Arrullos para Benjamín, confort para enfrentar el abandono

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Benjamín lo persigue el abandono, como a casi todos sus espectadores. Si no somos conscientes de la vida, ¿cómo vamos a serlo de la muerte y la partida? Arrullos para Benjamín es una obra que va sobre la pérdida irremediable, sobre la melancolía de extrañar eternamente lo que nunca se ha tenido. La fraternidad y las redes solidarias ayudarán al personaje a salir a flote, en ese lago inmenso junto al que vive, aunque sea sólo por un instante.

Se trata de una obra para niños que hay que presentar, no sólo a nuestros hermanos, sino también a nuestros infantes internos. Con un lenguaje sencillo, tierno, con las palabras justas, Arrullos para Benjamín acerca al público novel a la poesía que se esconde en el teatro. Su autor, Hasam Díaz, apuesta por un público de alrededor de nueve años, que a esa edad ya sabe bastante de extrañar y querer estar con alguien para siempre.

El padre de Benjamín se marchó como en el Solsticio de Verano, en Nueva York, de Sharon Olds. Guiado quizás por otra voz y sin que nadie tuviera la capacidad de detenerlo. Igual Benjamín, aunque sea a ratos, tendrá la capacidad de ser empático con sus razones y en este aspecto será más grande que su hermano y que su madre. Porque el abandono, cuando se es niño, a veces es así: una ausencia creada que no resultaría dolorosa si nadie nos dijera que tiene que serlo. A Benjamín le sembraron el vacío. Su hermano y su madre lo causaron, transmitiéndole la tristeza que sólo a ellos les correspondía enfrentar. Una coincidencia, entre su fecha de nacimiento y el día de la partida de su padre, provoca que Benjamín crezca con la culpa depositada en los pulmones.

Benjamín se mueve gracias a la interpretación de Christian Cortés, mientras que su hermano, catalizador y guía en el proceso de introspección, tiene vida en Abraham Jurado. Hay una intención muy clara en el hecho de que Benjamín sea encarnado por ese cuerpo fuerte. Durante la obra, el espectador adulto adquiere la sensación de estar mirando hacia el recuerdo, a través de los ojos de un niño que ahora es grande pero que, bien mirado, nunca dejará de ser el mismo. La sensación es paradójica, puesto que Benjamín, imposibilitado por su autor, nunca va a alcanzar el estadio prometido. El resultado es algo muy íntimo, una sucesión de eventos en los que el personaje se va quitando la armadura para presentarse transparente ante su público.

Benjamín está ahí para recordarnos que siempre seremos esas personas que andaban como les daba a entender el Universo, con apenas diez años de vida en las espaldas. “No importa qué edad tengas”, parece que nos dice, “siempre, en esencia, vas a ser el mismo”. Con las mismas reacciones básicas ante los mismos estímulos, con los vacíos de siempre y los huecos de la infancia mal rellenados. La obra tiene la profundidad precisa para los hombres y mujeres en formación a los que se dirige. Para los otros, tiene la dosis suficiente de nostalgia y heridas que sanan en retrospectiva.

Arrullos para Benjamín se presenta los sábados y domingos a las 13:00 horas en la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque. Tienen hasta el 3 de mayo para llevar a sus niños interiores a encontrarse en Benjamín. Iconofinaltexto copy

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David Ledesma Feregrino

Escritor en formación. Editor en Homozapping. Formó parte de la XIV promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Escribe ajeno. La más señora de todas las putas.