Un trastorno gástrico a escala cósmica: Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer

«Doy gracias al aroma que clarifica el olfato. Pero considero hipócrita simular satisfacción mientras continúe hambriento», suscribe Phillip Lopate hacia el final de la disertación Contra la alegría de vivir (Tumbona Ediciones, 2009), texto que de paso enuncia los principios rectores de la mente inconforme, del ardor de tripas (ya sea por ayuno o por coraje, pero ardor al fin) que se revela al contemplar las múltiples celebraciones que conmemoran la dicha de que estemos vivos. En ese sentido, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, de David Foster Wallace (Debolsillo, 2014) participa de la misma neurosis, con los mordaces anteojos que el autor se ajusta para procesar la experiencia cotidiana.

El ritual al que asiste Wallace se antoja sencillo: un viaje pagado por la revista Harper’s para embarcarse durante una semana en un Megacrucero de lujo por el Caribe. Sin embargo, el problema sobreviene con el cambio de la superficie: «Caminar también resulta un poco onírico […] cuando las olas golpean el barco desde un costado, lo que uno siente es un ligero incremento de la carga que se acumula en los músculos de la pierna izquierda, luego una extraña ausencia de toda carga, luego una carga en la pierna izquierda». Dicho bamboleo, que lo obliga a uno a distribuir el peso en cada pierna a fin de no perder el equilibrio, es quizá también la maniobra que experimenta el autor a otra escala: construir el relato balanceándose en la línea intermedia entre la mera descripción del paisaje y la crítica colérica.

De esta manera, el escritor estadounidense procede a enumerar las bondades del atento personal del Megacrucero; del «fascinante y potencialmente perverso retrete del camarote»; del modo masaje de la ducha que provoca «que se te pongan los ojos en blanco y los esfínteres se te abran». Pero al mismo tiempo, su contrapeso obsesivo no cesa de asomarse entre los párrafos o bien, de escabullirse por debajo del relato, literalmente. Las notas al pie de página —rasgo característico del autor— expresan aquello que desentona o se desvía del cauce principal del relato. Un viscoso mar de bilis que puede llegar a desbordarse por varias hojas. O mejor aún: un sistema subterráneo de ventilación que navega a lo largo del libro y que resulta indispensable para liberar la presión contenida en cada página. Wallace aprovecha estas ventilas para despejar el tufo de sus múltiples desencuentros con la tripulación griega o las reflexiones que le merecen sus compañeras de mesa y su costumbre de gritar antes de reír, «de manera que durante un segundo atroz uno nunca sabía si se estaban preparando para reírse o acababan de ver algo repugnante y terrorífico por encima del hombro de uno».

Como en La Guía Roji donde cada página entraña un mapa que al extenderse rebasa la superficie original del libro, en la escritura de Wallace las notas al pie podrían desdoblarse hasta el infinito. Así como los mapas resultan una abstracción descomunal que intenta reducir un territorio extenso, las anotaciones del autor pretenden resumir la continua indigestión que le provoca el aberrante paisaje de turistas norteamericanos.

Por este pasillo fronterizo entre la apreciación y el examen de los acontecimientos transcurre gran parte de la historia hasta que, en cierto momento, Wallace repara en un crucero vecino y se le marchitan las entrañas por la envidia de imaginar que podría estar viajando en aquel lujo —aparente mejor— y no en éste. El mayor número de piscinas, los balcones de los camarotes y el semblante de los mozos («nórdicos rubicundos y no espectrales») prometen, en conjunto, una experiencia superior. Este fenómeno se puede describir como el síndrome del «Niño Insatisfecho» que, como reconoce el autor, es la parte de él «que siempre QUIERE de forma indiscriminada». En otras palabras, «en respuesta a cualquier entorno de gratificaciones y cuidados extraordinarios, el Niño Insaciable que hay en mí simplemente ajusta sus deseos hasta que nuevamente los estabiliza en su homeostasis de terrible insatisfacción».

Así, una vez bautizado el niño, no resta más que dejarlo hablar: lo que antes figuraba como la comodidad inmejorable de contar con aire acondicionado en su camarote es ahora un ruido incesante; la señora que tiende la cama parece nunca doblar las sábanas en el mismo ángulo; las esculturas de hielo que adornan el Bufet de Medianoche dan la impresión de haber sido elaboradas «a toda prisa», y la lista continúa.

Para entonces, mejor comprobación no existe para el apunte de Phillip Lopate: sí que sería hipócrita seguir fingiendo satisfacción. La conciencia agobiante de Wallace transita de habitar el margen de la escritura para ocupar el primer plano. Y una vez allí, mezclada con el resto de los gases corrosivos y humores decadentes, comprobará que el sistema-de-ventilación-por-notas-al-pie-de-página resulta insuficiente. De ahí que no nos parezca extraño suponer que el autor sólo puede esperar a que la experiencia entera se desahogue al tirar de la cadena del poderoso retrete. Siete noches por el Caribe se arremolinan por la cañería del Megacrucero, acompañando así al ruido distintivo del excusado, equiparable a «una especie de gárgara sostenida en si mayor, como un trastorno gástrico a escala cósmica», formando parte del proceso que «te hace sentir que los desperdicios van a terminar tan lejos de ti que se van a convertir en una abstracción, una especie de tratamiento por desagües en el nivel existencial». Iconofinaltexto copy

Referencias bibliográficas

Foster Wallace, David, Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, Javier Calvo Perales, trad., Barcelona, Debolsillo, 2014.

Lopate, Phillip, Contra la alegría de vivir, Segunda edición, Julián Etienne y Pablo Duarte, trad., México, D.F., Tumbona Ediciones, 2009.

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César Campos

Zitácuaro, Michoacán, 1992. Es estudiante de Ciencias de la Comunicación en la UAM. Textos suyos aparecen en las revistas Mula Blanca y Operación Marte. También ha participado en los festivales Umbral y Germinal. Vive en la ciudad de México.