Al baba, rincón árabe en Insurgentes

Al Baba

Insurgentes, calle que recorre el Distrito Federal de punta a punta, es un desfile de luces y colores. A distintas alturas ofrece diversas opciones: a la altura de Buenavista, un cruce caótico y un tráfico ensordecedor de coches; a la altura de la glorieta homónima, famosos puestos de tortas y pequeños locales de ropa; por el Poliforum de Siqueiros, sin embargo, las grandes franquicias de comida rápida y cafeterías se han hecho con ambos lados de la calle. Multitudes transitan por ella casi a diario en su camino al trabajo o a casa y hacen parada según convenga en todos estos establecimientos. Pero a la altura de la calle Durango hay algo que hace parar a los frenéticos transeúntes. El espectáculo se intensifica delante de la parada del Metrobús, y no por el ruido y el gentío, sino porque un grupo de curiosos se agolpa en la acera. Un letrero anuncia la función: “Tacos árabes Al Baba. Döner Kebab”. Una chica vestida en completo negro y adornada con perlas y cascabeles baila alumbrada por un juego de luces rojas y azules. Su nombre es Gadiandi y pasa los viernes por la tarde bailando delante de una taquería árabe.

No hace mucho tiempo que abrió Al Baba y clientela no le falta. Ayuda el hecho de que su dueño no duda en empezar una nueva plática con cualquiera que se siente a probar sus especialidades.  Hablador y confiado hasta un punto ingenuo, Umer Hamza, de 39 años, abrió este local junto a su hermano pequeño hace cuatro meses. Jamás pensaron que abrirían un puesto de tacos árabes cuando vivían en Alemania aunque el interés por su oriunda gastronomía le viene de lejos. En un viaje a Madrid hace 29 años con sus padres, Umer se lamentaba de que no le gustaba la comida española. Así sus padres, hartos de oír las quejas del pequeño, buscaron un sitio de comida árabe en la ciudad y por aquel entonces en la capital española los sitios de kebabs no eran tan prolíficos. Cuando lo encontraron, había tanta gente esperando que Umer se sorprendió y aquella anécdota quedó grabada en su memoria. La usó años más tarde haciendo de ella un negocio rentable, pero esta vez en México. “Ahora lo veo así: es una gastronomía que gusta y que es rentable. De pequeño lo vi más bien como que a nadie le gustaba la comida española y por eso hacían fila para comer de la nuestra”.

De ascendencia marroquí, Umer no ha querido volver desde cinco años “al frío país”. “Hace trece años empecé a venir a México por trabajo. Iba y venía hasta que conocí a una libanesa afincada en el D.F. Nos enamoramos y desde entonces cada vez se hacía más difícil la vuelta a casa. Ahora, que ya tenemos hijos, son ellos los que tampoco quieren volver: dicen que hace mucho frío allí”. Los primeros negocios en México iban bien para Umer. Empezó a buscar trabajo y acabó como exportador de ropa para México. En Alemania, Umer recibía la mercancía, proveniente de Dubai y él mismo la traía a México, desde donde la distribuía también por Latinoamérica. Pero Umer recalca que no se trataba de ropa cualquiera; era ropa interior femenina de entre seis mil y diez mil pesos. Lo suficiente para que el viaje mereciese la pena. Ahora es su hermano el que se dedica a eso mientras que Umer, con la taquería, se conforma y como le cansa bastante ha dado paso a las nuevas generaciones familiares.

“He pasado a mi hermano mis contactos en México. Aquí tenemos una bodega en Toluca para la mercancía cuyos dueños son el ex guardaespaldas y cocinero de Sadam Husein. Todos nosotros fuimos juntos al ejército y luego ellos se fueron a Iraq. El servicio militar era obligatorio y se conocía a mucha gente allí. Además se pasa mucho tiempo muerto juntos”. Umer describe el servicio como “un castigo” pero al segundo, se retracta y con una media sonrisa burlona dice que más bien le parece “algo útil para la vida”.

