Amar, odiar, comer

Nuestras relaciones con los animales están llenas de incongruencias, casi tanto como lo están los vínculos que creamos entre nosotros, los animales humanos. La antrozoología es la disciplina encargada de estudiar estos nexos a través de los lentes de la sociología, la psicología, la antropología y otras. Some we love, Some we hate, Some we eat es un libro que transita por los resultados que esta disciplina ha presentado al tiempo que los relaciona con experiencias cotidianas que hacen más visible sus aplicaciones. Su autor, Hal Herzog, es psicólogo y profesor de la Western Carolina University. Su carrera empezó con la investigación de la psicología de los animales y derivó en un vuelco que lo llevó a explorar la forma en que los humanos los vemos, los percibimos y (constantemente) los maltratamos.

Los mitos del maltrato animal

Some we love, Some we hate, Some we eat es una exploración a través de las múltiples formas que tenemos de relacionarnos con los animales; como mascotas, como instrumentos, como comida. Se trata de un análisis que intenta acercarse a la objetividad y dejar de lado los blancos y los negros de los que se han pintado tanto los movimientos de defensa animal como los carnívoros aferrados. Herzog derriba en su obra numerosos mitos relacionados con el maltrato animal. Cuestiona, por ejemplo, la veracidad de los estudios que presuntamente demuestran una correlación entre el maltrato animal y la comisión serial de asesinatos.

Se trata de señalar incongruencias pero sin la intención de tomar partido o de descalificar a nadie, sino con la finalidad de hacer notar que todos los preceptos que hasta ahora han regido nuestras relaciones con los animales son endebles y están llenos de huecos y caminos sin salida. Herzog cuestiona los extremos, tanto del consumo de carne como de los grupos animalistas. Denuncia también el fundamentalismo de algunos grupos animalistas, tremendamente alejados de perspectivas de paz y entendimiento. Entre los puntos más distantes, Herzog analiza la ideología de grupos terroristas que han efectuado ataques dirigidos a investigadoras/es que experimentan en animales con propósitos científicos.

El autor cuestiona la moral de estos grupos, a través de la comparación con otros fundamentalistas religiosos o políticos. Para Herzog la característica común que les define es su forma de entender el mundo en blancos y negros, versión alto contraste. Muy religión occidental la cosa, sus ideologías no les permiten percibir la dignidad en todas las personas; inalienable aún después de cometer un acto contrario a la moral ajena.

Experimentación en animales

Por supuesto que Herzog no apoya la experimentación en animales, pero tampoco se opone a ella de forma absoluta. Mejor dicho: Herzog no escribe para apoyar a uno o al otro ni para convencernos de su opinión. Escribe para abrir un camino de reflexión y cuestionamiento en torno a nuestras decisiones relacionadas con la explotación animal. ¿La experimentación es válida si salva vidas de personas inocentes? ¿Es menos mala si usa ratones en vez de chimpancés? ¿Es válido afectar 10 conejos para salvar miles de personas? ¿Es ésta una cuestión de números? Herzog propone éstas y muchas otras más preguntas similares, explorando las respuestas que se han ofrecido desde distintas perspectivas.

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Género y antrozoología
Herzog también hace un análisis con el género como eje transversal. ¿Existe una relación directa entre ser hombre y maltratar más a los animales? Contrario a lo que podría esperarse, las diferencias entre hombres y mujeres relacionadas con el maltrato animal son realmente pocas. Sin embargo, cuando nos acercamos a los extremos encontramos diferencias notables: hay muchas más mujeres defensoras de los animales y hay muchos más hombres que maltratan animales (cacerías u otras similares).

Aquí podríamos encontrar una intersección con el ecofeminismo, que plantea que las mujeres podrían ser más sensibles a la explotación del medio ambiente puesto que el rol que se les impone desde pequeñas está directamente relacionado con el manejo de recursos naturales y el cuidado de los animales. Por el contrario, parece que una parte básica y sine qua non de la educación de los varones es la enseñanza del maltrato de los animales no humanos y de sus congéneres.

En estos asuntos del género, también hace un divertido análisis entre las peleas de gallo y las masculinidades hegemónicas. Menciona algunas teorías que sostienen que éstas son luchas encarnizadas entre penes simbólicos. La alusión fálica es clara: dos pájaros firmes que se enfrentan hasta que uno se impone sobre el otro; su nombre en inglés escock y sus dueños, antes de la pelea, los sostienen en una posición que recuerda la forma en que se sostiene un pene.

Aunque resaltan los mensajes entre líneas, cuando Herzog habla de las peleas de gallos no se centra en una onda Freudiana. Aquí se enfoca en comparar este tipo de maltrato con el consumo de pollos como alimento. Al respecto, concluye que el último es mucho más cuestionable moralmente que las peleas de gallos. ¿Las razones? Basta asomarse a la vida de un pollo criado para consumo animal: el mínimo espacio posible para la existencia, más de la mitad de la vida con las patas y las alas rotas, el transporte en las peores condiciones, etc. La vida de los gallos de pelea comparada con las de sus congéneres kentuckianos es casi la de un monarca.

Los ricos no maltratan

Nuestro repudio hacia el maltrato animal no es siempre el mismo cuando de diferentes clases sociales se trata y Herzog lo denuncia. El maltrato ejercido por las personas más pobres es más perseguido. Las peleas de perros y de gallos, por ejemplo, son objeto del escarnio social mientras que las corridas de toros, la caza y las carreras de caballos son vistas como actividades fancy y se preservan como una tradición de fina y alta sociedad. ¿Estamos de verdad repudiando con igual fuerza todas las formas de maltrato?

Some we love, some we hate, some we eat es un libro básico para generar una visión objetiva y enfocada a la defensa de los animales. Sus preguntas incisivas, aunque seguro inquietarán a más de una/o, son necesarias para la búsqueda de acuerdos comunes y la construcción de un mundo de paz. Por ahora, Some we love, some we hate, some we eatno cuenta con una edición en español (pueden conseguirlo en inglés) pero esperamos que pronto alguna editorial se arriesgue a traducirlo. Hace falta su impacto en los grupos extremistas.

@dave_lefer

Texto original: Animales Pacifistas

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David Ledesma Feregrino

Escritor en formación. Editor en Homozapping. Formó parte de la XIV promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Escribe ajeno. La más señora de todas las putas.