Ya no quedan pistoleros en el valle

Los productores han recibido ya dos sonoros bofetones respecto a sus ideas sobre las películas de superhéroes: una cinta del género con clasificación R sí que puede resultar en ganancias millonarias. En México solamente Logan se mantuvo en su clasificación C, a Deadpool le recortaron algunas escenas para poder exhibirla en clasificación B-15. Hay dos puntos que se deben aclarar: el primero es que en el caso de Logan la etiqueta de “cinta de superhéroes” es un mero tecnicismo en cuanto a que está basada en personajes de comics considerados superhéroes, pero la película rebaza al género por mucho; el segundo punto es que, si bien ya ha quedado claro que una película de superhéroes con clasificación para mayores de edad sí produce ganancias sustanciosas, ahora esperemos que los estudios en Hollywood no comiencen a financiar cintas que pierdan el punto por completo (como tan bien saben hacer): por supuesto que hay mucha gente que con el mero hecho de ver sangre y mutilaciones se darán por bien servidas, pero tanto Deadpool como Logan son buenas películas y funcionan porque, aunque rebosan sangre y violencia, en ningún caso es gratuita, está puesta en función del humor y en función del drama respectivamente, que son la verdadera clave de su calidad y su fuerza.

Además, la clasificación C en Logan puede atribuirse a que la violencia es explícita (si bien nada que supere la violencia vista sin pudor en algunas series de tv y videojuegos), sin embargo, lo que golpea con más fuerza no es eso sino cosas mucho más humanas: la idea de niños tratados como en un matadero, la imagen de un hombre que siempre tuvo aire paterno debilitado por la senilidad, el deterioro de un personaje duro que ya está cansado y desgastado. Logan cuenta una historia cruel donde la esperanza es apenas un mínimo punto de luz, tan lejano y borroso que ni siquiera estamos seguros de poder alcanzarla alguna vez. La película es oscura en la forma en que lo es una historia de Cormac McCarthy; depresiva y melancólica con todo y sus efectivísimas secuencias de acción que, por el contexto de la historia, calan el doble; brutal como otras películas de superhéroes nunca se habían atrevido a ser (again, no hablo solamente de la violencia física sino del golpe emocional), las actuaciones son realmente notables y la edición contribuye de la mejor manera al ritmo de la historia. La banda sonora sabe que no se encuentra en una cinta genérica de superhéroes, sino que por momentos está en un western y a veces (sobre todo en la del clímax) en una vieja cinta de samuráis.

Logan es una película que se sostiene por sí sola, si nunca hubieran existido las películas ni los comics de X-men esta cinta podría darnos solamente dos breves notas de contexto que serían suficientes para mostrarnos una historia que, con todo y poderes mentales o garras indestructibles, es crudamente realista y humana. Este debería ser el siguiente paso vital para las cintas de superhéroes: darse cuenta de que pueden ambicionar más que solamente fórmulas ya probadas, les resultaría en un suero que ya va empezando a hacer falta. Dejar a James Mangold, director de Logan -y escritor de la historia-, hacer su trabajo confiando en que sabe lo que hace (por eso lo contrataron en primer lugar) viene a ser el equivalente en celuloide al mismo factor que dio los mejores comics de la industria de Marvel y DC hace algunos años (Arkham Asylum, The Killing Joke, Civil War, 1602, etc.) involucrando a personajes preestablecidos: dejar a uno o dos talentosos hacer su trabajo, el mismo por el que, en primer lugar, se les confió el uso del y personajes de la empresa, viene a ser el mismo factor que determinó el rotundo éxito de Guardianes de la galaxia, lo que ayudó a hacer más interesantes Winter Soldier y Civil War, las tres películas a cargo de directores talentosos a los que la casa productora dejó poner un poco de su sello personal… en cambio, los productores metiendo mano excesiva a las películas, apartando de un codazo a guionistas y directores a los que no dejan trabajar en una buena película porque, según los productores, son ellos quienes saben cómo hacer dinero (el resultado son cintas como la vacua Doctor Strange, la desastrosa Suicide Squad, la polémica Batman v Superman e incluso el fracasado remake de Los cuatro fantásticos), es un eco de los baches que se han visto en la industria del comic de superhéroes recientemente, con cacaraqueados eventos pseudo-relevantes pero huecos, forzados y mal escritos como Civil War II.

Los grandes escritores de comic son parte de la mitología de una generación anterior, actualmente no se ve en el horizonte a ninguna nueva leyenda (Geoff Johns y Brian Michael Bendis, responsables de historias memorables en DC y Marvel ahora parecen estar siendo sobreexplotados en perjuicio de su propio trabajo), no se ve a ningún nuevo autor prominente, con la calidad de aquellos ya mitológicos, por lo menos no dentro de las dos titánicas empresas del comic de superhéroes, un valle donde parece que ya no quedan pistoleros.

Desafortunadamente, parece inevitable que llegará un momento en que las películas de superhéroes saturarán al público y entraran en una debacle que las pondrá en suspenso mientras se alza el siguiente gran fenómeno cinematográfico (como lo fueron las cintas bíblicas hace años, como lo fueron las películas de guerra). Seguirán filmándose cintas dentro del género, más esporádicas, y de esta gran era actual del atiborramiento sobrevivirán un puñado de cintas, las mejor logradas, en el inconsciente colectivo, la lista completa será conocida por especialistas y fanáticos acérrimos y, por encima de todas, estarán como joyas de la corona la trilogía de Batman hecha por Christopher Nolan y Logan, como cintas por encima de las etiquetas comunes del género. 

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Diego Minero

Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela 'El pueblo en el bosque', y ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.
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