Crimson Peak

Crimson Peak color

Crimson Peak y Pacific Rim son las dos películas más de género que ha hecho Guillermo del Toro hasta la fecha; este atributo no es ni bueno ni malo por sí mismo, pero sin duda ayuda a explicar la forma en que polarizan opiniones.

Crimson Peak, además, podría considerarse como la tercera entrega en una especie de trilogía que se completaría con El espinazo del diablo y El laberinto del fauno, sólo que, de estas tres, Crimson Peak es en la que el director se contiene más al momento de meter mano en la estructura; es decir, mientras que El espinazo… y El laberinto… son películas profundamente personales (completamente cine de autor), Crimson… es más bien la obra/homenaje de un enamorado; desde luego pueden encontrarse todos los elementos característicos de Del Toro, pero el autor procura mantener firmes las riendas de su toque más personal adrede, se esmera en respetar los elementos preestablecidos de determinadas escuelas e incluso de encajar en el molde que le interesa para el caso. El resultado es una trama que sigue las pautas ultra clásicas del romance gótico, tropos ya conocidísimos y que para la audiencia moderna resultan más que familiares. Del Toro cuenta una historia vieja, clásica, y aunque resulta interesante ver una historia de ese tipo contada con los recursos actuales, el riesgo de esta decisión era aceptar que el público no iba a sorprenderse por ningún giro en la trama. Tomando esto en cuenta, me parece que la película, en muchos casos, ha sido malinterpretada en dos puntos básicos.

En primer lugar, no se trata de una película de horror; el mismo director lo había mencionado desde antes, pero la cinta fue erróneamente publicitada en los medios y eso siempre es un factor que afecta negativamente en la opinión del público. Los fantasmas en la película no son más que elementos estéticos, ni siquiera simbólicos, como la protagonista califica a los fantasmas de su propio libro, porque no es que sean alegorías de nada: son simplemente una consecuencia, un eco de las cosas que ocurrieron en la vieja casa ―con mención aparte para el fantasma materno que inicia Shakesperianamente la cinta. De modo que el terror no es, ni de lejos, la prioridad de la película, tampoco lo es contar una historia original; se enfoca, más bien, en el ambiente, que es precisamente donde reside la esencia del relato gótico, y este es el segundo punto al que me refería antes: entender dónde están las prioridades y cuál es el propósito de la película.

Para crear ese ambiente en el que tanto se esmeraban los escritores del género hace años, Guillermo del Toro utiliza una estética visual mucho más impresionante y hermosa que muchas prosas. El estilo visual se balancea exitosamente entre la estética de las pinturas más bellas y el comic más sublime. Los colores, la composición, la iluminación, Del Toro desiste de ser un escritor más ambicioso para convertirse en un excelso pintor de murales y miniaturas.

El aspecto visual, tan bellamente rebuscado, se complementa con las actuaciones del trío principal de personajes, especialmente con los hermanos Sharp, papeles en los que Tom Hiddleston y Jessica Chastain nos recuerdan que ambos cuentan con una formación y carrera teatrales desde años antes de iniciarse en el cine; esa escuela de actuación, tan oscura, tan dramáticamente exagerada, vienen a completar el resultado final que busca Del Toro: una deliciosa carta de amor a algunos de los libros y películas que más influyeron en él como creador. Sin embargo, la reacción del público es la de esperarse cuando una íntima carta de amor se hace pública: algunos comprenden y la celebran, otros se sienten identificados, otro se mantienen indiferentes y otros piensan que es un sinsentido; todas estas serán opiniones subjetivas, es imposible imponer un juicio objetivo sobre una obra que implica algo tan personal; y digo personal no porque sea una obra muy de Del Toro como creador, sino porque despliega buena parte de todo aquello que lo hizo convertirse en el autor que es ahora.

Atractivas mujeres jóvenes en camisón, iluminándose el camino con velas a lo largo de pasillos embrujados; oscuras historias familiares, intencionalmente rebuscadas; un atractivo hombre misterioso que no es lo que aparenta a primera vista; sentimientos prosopopéyicos, a veces decadentes y a veces redentores; dos fuerzas femeninas enfrentadas in extremis; la incorporación de “grandes adelantos tecnológicos” para la época (como la máquina que busca financiar el Baronet Sharp, las grabaciones en cera, etc.); una casa oscura alguna vez gloriosa y ahora en ruinas que, al mejor estilo de La caída de la casa Usher, presenta una doble interpretación; un erotismo retorcido por sus distintas implicaciones psicológicas y, por supuesto, fantasmas que no tienen otro propósito que estar ahí y, con su mera presencia como algo genuino, como una certeza, darnos a entender que nos encontramos ante una visión del mundo, ante una realidad mucho más oscura y misteriosa que aquella a la que estamos acostumbrados.

También es posible encontrar múltiples autoreferencias dentro de la cinta; desde un cuarto de baño con tina calcados directamente de El laberinto del fauno hasta la reutilización del diseño fantasmagórico de El espinazo del diablo (me parece notable el significado que tiene, tras bambalinas, utilizar una referencia tan directa a una de las primeras cintas de Del Toro pero ahora dentro de una película que el mismo director hace desde donde se encuentra actualmente: bien plantado en la cima, en el mundo donde siempre soñó estar. Se completa, así, un ciclo).

Crimson Peak es una historia como aquellas que fueron imprescindibles para la evolución de la narrativa, como aquellas historias que ya no se escriben ni se filman en nuestros días. No puede decirse que se trate de un romance gótico actualizado ―más allá de los recursos tecnológicos tras su realización―, de ningún modo es, tampoco, una reinvención, sino que se trata, más bien, de un melancólico homenaje que debe mirarse con el mismo amor con que fue concebido. Es una película para verse, desde la primera vez, dispuestos a entregarnos al gusto de revisitar, se trata de una relectura a todo un universo preestablecido y consagrado dentro del arte, que los cófrades del género ya nos sabemos de memoria, para bien. Después de todo, como decía Borges, la única lectura real es la relectura.

Crimson Peak no es la obra maestra de Del Toro, no es una de sus piezas profundamente de autor, pero sin ninguna duda es un trozo bello, importante y valioso de su corazón. Iconofinaltexto-copy

Ilustración del autor.

¿Y tú qué opinas?
The following two tabs change content below.
Avatar

Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.