Cuatro perros salvajes

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De la misma camada, hermanados por la misma sangre, podemos considerar a cuatro libros: El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger; La campana de cristal, de Sylvia Plath; Tokio Blues. Norwegian Wood, de Haruki Murakami y Las vírgenes suicidas, de Jeffrey Eugenides. Cuatro libros que aparecieron en este mundo para cambiar vidas de manera irreversible.

Los cuatro libros tienen tonos en común, historias distintas pero con ecos similares y la misma fuerza; sin embargo, a cada individuo le afectarán de manera diferente; después de todo, cada persona es un “tipo de tierra” distinto, así que cada libro llegará a diversas profundidades en uno y en otro y germinará de forma diferente.

Estos cuatro libros pueden simplemente leerse pero, aquellos que los entiendan realmente, los vivirán. Pareciera que están escritos en un código que no puede enseñarse; resulta imposible hacer una tabla de significados que descifren el auténtico contenido de estos libros, es necesaria la conjunción adecuada en el alma para que estas historias le resulten al lector, no escritas en clave, sino en su propio lenguaje, el lenguaje que ya tiene cifrado en su interior.

Los jóvenes que son vacíos por completo o que se empeñan en conseguirse un relleno mediocre, las sonrisas permanentes, los corazones incansablemente optimistas, las mentes cortas, los ojos siempre a ras de suelo siendo el suelo lo más simple y banal de nuestro mundo, quienes reúnan todo esto deben abstenerse. Los corazones marchitados, los ojos que ven el mundo y le descubren lo incomprensible, los que dirigen sus pasos por los caminos que resultan interiormente los más complejos, las mentes que no se detienen ni por un momento, que aprenden muy pronto lo desolador que puede resultar todo, los jóvenes que albergan almas envejecidas y que, por tanto, viven en un mundo que es físicamente el habitado por todo mundo pero que, en realidad, es uno radicalmente distinto: todos ellos bienvenidos. Aquellos quienes sienten que están recorriendo calles nocturnas o madrugales, deshebrando mentalmente la vida,  que sienten que todo mundo insiste en mantenerlos confinados a un sanatorio mental bajo el único cargo de reconocer al mundo como es y angustiarse por eso, manteniéndose en la incertidumbre total sobre si algún día se les permitirá salir o no, aquellos que entraron a ese sanatorio buscando originalmente a alguien más, a un fantasma que terminó transformándolos a ellos mismos en fantasmas, en presencias vaporosas y grises como un día nublado, aquellos más bien confinados dentro de una casa, consumidos lentamente por su mente, por la locura melancólica, que se comunican con el mundo exterior únicamente por medio de canciones y que al final, felizmente, podrían lograr escapar. Quizá a Florida, ¿por qué no? Aquellos que saben lo eterno que puede ser la obsesión por una canción, una mirada, una fugaz imagen o un brevísimo momento, aquellos que saben lo indescifrable que pueden resultar algunas personas, sólo algunas, muy escasas y que, por tanto, son lo único valioso que puede encontrarse en la vida. Recordemos que Hemingway dijo “’La felicidad en la gente inteligente es la cosa más rara que he visto”.

Estos cuatro libros son cuatro perros salvajes de la misma camada, perros que escarban muy dentro de uno, arrancan un voluminoso pedazo con una voraz tarascada y luego se instalan a vivir ahí para siempre, en ese hueco que abrieron y que ahora llenan, totalmente fusionados a uno mismo.

 

En esta oscuridad habrá luz. ¿Nos ayudarán?

–Lux Lisbon

 

No tengo nada importante que decirte, pero quería verte la cara y acostumbrarme a ti.

Si no lo hago así, después no me sentiré cómoda. Soy muy torpe con la gente.

–Naoko.

 

En Japón entendían las cosas del espíritu.

Cuando algo les salía mal se arrancaban las  entrañas.

–Esther Greenwood

 

Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de ésas.

–Holden Caulfield

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Ilustración del autor.

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.