101 entradas en La Hoja de Arena

Old fashioned, elegant red theater stage drapes

Así es, buenas gentes, hoy cumplo 101 entradas en el blog de La Hoja de Arena, y creo que es un muy buen número para dar “carpetazo” a un ciclo que, de cualquier forma no quedará completamente cerrado, sino que efectuará ese movimiento apenas perceptible, aunque fundamental, que diferencia a los círculos de las espirales, las cuales, como se sabe, no tienen nada que ver con los ciclos cerrados, sino con aquellos que se mantienen en constante y acaso infinita evolución. Agradezco profundamente la apertura ideológica de la revista —en donde, dicho sea de paso, siempre me he sentido como en casa— pues sé que aunque en ocasiones chocan los gustos y las perspectivas, esa misma apertura, a la par con los contenidos de calidad cada vez más alta, ha mostrado ya algunos frutos, como los recientes logros del equipo encabezado por Fernando Galicia, con lo que la revista comienza a tener una presencia cada vez más interesante como espacio de creación, de difusión cultural y científica.

Pero no seamos dramáticos ni nos empantanemos en el cebollazo común de los discursos. En realidad sólo cierro el telón de mi pequeño espacio, Las sombras de la caverna, y todo para mezclar las sustancias una vez más, para examinar su colorido y sus reacciones en busca de algo que seguramente discurre por ahí, quizás a la espera de ser develado; pero también para que alguien más tenga la oportunidad de arrojar su voz al ciberespacio, a los ojos de ése que —uno nunca sabe— podría ser el lector ideal. Así pues, mi participación en La Hoja de Arena sufrirá una metamorfosis hacia algo que en estos momentos resultaría imposible predecir. Por eso es recomendable que dejemos a las ideas en completa libertad, que se vayan nutriendo de ese jugo precioso cuyas gotas manan de las experiencias cotidianas, tanto de las alegres como de las trágicas, de las aburridas y de las excitantes, de las ambiguas o de las torpes; y a ver, en fin, qué sorpresas encontramos una vez que se hayan fermentado los ingredientes.

Y pues nada, sólo me queda enviar los mejores deseos a quien será mi relevo. Ojalá que los demonios de la hoja en blanco tengan misericordia de su alma y, por supuesto, ¡que las letras sigan fluyendo hacia las inciertas tierras de la imaginación y la comprensión!

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@elReyMono

 

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Víctor Sampayo

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