De las aulas al plantón

Lejos de ser una masa anónima, los maestros que se oponen a la reforma educativa tienen nombre propio. ¿Por qué protestan y qué proponen?

Falta menos de una semana para el día del maestro y un grupo de docentes piensa celebrarlo con una manifestación. Cerca del diez por ciento del Zócalo de la capital fue ocupado por casas de campaña el día nueve, en un plantón convocado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) que desde diciembre emprendió acciones para manifestarse en contra de la reforma educativa.

En medio de las tiendas de campaña, Alfonso Vázquez pasa la tarde hojeando La Jornada sobre un improvisado escritorio de plástico. Desde hace dos semanas, se alejó de su puesto como maestro de matemáticas en una secundaria de Zamora, Michoacán para apoyar las manifestaciones del CNTE. “Los contenidos cada vez son más pobres, le quieren quitar 150 años de historia a los libros”, dice mientras cierra el índice y el pulgar simulando un libro que va perdiendo su grosor. “Ésos son los problemas que se deben ver primero. Esta no es una reforma para mejorar la educación, es una reforma laboral”.

En 2012, la educación en México se ubicaba en el lugar 100 de 144 países analizados en un Reporte Global de Competitividad encargado por la propia Secretaría de Educación Pública (SEP). Para un país que gasta un mayor porcentaje de su PIB en educación que Alemania y EEUU, la comparación es preocupante. La reforma educativa fue la primera promulgada por Enrique Peña Nieto el pasado 25 de febrero, y desde entonces –desde antes– las críticas no se han detenido.

La espina dorsal de la reforma es la evaluación de los maestros. Uno de los cambios que plantea es la creación del Servicio Profesional Docente, que tendrá la misión de procurar que los maestros tengan un buen desempeño y sean ascendidos con base en éste. A través de la creación de Sistema de Operación y Gestión Educativa se le quita poder al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) sobre los datos de los profesores y, además, la evaluación será obligatoria.

Pero, lejos de manifestarse en contra, el propio SNTE ha comenzado una campaña de apoyo a la Reforma.

“Te garantizamos que tu labor y tu empleo tendrán además actualización y capacitación” reza un anuncio de televisión.

De acuerdo con Juan Díaz de la Torre, actual dirigente del sindicato en una entrevista con Carmen Aristegui, la campaña es “intensa” y va dirigida a los estados donde el CNTE tiene mayor presencia: Oaxaca, Guerrero, Michoacán y Chiapas.

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“Nosotros no le tenemos miedo a la evaluación. Que se haga, pero con ayuda de la Secretaría de cada estado, porque no puedes esperar que exista un examen universal para evaluar a todos. No todos sabemos lo mismo”, comenta el maestro. “Si no pasas el examen, ni modo, te mandan a curso seis meses y lo vuelves a presentar. Y si sacas, por decir, 79 de 80 reactivos, vas para abajo y pasas de ser maestro a ser de la administración.”

Además, el profesor de matemáticas acusa a Elba Esther Gordillo, ex-dirigente del SNTE y fundadora de la Alianza por la Calidad de la Educación, de querer copiar modelos extranjeros de evaluación. “Quieren que los niños no reprueben los primeros años de primaria. Pero en las matemáticas tiene que haber un seguimiento, y si los alumnos reprueban, pues que repitan el año hasta que aprendan.”

Alexis, estudiante normalista de Michoacán, se unió al contingente hace 15 días. Con mecate en mano, intenta amarrar el extremo de una lona a una viga de madera, pero el viento se lo impide. Para él, la reforma está incompleta porque no contempla las necesidades particulares de las escuelas rurales. “El problema no es la evaluación, sino la estandarización”, comenta. Su meta es convertirse en maestro rural, y considera que hacer énfasis en la educación tecnológica y las clases de inglés van en contra de las tradiciones de cada pueblo, y a favor de “los intereses de los empresarios”.

Para Luis Hernández Navarro, uno de los fundadores del CNTE y coordinador de la sección de Opinión en La Jornada, el mayor problema de la reforma es que “la permanencia del empleo está en entredicho”. Como lo han criticado los maestros, las evaluaciones abren la puerta a ser despedidos si no se obtienen las calificaciones deseadas. Lo que resulta “vergonzante”, escribe, es que el sistema educativo adopte “la misma forma en que funcionan las operaciones de las empresas privadas.”

