600 millas de un viaje ya conocido

Dirigida por Gabriel Ripstein (El coronel no tiene quien le escriba [productor], 1999) y escrita por él mismo en colaboración con Issa Lopez (Casi Divas, 2008), esta película que recientemente ha sido galardonada con el premio a la Mejor Ópera Prima en la Berlinale cuenta la historia de Arnulfo (excelente Krystian Ferrer), un joven mexicano que trafica armas de Estados Unidos a México.

La historia comienza con Arnulfo esperando en su auto mientras Carson, su amigo americano, compra armas en una tienda, para después pasarlas por la frontera y entregarlas al Capi. Arnulfo y Carson repiten esta operación varias veces hasta que son rastreados por el agente de la ATF Hank Harris (interpretado por Tim Roth). Cuando el agente intenta arrestar a Arnulfo, Carson lo derriba y huye. Arnulfo no sabe qué hacer y esconde al Agente inconsciente dentro de su camioneta para cruzar la frontera hacia México y buscar la ayuda de su tío. Es aquí donde empieza un road trip entre Arnulfo y Hank, entre el traficante novato y el experimentado agente americano.

600 millas

600 millas recuerda un poco a Heli, de Amat Escalante, pero no logra ni la crudeza ni la trascendencia del filme de Amat. Tanto los productores como el director han apuntado que ésta no es una película sobre el tráfico de drogas, sino sobre el tráfico de armas. El tráfico que va en sentido contrario. Pero aún con el cambio de temática la película no logra desprenderse de tantas otras peliculas sobre el narcotrafico. Sin duda, 600 millas cuenta con muchos aciertos, en especial la cámara de tipo documental y filmada con luz natural por Alain Marcoen, colaborador habitual de los Dardenne o las magníficas actuaciones tanto de Tim Roth como de Krystian Ferrer. Pero, a mi parecer, sufre un poco del guión, en especial durante la segunda mitad del filme en la que Arnulfo sufre una especie de síndrome de estocolmo invertido y eventualmente vislumbra a su presa como su único salvador. En algún momento la película contiene a un héroe de acción de hollywood,  de esos con gran puntería y enorme suerte para esquivar las balas. Aunque, debo aceptar, el final es bastante aterrador.

De nuevo los traficantes, de nuevo la denuncia al gobierno, de nuevo lo mismo, aunque tal vez Ripstein tenga razón, si el arte es un reflejo de la sociedad, nos merecemos el mismo cuento. Iconofinaltexto copy

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Miguel Ángel Guzmán

Estudió Actuaria en el ITAM, cursó por corto periodo la carrera de Letras Hispanicas en la UNAM. Colaborador de la hoja en Europa.
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