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Breve compendio de composición mexicana, por Wilfrido Terrazas

El flautista, compositor, intérprete  y miembro del ensamble LIMINAR nos comparte cuatro obras importantes en su carrera.

El espacio que le conceden ciertos recintos a la composición mexicana contemporánea la ha llevado a una mayor audiencia y, con ello, a repercutir en la vida cultural del país y a abrir puertas nunca antes exploradas, atrayendo a otros creadores que desarrollan sus trabajos en ámbitos que tiran hacia otras artes, como las visuales, las escénicas, la arquitectura, la poesía, la filosofía, la ciencia, la ingeniería y las matemáticas.

Programas como los del INDEXMUAC del Museo de Arte Contemporáneo de la UNAM, los del Claustro de Sor Juana y algunas iniciativas como las de Fonoteca Nacional o el Centro de Cultura Digital, y Festivales como el Festival de México en el Centro Histórico, han impulsado en gran medida la música contemporánea en nuestro país, si bien falta mucho más ―programas culturales de peso, espacios abiertos a este tipo de manifestaciones artísticas, gestores culturales interesados, fondos para la producción musical, músicos que decidan emprender un camino más allá del dogmatismo de las costumbres musicales, contenido mucho más arriesgado en las propuestas y, sobre todo, discursos coyunturales; hacer llegar a las clases políticas el interés que se tiene por disfrutar de una vida cultural plena (un derecho presente en los puntos DESCA de la Organización de las Naciones Unidas)―.

Las instituciones culturales parecen cada día más interesadas por las propuestas de diversos artistas y difusores, y por reivindicar el papel del músico mexicano capaz de tomar las riendas de su propio proceso creativo, de transformar la realidad de la cual toma inspiración, e incidir así en la percepción que tenemos de ella. Si bien este ha sido un trabajo que se ha venido desarrollando a lo largo de tres décadas con personalidades como Mario Stern, Julio Estrada, Roberto Morales Manzanares, Ignacio Baca Lobera, Alejandro Escuer, Hebert Vázquez, Leticia Cuen, y María Granillo, es a su vez un esfuerzo por descolonializar y por cuestionar el dogmatismo de la academia, hundida en la vanagloria de un anacrónico occidentalismo.

Dentro de la serie de entrevistas a artistas mexicanos, el flautista, compositor, intérprete y miembro del ensamble Liminar ―uno de los más importantes y originales de música contemporánea en México―, Wilfrido Terrazas, nos comparte cuatro obras fundamentales en su carrera y, según su opinión, relevantes para la música contemporánea nacional.

1. Hiram Navarrete, “Nexpa” (2006)

“Hiram escribió esta obra para mí en 2006 y la estrené a principios de 2007 en Ensenada. La he tocado muchas veces desde entonces. La obra es una versión para flauta de una pieza para clarinete, que se llama ‘Mazunte’. Es una de las ‘piezas-proceso’ de Hiram. Consiste en realizar un largo glissando ascendente, abarcando todo el registro de la flauta. En las versiones más recientes, me ha tomado veintiún, veintidós minutos tocarla completa.”

2. Mauricio Rodríguez, pieza innombrable (el título es una página negra), 2006

“Ésta es una pieza para cabeza de flauta amplificada, que yo toco en el cabeza de la flauta alto. La estrené en 2007 en Nueva York y desde entonces la he tocado varias veces. En 2011 hicimos una versión más apegada a lo imaginado por el compositor, al estar yo acostado sobre mi costado izquierdo en el escenario; esto fue en un festival que se llamó Paleophonics en Edimburgo, Escocia. Mi versión dura algo así como seis minutos.”

3. Samuel Cedillo, “Monólogo II, Injertos de oscuridad” (2006-08)

“Es una obra que he tocado muchas veces. La estrené en 2009 en Guadalajara. Está escrita para flauta bajo amplificada. El año pasado salió un cedé con las obras solistas del ciclo Monólogos de Samuel, en el que está incluida la grabación de esta pieza, hecha por mí. Es una pieza centrada sobre todo en crear ansiedad a través del control de la respiración. Es una pieza particularmente intensa y que requiere de mucha resistencia por parte del intérprete.”

4. Ignacio Baca Lobera, “Tempi III”, 2002-03

“Es una pieza para flauta en vivo y tres flautas pregrabadas. La estrené en Puebla en 2003 y desde entonces la he tocado muchas veces. Yo grabé las tres flautas que confirman la ‘cinta’ o parte electrónica. Es una pieza sorprendente, de un equilibrio casi de filigrana. Fue la primera pieza de Baca Lobera que estrené, y le tengo particular cariño.” La Hoja de Arena

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