Captain America: Civil War

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Me parece que lo más prudente es comenzar por lo obvio: la película Captain America: Civil War no es de ninguna manera una adaptación de la mítica historia que transcurrió en los comics hace algunos años y que se tituló Civil War. Esto, en realidad, no me parece malo en absoluto; después de todo, la totalidad del MCU (Marvel Cinematic Universe) ha modificado en mayor o menor medida los personajes y las historias a partir de los comics, porque los cambios al pasarlos de un medio a otro son inevitables y completamente necesarios. Captain America: Civil War funciona perfectamente para el MCU como su propia historia de conflicto interno entre superhéroes.

Es admirable el camino que ha recorrido Marvel a partir de la primera cinta de Ironman (arranque formal de su ambicioso proyecto de Universo Cinematográfico, ambicioso como no habíamos visto antes en el cine), ha sido esa evolución, esa acumulación de antecedentes lo que hace posible que funcione tan bien una película como esta. Marvel puede darse el lujo de introducir, aparentemente de la nada (para el espectador promedio, alejado de los comics) elementos, personajes nuevos, de manera fluida y completamente natural; estamos en un punto en que el espectador puede aceptar, por ejemplo, la existencia de un país completamente nuevo, hasta ahora secreto, sin que eso resulte incoherente con todo lo que hemos visto hasta ahora. Quizá lo único que causa momentáneo desconcierto en el ritmo de la historia es el factor de las Carter, pero se entiende que está en la cinta con el único motivo de unir esta cinta a Captain America: The Winter Soldier y a las series televisivas Agents os S.H.I.E.L.D. y Agent Carter.

Buena parte de la calidad de esta película se debe a la adición al MCU de los hermanos Russo, directores de la excelente Captain America: The Winter Soldier (una de las mejores cintas de Marvel hasta el momento y la más “seria”). Los directores demostraron con The Winter Soldier que el cine de superhéroes no tiene por qué ser solamente el espectáculo superficial que le atribuyen muchos críticos: puede ser mucho más, sin perder tampoco lo explosivo. Con Captain America: Civil War, los hermanos Russo se desatan por completo, y consiguen un equilibrio sorprendente entre pausas necesarias y bien medidas, instantes breves pero cargados de significado, un buen sentido del humor que nunca se vuelve excesivo, secuencias de acción excelentes y, también, momentos genuinamente viscerales e incluso oscuros por su trasfondo. Todo narrado a través de una dirección limpia, fluida, que se esmera en lo visual pero recuerda que son otras cosas las que consiguen la empatía del espectador.

En realidad, hay varios elementos que vuelven esta cinta tan cercana al público. No hay un solo conflicto, para empezar, sino que, como de hecho sucede en la vida, hay una cadena de problemas que se acumulan, que van desde problemas personales como una relación amorosa en la cuerda floja, hasta situaciones tan graves como ataques terroristas; ambas cosas podemos sentirlas, como público, abrumadoramente reales y cercanas, y eso es vital para que nos importe lo que pase a continuación en pantalla. A eso sumamos conflictos específicos que hacen avanzar la trama y, además, un detalle que me parece interesante y que sin duda define buena parte del éxito de esta película en particular (que ha sido general, entre público y crítica): esto es, que lo que siempre ha sido una “pata floja” en las películas del MCU han sido los villanos (con la única y gloriosa excepción de Loki), ninguno ha tenido el suficiente peso como personaje, ni con su aspecto ni con su actuación. En Captain America: Civil War el villano es, además de lejano a su versión de comic, una parte pequeña y sutil del conflicto (y tampoco imprescindible, porque llega a un escenario en el que ya existen varias fricciones), por lo tanto el rol de “villano” varía, en realidad, dependiendo de quién ve la cinta: para el espectador que apoya a Ironman los villanos son el Capitán y quienes están de su lado, mientras que para los espectadores que apoyan al Capitán América los villanos son Ironman y quienes estén de su lado (quizá esta sea la mayor diferencia, incluso más que la cantidad de personajes involucrados, que tiene la cinta con el comic homónimo: en el comic el lector tiene múltiples momentos de debate interno, porque ambas partes del conflicto tienen puntos que apoyar y puntos que refutar, en la película es mucho más difícil que el espectador que eligió bando termine de empatizar por completo con el lado opuesto. Pienso que esto se debe a que en el comic todo es una tormenta de debates éticos y, en la cinta, se convierte en un enfrentamiento más bien visceral, que no por eso con menos fuerza).

Radicalmente opuesto a lo que ocurre con sus villanos, el MCU se ha esmerado muchísimo con la representación en pantalla de sus superhéroes (con la debatible excepción de Hawkeye), todos con un casting y caracterización muy atinados, personajes bien escritos y que se han mantenido coherentes consigo mismos, independientemente del número de películas que ha tenido cada uno para vivir sus propios arcos. La personalidad de estos actores, cómodos y naturales en sus personajes (desde el veterano Tony Stark hasta Black Panther) son vitales para contribuir al delicado balance que consigue, exitosamente, esta película, pues nos encontramos ante una multitud de personajes de los que ninguno queda opacado ni hecho a menos, todos tienen sus momentos concretos y todos cumplen una función real en la historia. Que el enfrentamiento en pantalla sea, como decía antes, no específicamente contra un villano sino entre estos personajes bien trabajados, que nos importan, a los que queremos, hace que el conflicto nos importe a un nivel que no se queda en lo superficial. Mención honorífica, por cierto, al excelente Spiderman de Tom Holland, de quien me había mantenido profundamente escéptico hasta que, en la película, me encontré con el arácnido más carismático de la historia del cine (más allá del valor nostálgico de Tobey y la fuerza emocional de Andrew). Mención ultra honorífica, también, para su tía.

Las películas de superhéroes seguirán estando en cartelera todavía durante muchos años, eso es completamente seguro. Captain America: Civil War nos tranquiliza demostrando que es un género que puede seguir sorprendiéndonos y emocionándonos aun cuando creemos que ya lo hemos visto todo.

Quisiera cerrar este comentario añadiendo otro, a propósito de Batman v Superman: Dawn of Justice. Me encuentro completamente a favor de bromear sobre cualquiera de las dos películas, y aunque puedo enumerar cosas que no me gustaron de la película de Snyder no tengo absolutamente ningún empacho en decir que disfruté, muchísimo, ambas cintas; me desconcierta sinceramente el odio radical que hay entre fanboys de una película y otra, fans extremistas de una de estas películas destrozando enfurecidamente a la otra. Creo que ambas son altamente disfrutables, por distintos motivos; ambas tienen no pocos méritos (y, en todo caso, Marvel tampoco está libre de pecado en el largo trayecto que ha recorrido su MCU) e incluso similitudes. ¿Por qué no, mejor, siendo fans de los comics, de los superhéroes, no podemos mejor sentirnos profundamente contentos de que actualmente podemos disfrutar de recreaciones bien hechas, bien producidas, de aquellos personajes a los que hemos disfrutado leer durante tanto tiempo? Es una época grandiosa para ser fan del comic de superhéroes, disfrutémoslo, pues, sin destrozarnos entre nosotros. Iconofinaltexto-copy

Ilustración del autor.

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Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.