Apuntes sobre ‘vinistes’ y su corazoncito

vinistes

Te dije “nena, dame un beso”. /  Tú contestastes que no.

–Ana Torroja, “La fuerza del destino”

 

Los hispanohablantes tenemos, en un rincón de nuestro código genético, la correcta cara de fuchi para cada vez que alguien dice vinistes, estuvistes, hicistes, o cualquier verbo conjugado en la segunda persona del singular, en el pasado del indicativo, al cual se le agregue una ese final. De inmediato le retiramos nuestro respeto y si no procedemos legalmente es sólo porque la falta no se ha elevado a rango constitucional.

La clase media de la lengua, con su comprobada carencia de empatía, ha replegado la conjugación marginal a los leprosarios del arcaísmo y el desprestigio lingüístico. Pero los monstruos léxicos también tienen su corazoncito o, al menos, una razón de ser:

En español, el resto de las conjugaciones en segunda persona llevan una ese al final: vienes, vendrás, venías, vendrías, etc. En latín no la había (oíste, por ejemplo, era audivisti), pero conforme el castellano evolucionó fue encariñándose con ella, según nos cuentan los filólogos. Después alguien se la quitó para evitar confusiones entre el singular y el plural (tú amastesvosotros amastes –que después fue amasteis–) y  finalmente se decidió dejar mocha la conjugación por una nostalgia etimológica que le hace más favores al latín que al español.

Viniste, desprovista de su ese a diferencia de todas sus primas, es en realidad la apestada original. Quienes se la devuelven, aunque lo ignoran, no hacen sino resistir una intervención en el desarrollo lógico de la lengua.

“Se oye mal, pero descansa el animal”, reza la vieja excusa referente a ciertos tipos de gases. Pues bien, el idioma español es una bestia ancestral, con necesidades fisiológicas, cuyo sistema reclama cuando detecta una inconsistencia; sabe que la ese final en viniste nunca será considerada elegante –tampoco espera que lo sea–, pero pide comprensión (dice que ustedes también van al baño), y les recomienda no hacer cara de fuchi, o se van a arrugar.

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Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Ha sido becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de novela y es editor de La Hoja de Arena. Alterna la literatura y la traducción con la docencia. Twitter: @nochaveznada