fbpx

Carta a los productores de Presunto Culpable

México, a 6 de noviembre de 2013

Estimados Roberto y Layda:

Les mando un saludo desde el aula en donde me encuentro. Les habla un estudiante creyente de la libertad y enemigo de la censura. A mis 21 años he podido ver que en México existe y se cultiva más el callado de boca,  la sombra inexistente que lo sigue a uno y las mentiras, que todo intento por hacer luz lo inimaginable. Desde que los mexicanos matan y queman mexicanos en Michoacán, hasta que en nuestra ciudad de México cada día hay más policías, y no precisamente para cuidarnos. Policías grises y veloces como los que aparecen en el documental y que tienen la lengua escondida para los valores y crecida para los engaños. Aquellos que son el tránsito y el sendero entre los barrotes y la calle. Como se pudo observar en el archivo, las palabras continúan teniendo más fuerza y ser oficiales si tienes un traje de luto y la facultad para decidir la libertad de una persona. El caso de Toño es el que sufren miles de mexicanos inermes a la confusión y a la potencia arbitraria, hacer de un cuerpo otro ser: hacer de un cuerpo, un criminal.

Es claro que nuestro sistema judicial lo dirigen camellos en la nieve, las simulaciones de presunta libertad es la masticada de todos los días, lo más lamentable de todo es que nuestros jueces y gobernantes piensan que les creemos. Hay gente que sí y las respeto; hay gente que nos obliga a creer en eso y me dan mucho miedo – así como el que le tengo a todo policía de la ciudad- pues no es gratuito, en este país, el intentar ser libre. Hay otros que simplemente no voltean a ver la realidad, y quiero aclarar que la realidad no la defino yo ni usted ni Toño ni la policía ni Mancera ni el carterista ni el vagonero ni Messi; si hay algo que pueda definir la realidad, eso se llama tiempo. Y el tiempo nos ha enseñado que para poder ser libres hay que ser prisioneros de uno mismo primero, y eso mis estimados abogados, eso cuesta mucho riesgo y mucho trabajo. Ustedes lo saben. Toño es un ejemplo iluminado de que el conocimiento de uno mismo nos lleva o a hacer lo que más nos gusta o respirar los sueños fríos de una cárcel; ustedes nos demostraron a los mexicanos lo que sabíamos a pedazos; el tiempo nos mostró a todos una libertad imaginaria.

Y ahora lo que afirma más esto que les escribo muy apenado, es este suceso de venganza -porque sí lo es, buen Roberto- en contra ya no de ustedes o del mismo Toño: sino de cualquier intento de demostrarle al otro que nos está engañando. Venganza porque exhibir es desnudar los actos, como en el periodismo que todos esperan e ignoran; venganza porque se sintieron “dañados moralmente” porque a donde van la gente ya los reconoce por su salvaje impaciencia de justicia apenas pensada; venganza porque no soportaron verse a sí mismos haciendo por lo que les pagan. ¿Qué sentirán estas personas al verse inundados de falacias e ignominia? ¿Sabrán acaso el daño a la libertad que provocan? Nos podrán engañar a nosotros o a ellos mismos, cosa que hacen a diario, pero al tiempo no lo engaña ni Dios, si es que anda por ahí.

P.D.: Espero que todo salga bien, y que esos 3 mil millones que están buscando los exhibidos nunca existan. Lo que sí existe es una desnudez muy peligrosa hacia los que anhelamos un instante de búsqueda de libertad (como ustedes), apenas un respiro en este salvajismo de universalidades.

Una disculpa y un agradecimiento por ese trabajo que hicieron. Saludos a Toño si algún día leen estas ilusiones. En verdad, la culpa es de los engaños, no de la mirada.

Atte: Carlos Atzin, estudiante de Comunicación Social.

Twitter: @yosoyatzin

¿Y tú qué opinas?
The following two tabs change content below.
Avatar

Carlos Atzin

(Toluca, 1991) Estudió Comunicación Social en la Universidad de la Comunicación. Escribe crónica y entrevista, y fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de poesía (2014-2015).
Avatar

Artículos recientes por Carlos Atzin (see all)