Su meta es convertirse en maestro rural, y considera que hacer énfasis en la educación tecnológica y las clases de inglés va en contra de las tradiciones de cada pueblo, y a favor de “los intereses de los empresarios”.

Detener “la privatización de la educación pública” es una de las consignas que aparece repetida en numerosos papeles colgados en las tiendas de campaña. Aunque las únicas aportaciones económicas que se mencionan en el documento son las del Congreso y no se hace ninguna mención a cuotas, los argumentos de la supuesta privatización se dan por dos motivos:

Primero, el documento detalla que  El Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) “será un organismo público autónomo, con personalidad jurídica y patrimonio propio”, lo que, de acuerdo con Hernández, lo vuelve un organismo privado a cargo del trabajo de los maestros.

Segundo, el tercer párrafo del artículo quinto artículo transitorio busca “Fortalecer la autonomía de gestión de las escuelas con el objetivo de  mejorar su infraestructura, comprar materiales educativos, resolver problemas de operación básicos (…)”. El Secretario de Educación, Emilio Chuayffet ha adelantado que la legislación secundaria de la reforma prohibirá las cuotas obligatorias para acabar con la ambigüedad. Aunque distintas dependencias del gobierno no se cansaron de negarlo, el argumento de la privatización aún es uno de los más socorridos por los manifestantes.

Ana Luisa es maestra de educación física en Oaxaca desde hace dos años y se unió al grupo de manifestantes hace una semana. Sentada sobre un cartón frente al Palacio Nacional, circula con un plumón morado las palabras que encuentra en una sopa de letras. Ya casi termina todas las de la revista. Aunque prefiere no ahondar en el tema, no oculta que sus supervisores reclutaron a los maestros de su escuela para quedarse en la plancha del Zócalo. “Vengo en representación de los demás maestros, pero vengo por convicción”, comenta. “La reforma va a acabar con todo lo que hemos construido. Nosotros ya tenemos nuestra solución, y son los ‘Programas Alternativos’”.

“Esa sí es educación de calidad” comenta Alfonso, que también defiende fervientemente estos programas. “En Michoacán tenemos escuelas integrales, que son escuelas donde los alumnos van de 7:30 a 4:00; pero tienen un horario normal y por la tarde van a talleres de serigrafía, cocina, aprenden a hacer pasta de dientes, gel… ahí los niños comen y desayunan, pero el gobierno dice que no quieren hacerlas, que es muy caro”.

El Comité Ejecutivo Nacional Democrático (CEND) del SNTE ha sido, desde su creación en 2010, opositores al liderazgo de Elba Esther Gordillo. Aunque celebraron su detención en un boletín de prensa, advertían: “tengamos cuidado, porque la batalla en contra de la reforma educativa regresiva nos implica una firmeza mayor”.  El CEND ha patrocinado en tres fases del Congreso Nacional Popular de Educación, Ciencia, Arte, Cultura e Investigación, el programa alternativo al que se refieren Luisa y Alfonso.

En 88 páginas, el documento que detalla el Plan Nacional Alternativo de Educación y Cultura va de conceptos tan imprecisos como el “compromiso ético” de “aprender a ser pueblo” hasta la definición de un plan de una estructura curricular de estudios y la desaparición de las pruebas Ceneval y Enlace. El documento propone una evaluación que vaya “de lo cuantitativo a lo cualitativo” y  que el alumno no debería tener miedo a enfrentarse a una “escala tan borrosa como son las calificaciones.”, lo que choca con la visión de Alfonso de reprobar a quienes no aprendan. Además, el plan propone una “fuerte articulación de la educación pública con investigación científica y aplicación tecnológica de frontera”, justo como teme Alexis.

Luis Raúl Cruz es profesor de educación básica en la escuela José María Morelos en Apatzingán, Michoacán. A diferencia de algunos de sus compañeros, Luis no está seguro de qué cambios sean necesarios para transformar la educación. Lo que sí le molesta, dice, es que la decisión se haya hecho “sin tomar en cuenta a los maestros”, y promete quedarse en el Zócalo hasta que sus compañeros sean escuchados. Mientras, los alumnos de tercero de la escuela primaria José María Morelos pasarán otro fin de semana sin preocuparse por tareas. El lunes tampoco habrá clases. Iconofinaltexto copy

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Gael Montiel

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