34 Lassies: Sobre -El líquido táctil- de Daniel Veronese

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I

El debate entre el cine y el teatro ha sido intenso. Ahora quien gana –si es que puede haber un ganador en esta batalla encarnizada- es el teatro porque es la plataforma sobre la cual el autor reflexiona. Quienes nos narran una fábula son tres personajes sobre un escenario de cara al público. Es un momento fugaz, irrepetible, único el que presenciamos. Es carne fresca la que se queda en el escenario después de la función. Y es ese olor el que permanece. A ello se debe que, por ahora, el teatro lleve la delantera.

El aparato dramático de la obra gira en torno a tres insinuaciones. La primera sería la llegada de Michael, el hermano de Peter. La segunda es la misteriosa tensión que existe entre Nina Hagen –actriz- y Peter, quien es su pareja. Y la tercera es la presunta atracción sexual que tiene Nina Hagen –actriz- con los perros. Explico:

De Michael sabemos poco. Quizá lo más relevante sea que quiere ser actor de cine. Es un personaje que vigila, nocturno, propenso a la contención. Habla menos de lo esencial, pero actúa como disparador de tensión en diferentes puntos de la obra con apuntes precisos –e insólitos-.

Antes de seguir analizando la puesta en escena me gustaría acotar –justamente-la escena. Boris Schoemann, director general y artístico de La Capilla hace un trabajo notable con el texto de Daniel Veronese. Incluye un elemento curioso que es la ingesta de cerveza durante la función. Podrá ser eso una marca de texto, ardid publicitario o mero capricho. En fin, funciona en tanto se explota y Nina Hagen lo hace de maravilla mientras, en un arrebato de ira o de inconclusión, lanza un vaso a la pared salpicando al resto del corpus actoral. Brillante.

Por otro lado el escenario parece un poco desproporcionado. Sillas y una mesa figuran en el centro, del lado izquierdo se halla un columpio que sirve para la intimidad que hiere a los dos hermanos –Peter y Michael-; sin embargo, no servirá para ningún otro fin. Un completo despropósito. Por la retaguardia desciende una escalera iluminada que atraviesa el escenario, aunque es utilizada en contadas ocasiones, tiene que existir un método para subir y gestionar el clímax de la obra: un perro que mira al público con un nervio asombroso. Un barril de cerveza en la esquina donde los actores se refrescan. Y poco más.

II

Con el objetivo de incidir en la obra, me gustaría confiar en el lector –y ojalá, también, en el espectador- la cifra de los perros collie que los productores de Lassie come home (1943) y demás bodrios televisivos y cinematográficos emplearon a lo largo de la tediosa saga. 106 perras y perros collie partieron del personaje original que creó Erik Knight en 1938. 106 perras y perros collie. Mierda. Es un misterio si el autor lo dice con ironía –el personaje lo dice con una seriedad inquietante- o con indiferencia. Veronese, a través de Peter, arroja una cifra benevolente –o indignante para la comunidad collie o Lassie, ahora no se sabe- : 34 perras y perras collie, nada más. No será el eje central de este breve escrito el evidenciar la estresante atmósfera de los estudios de filmación, ni de lo poco apropiado que es un set para un perro. Ni nada.

La relación de los personajes encharcada en la vigilia y los recuerdos subterráneos nos recuerdan irremediablemente a Chéjov, quién según el autor, estuvo peleado con la cinematografía desde sus inicios. El espacio de El Líquido táctil nombra la estrepitosa sencillez de los dramas de Chéjov. Dubatti escribe en su presentación al teatro completo que es Antón Chéjov el autor ruso más significativo en el teatro argentino, por la cercanía y su vigencia. Se hablan de muchos textos de Chéjov en la obra, existe una clara determinación de saborear tanto su prosa como el teatro, con cada letra y cada objeto olvidado en el tiempo, recuperado por las tiernas –pero dolorosas- insinuaciones de los personajes.

La tensión entre Nina Hagen –actriz- y Peter parecen responder a la pregunta ¿Qué es El Líquido Táctil? Ella cuenta cómo era su espectáculo teatral que antecedía a otro, donde actuaba un hombre con un perro. Parece que su relación con el perro y con el tipo enfurece a Peter de tal manera que cancela la carrera profesional de Nina Hagen. ¿Se encuentra ahí lo táctil del líquido? En la prohibición ¿Dónde es inaccesible el agua de la memoria? Podría ser que la efervescencia inusual de Nina por los canes sea la traducción espiritual de su carrera trunca. Me inclino a pensar que no. De ninguna manera es lo anterior, ni nada de lo que nadie pueda imaginar, ni siquiera Veronese, Schoemann o Dubatti quien –al parecer- siempre tiene opiniones de suma importancia para cualquier cosa –o para cualquier caso-. ¿Es el líquido táctil algo de lo que preferimos no hablar, el lado ominoso de la noche? Lo oprobioso, lo incómodo. En fin, quién sabe. Mejor no saberlo.

El Líquido Táctil, de Daniel Veronese cuenta con las actuaciones de Gabriela Zas Montero, de Jorge Chávez Caballero y Daniel Bretón. Es dirigida por Boris Schoemann. Se representa los domingos a las 18:00 pm del 17 de agosto al 18 de diciembre en La Capilla (Madrid, número 13, Del Carmen, Coyoacán).Iconofinaltexto copy

*Nota breve: Queremos felicitar a la compañía Los Endebles por sus 16 años de labor teatral ininterrumpida.

 

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Emilio Hernández

Ciudad de México, 1993. Estudiante de Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue becario de la decimocuarta promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores en el área de literatura.