Aun así, un Umer contento pasea por los estrechos pasillos de su local mientras reafirma que la gastronomía es lo que más le importa y todas sus energías van ahora destinadas a cuidar de su negocio. En los próximos meses abrirá una nueva en la colonia Condesa con el mismo nombre y saca pecho al afirmar que llevará también el nombre de “casa de los árabes”. Mientras que lo dice, levanta la mirada hacia el cartel y se imagina esa frase cubriendo el que hasta ahora tenía. Parece que uno de sus comedidos es la exportación de su cultura, a lo que colabora asistiendo a las ferias culturales de la Embajada de Iraq en el Distrito Federal. En una de esas ferias, Umer conoció a Gadiandi, una de las bailarinas de danza del vientre que contrata cada viernes para bailar y deleitar a sus comensales.

Como el espacio es reducido, Gadiandi Arana se prepara como cada semana para bailar en la acera mientras que los que tienen hambre la observan por la espalda y los que tienen ganas de mirar, no pueden evitar ojearla unos segundos, o unos minutos, durante una pausa en su camino. “Llevo bailando 8 años. Tanto que ahora  ya soy yo la que da clases de fusión bellydance y tribal. Como soy freelance lo hago en mi casa, cerca del Zócalo, y además rento un salón”. Por el momento, sus clases de Ingeniería Química Industrial en el Politécnico se han parado y Gadiandi aprovecha para mejorar sus habilidades como bailarina.

Al babar 2

A sus 24 años, su carrera está aún por despegar pero ya ha realizado varias colaboraciones. Ha abierto conciertos para grupos como Las Víctimas del Dr. Cerebro y Triciclo Circus Band y hecho colaboraciones en sesiones del Dj de música balcánica Ubik Lakeban. Pero a Gadiandi le gustaría poder ser una bailarina reconocida así que, mientras acepta con gusto los cien pesos a la hora que Umer le paga, piensa en toda la gente que puede verla bailando en la calle y tal vez, ofrecerle otros trabajos encima de un escenario.

Pero es difícil dado que la unión cultural árabe-mexicana no se ha desarrollado tanto como era de esperar después de las olas migratorias de finales del siglo XIX. Desde el año 1878, se registró en México la entrada de numerosos grupos de Oriente Medio. El florecimiento económico que ofreció la dictadura de Porfirio Díaz y las escasas leyes migratorias hicieron de México el nuevo “sueño americano” árabe. Siglos más tarde, esa unión se refleja hoy en día en la gastronomía mexicana. No es raro encontrar restaurantes libaneses y los famosos “tacos árabes” son el producto de una unión cada vez más consolidada. Pero fuera de esa fusión gastronómica, la presencia árabe y sus costumbres aún se encuentran en la sombra para los mexicanos de a pie por lo que Gadiandi no ve claro que pueda llegar a convertirse en una bailarina de renombre. De la misma manera que el contexto hace de lo cotidiano un arte, estando en un escenario ve como su trabajo es reconocido, mientras que en las aceras de México, resulta algo sorprendente y morboso. “Mucha gente se para a mirar por morbo. Pero yo me abstraigo y pienso que estoy de nuevo en un escenario y se me pasa todo”.

Su cara cambia al hablar de baile, le gusta hacerlo aunque no sabe por qué ni se explica qué es lo que le hizo elegir este género. Pero en cuanto empieza a hablar de su familia, se entiende todo. “Mi madre es mexicana y mi padre es israelí, de ahí mi nombre. Aunque la verdad es que no tengo contacto con mi familia de allí. Yo me considero mexicana”. Gadiandi se muestra por primera vez incómoda y pudorosa al hablar de este tema, sobre todo cuando tiene que hablar de sus abuelos paternos por considerarlos un enigma en su vida: no sabe ni quienes son ni por qué no forman parte de su vida. Quizás la danza del vientre sea algo que une a Gadiandi a su pasado no descifrado y que le hace sentirse más cerca de los abuelos que nunca conoció.

Umer se asoma por la ventana trasera para recordar que Gadiandi tiene que seguir bailando. Hay gente que la espera y que han acudido a comer allí para sentir el desahogo de creer estar por un momento en el país de origen. Cuando ella vuelve, Umer se recuesta a un lado de la entrada del pequeño establecimiento y la mira con satisfacción. Le gusta y mientras rememora los bailes alguna vez observados en sus viajes de vuelta a Marruecos confiesa entre risas que en su país se baila mejor. Iconofinaltexto copy

¿Y tú qué opinas?
The following two tabs change content below.
Avatar

Sandra Ortega Garcia

Avatar

Artículos recientes por Sandra Ortega Garcia (see all)