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Bluets, vi

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198. En una entrevista de 1994, treinta años después de haber escrito “Famous Blue Raincoat”, Cohen admitió que no recordaba los detalles del triángulo amoroso que la canción describe. “Siempre sentía que había un hombre invisible seduciendo a la mujer con la que estaba, pero no recuerdo si era un hombre encarnado o uno imaginario”. Éste es un olvido bastante alentador y bastante trágico.

199. Porque desear olvidar cuánto amaste a alguien – y luego, de hecho, olvidarlo – puede a veces sentirse como el sacrificio de un pájaro hermoso que escogió, por nada menos que gracia, hacer de tu corazón su casa. He escuchado que este dolor puede transformarse aceptando “la evanescencia fundamental de todas las cosas”. Esta aceptación me desconcierta: a veces parece un acto de voluntad; a veces, de rendición. A menudo siento que estoy en un vaivén entre los dos (mareo).

200. “Nadie se moja dos veces en el mismo río” – un himno alentador, sin duda. Pero en realidad ésta es solo una versión del fragmento de Heráclito, al que justamente apodaban “el enigma” o “el oscuro”. Otras versiones: “en aquellos entrando a ríos quedándose iguales otras y otras aguas fluyen”; “entramos y no entramos en el mismo río; somos y no somos”; “no puedes mojarte dos veces en el mismo río, porque otras aguas y luego otras fluyen en él”. Parece que algo está permaneciendo igual aquí, ¿pero qué?

201. Creo en la posibilidad – la inevitabilidad, incluso – de un ser nuevo entrando a aguas siempre nuevas, como en la versión: “ningún hombre se moja dos veces en el mismo río, porque el río no es el mismo y el hombre no es el mismo”. Pero también siento que algo en el fragmento de Heráclito da lugar a la posibilidad de un ratón metiéndole el hocico una y otra vez a un pedazo de queso electrificado en una especie de estática eterna.

204. Últimamente he estado intentando aprender algo sobre “la evanescencia fundamental de todas las cosas” a través de la colección de amuletos azules que tengo en una repisa de mi casa que está, durante al menos la mitad del día, empapada de sol. Esta colocación es intencional – me gusta ver el sol pasar por el vidrio azul, la botella de tinta azul, las piedras azules translúcidas. Pero claramente la luz está destruyendo algunos objetos, o al menos deslavando su color azul. Diario pienso en mover las piezas más delicadas a un lugar fresco y seco, pero la verdad es que tengo poco o ningún sentido de protección. Por flojera, curiosidad o crueldad – si es que se puede ser cruel con los objetos – he entregado las piezas a su destrucción.

212. Si estuviera hoy en mi lecho de muerte, nombraría a mi amor por el color azul y a hacer el amor contigo como dos de las sensaciones más dulces que conocí en esta tierra.

213. ¿Pero estás segura – se podría preguntar – que fue dulce?

214. No, no realmente, o no siempre. Aplicando una regla de honestidad brutal, tal vez ni siquiera con frecuencia.

(Maggie Nelson, traducción  mía)

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Isabel Zapata

Nació en la Ciudad de México en 1984. Estudió la licenciatura en Ciencia Política en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y la maestría en Filosofía en la New School for Social Research. Es poeta, traductora, editora y antílope.
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