, el uso de condones sigue inquietando algunas mentes— y matrimonios homosexuales. La intención es, por supuesto, que sea principalmente respondida por obispos, órdenes religiosas y grupos católicos. Pero también se recibirán opiniones de cualquier persona que quiera participar. La Iglesia Católica no sólo está poniendo en la mesa temas que antes le quitaban el sueño sino que además está coqueteando con la democracia.

Éste podría ser un ejercicio que promoviera la participación horizontal dentro de la Iglesia Católica. Aunque algunos de sus representantes ya se han vacunado, advirtiendo que no esperan cambios grandes ni prontos dentro de su organización. Como dijo Peter Erdo, cardenal húngaro:

“No tenemos el deseo de reabrir todas las discusiones con respecto a la doctrina Católica. No se trata de cuestiones de opinión pública.”

O lo que es lo mismo: Esto no es una democracia.

Pese a declaraciones como éstas, la apertura mostrada no tiene precedente alguno. Las cuestiones que se han planteado tienen gran relevancia en materia de Derechos Humanos; especialmente con respecto a los Derechos Sexuales y Reproductivos (DSyR) y los derechos de la población LGBTTTI. El sólo hecho de que los altos jerarcas eclesiásticos se planteen estas preguntas, antes tan vedadas, es en sí mismo un avance. Podría transformarse en el reconocimiento a las nuevas sociedades con sus propias formas de relacionarse.

Como disidente del catolicismo, sé que es difícil encontrar en cualquier planteamiento proveniente de la iglesia siquiera un dejo de esperanza de un mundo mejor. Está claro, además, que no hay nada que agradecerle a los jerarcas católicos. Primero porque si eventualmente se otorgara, por ejemplo, el reconocimiento de las parejas lesbianas y homosexuales se haría, de fondo, con el fin de ampliar su mercado y no perderse de todas las inversiones que éstas podrían aportar. En segundo término tenemos que la advertencia ha sido que los resultados de la encuesta no representarán ninguna obligación para el Vaticano. Finalmente, sabemos que reconocer derechos no es un asunto que debiera competir a la iglesia católica (ni a ninguna otra).

Y, aunque esto en teoría es cierto, la influencia que los jerarcas religiosos tienen en el reconocimiento o en la negación de los Derechos Humanos es mucho más alta de lo deseable. Lo ideal sería que éstos no aportaran sino en favor de la paz y el entendimiento (como también lo sería que no sólo fueran «éstos» sino también «éstas»). Pero la realidad es otra. Sus opiniones han tenido siempre un fuerte peso en los gobiernos (particularmente en los mexicanos); quienes históricamente han relegado el cumplimiento de sus obligaciones según la voluntad de la iglesia católica y los poseedores del capital.

Los entes encargados de cumplir las obligaciones del Estado en materia de Derechos Humanos son también personas, tan cargadas de opiniones y sentimientos como el resto. Son, por supuesto, también personas con prejuicios y con la capacidad de interpretar las leyes y los tratados internacionales al antojo de la experiencia, la intuición y la subjetividad propias. Son personas religiosas con conceptos particulares de laicidad y sujetas a la influencia de los líderes de las doctrinas que practican. Esta apertura podría repercutir en estos entes, tomadores de decisiones. Podría impactar de manera positiva en las mentalidades de las y los gobernantes y abrir el paso, de manera indirecta, a un reconocimiento más amplio de los DSyR, así como de los derechos de la comunidad LGBTTTI.

No digo que ésta sería la consecuencia inminente, ni que, de serlo, tendría lugar de manera breve y nada dificultosa. Creo, sin embargo, que podría aportar un poco a las gestas que la ciudadanía realiza día con día. No es conveniente esperar que los cambios provengan de las cúpulas, pues siempre han provenido de los corazones de los pueblos. Pero todo intento de aportación es bien recibido. Un Papa proveniente de una región del planeta en el que, culturalmente, los Derechos Colectivos tienen un peso equiparable al de los derechos del los individuos y de la propiedad podría eventualmente cambiar algunas estructuras.

Para no cerrar tan festivo y derramando optimismo, debo decir que ante presuntas aperturas como la que está queriendo mostrar el Vaticano hay que preguntarse una y mil veces: ¿Por qué? ¿Para quién? ¿Con qué fines? ¿Será que esto desatará un intento por reconocer la dignidad de todas las personas? ¿O será que es ésta otra forma de validar otros tipos de consumidores únicamente por el dinero que son capaces de producir y despilfarrar?

@dave_lefer

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David Ledesma Feregrino

Escritor en formación. Editor en Homozapping. Formó parte de la XIV promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Escribe ajeno. La más señora de todas las putas.