Escuelita del Vitoria: 12 años de educación en Derechos Humanos

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Vivimos en un estado de guerra y competencia constantes. No sólo entre las naciones, sino entre vecinos y hermanos. Los conflictos bélicos a nivel internacional no son más que la última consecuencia de la aceptación (por parte de gobernantes y gobernados) de un sistema basado en el «ojo por ojo» y en el taconazo y el agarrón de chongo como principales herramientas de negociación.

Así como la corrupción, éste no es sólo un asunto de autoridades y actores estatales. La guerra se fomenta desde la ciencia, la medicina y la educación. Desde las teorías que pretenden entender a los seres humanos como entes violentos «por naturaleza» y desde las aulas en las que se acepta sin reflexión que la única ruta para el éxito es la del egoísmo despiadado. En este contexto de deslealtad y de «a ver quién se chinga a quién», surgió hace doce años, desde la resistencia, la Escuela para Promotoras y Promotores Juveniles en Derechos Humanos. Se trata de una iniciativa del Centro de Derechos Humanos «Fray Francisco de Vitoria» que apuesta por la educación desde una perspectiva de paz.

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Este centro inició enfocando sus labores a la atención de refugiados centroamericanos que huían de los conflictos armados de sus naciones. Con el tiempo el sacerdote dominico Miguel Concha Malo, fundador y director de la institución, y su equipo fueron notando la necesidad de la promoción de los Derechos Humanos (DDHH) entre los grupos más vulnerados. Esta carencia era evidente en sectores como las juventudes, para quienes se generan sexenio tras sexenio cientos de programas asistencialistas pero jamás desde una perspectiva de desarrollo y de DDHH. Es así que nace la Escuelita del Vitoria (como la conocen entre los cuates), desafiando los modelos de educación basados en las jerarquías y apostando á-lo-Gandhi por la paz como el camino.

La Escuelita abrió este año la convocatoria para su 12° generación. Tras un proceso de selección iniciado hace un par de meses, se reunieron 47 personas con formaciones diversas que van desde la sociología hasta la psicología, pasando por relaciones internacionales y filosofía. La Escuelita reúne gente de toda la República, contando esta vez con asistencia de Tlaxcala, Oaxaca y otros estados. Este año, entre las asistentes también se encuentran personas provenientes de los Estados Unidos y El Salvador; ambas trabajando los temas de Derechos Humanos de migrantes.

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Las chavas y los chavos seleccionados estudiarán, acompañadas por activistas y defensores, desde los conceptos más básicos de Derechos Humanos hasta los mecanismos disponibles para exigirlos y hacer justicia en caso de una violación. Entre sus primeros ejercicios, los participantes criticaron la educación vertical y propusieron nuevas manera de aprender basadas en la educación popular. De las reflexiones derivadas surgió también la conclusión de que no sólo es necesario adquirir nuevos conocimientos sino también limpiarse de muchos otros. El machismo, la homofobia y la discriminación son conductas que hay que desaprender si lo que queremos es un mundo de paz y de respeto a la dignidad de todas y todos.

Es en esta búsqueda de un mundo más amplio e incluyente que la metodología del proyecto no sigue el modelo de una clase en la que un adulto se coloca en un pedestal para verter en sus alumnos, jóvenes e iletrados, sus conocimientos inagotables. En la Escuelita se sabe que la educación la construimos todas y todos y que las juventudes tenemos tanto que aportar como todas las demás generaciones.

@dave_lefer

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David Ledesma Feregrino

Escritor en formación. Editor en Homozapping. Formó parte de la XIV promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Escribe ajeno. La más señora de todas las putas.
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