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De vividores y el periodismo del chisme

Fundación

Spoiler alert: esto no es una defensa de la Fundación para las Letras Mexicanas.

Los escritores en México tenemos muy pocos asideros de identidad profesional. Para la sociedad en general, por ejemplo, es reprobable y hasta tierno que yo mismo me incluya en ese plural, siendo que mis publicaciones “serias” se reducen a unas cuantas revistas y un par de antologías. El escritor mexicano, para serlo, necesita una de dos cosas: libros publicados bajo un sello medianamente reconocido, o una beca. Dedicarle una vida al oficio es casi lo de menos.

Quizá por lo anterior, el “reportaje” publicado hace unos días por Proceso sobre las supuestas tranzas tras bambalinas en la Fundación para las Letras Mexicanas, en perjuicio de la pobrecita memoria de Octavio Paz, héroe nacional y su involuntario fundador, causó tanta indignación entre un sector del gremio. Es un golpe a la identidad.

Pero vamos en orden. Lo de Proceso está lejos de ser, ya no un reportaje digno, sino siquiera un reportaje. Carlos Acosta, su autor, se refiere a la fundación como la “caja chica” de unos “vividores”, entiéndase su presidente, Miguel Limón, y su director, el poeta Eduardo Langagne, así como una recua de becarios flojos que se renueva cada año, “según denuncias recogidas por Proceso”. Pues bien, según denuncias recogidas en mi materia gris, eso no basta.

En todo el texto no se refiere más fuente que no sean las acusaciones de Bernardo Martínez Baca, ex contralor de la extinta Fundación Octavio Paz, y un misterioso aunque “abultado expediente que revela el desorden que hay en la FLM”, pero que al autor no le pareció conveniente citar. Se nos cuenta, eso sí, la historia de la Fundación desde tiempos de Zedillo, y cómo, “inmerecidamente”, tuvo ahora el dudoso honor de recibir de manos de Emilio Azcárraga el archivo de los programas que Octavio Paz hizo para Televisa ―hemos de suponer que la única merecedora de una distinción semejante es la familia Krauze―.

El texto fracasa en términos periodísticos porque, al acabar de leerlo, uno no tiene motivos (salvo a priori) para creer que lo que dice es verdad. Nunca pasa de lo anecdótico, y nunca sabemos si la Fundación es lo que dice Acosta que es porque no nos da más prueba que el bisbiseo. La institucionalización del chisme.

El problema con este tipo de textos es que sacan lo peor de nosotros. Así como hubo quien creyó religiosamente en sus palabras ―para creer sólo hay que querer creer; las pruebas son lo de menos―, hubo quien las descartó como estrictas mentiras: “Total y absolutamente lamentable que Proceso publique notas tan falsas sobre la FLM, institución que admiro por su trabajo”, dice una mis contactos en Facebook. Seguimos esperando que nos pruebe la falsedad de la “nota” con un argumento más convincente que su admiración.

Para los defensores de todas las causas, el reportaje de Acosta es verdad indiscutible que se asoma discreta por la coladera; para los jóvenes escritores a los que se les tambalea el potencial sucedáneo de alma mater, una difamación vil basada en la maldad. Nadie habla de su manufactura engañosa. En realidad, no es nada. Ruido, chisme con diseño editorial, Proceso como el TvyNovelas de la cultura, coitus interruptus en la búsqueda de una verdad satisfactoria. Tiene de denuncia lo que Letras Libres de activismo anticanónico.

La única mentira que sí puedo denunciar, porque me consta, es la que se refiere a los becarios, a quienes llama indolentes, pues “sólo van cuando les toca cobrar la beca”. Conozco a suficientes ―quizá demasiados― de esos vividores (por lo demás una palabra muy bonita, en mi opinión), que también hacen de burros de noria acudiendo semana con semana a todos los talleres, tutorías, lecturas y demás actividades que la Fundación les impone para desquitar el sueldo. No es que importe mucho, pero algunos de ellos, además, son talentosos y talacheros ejemplares.

Si en la FLM hay trapos sucios que harían llorar al prócer Paz, qué mejor que se descubran. El amor y el odio no necesitan datos duros, pero el periodismo, tengo entendido, sí. De otra forma, con sus textos baratos de lavandera de televisión nos dejan a medios chiles, como un mal escritor con libros publicados.

@Ad_Chz

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada