Tr3s: esqueleto ataviado de números


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La obra comienza con una luz ámbar iluminando un geométrico departamento minimalista. Para verlo hay que descorrer un par de cortinas y listo. Sobresale la copa de un árbol que nunca es mencionado ni aludido, pero que de todos modos sirve a la escena. La escenografía de Tr3s, a cargo de Jesús Hernández, es exacta y bella. Tres o cuatro columnas negras sirven para dividir el baño, el dormitorio y la cocina. Las columnas no sirven sólo de sostén sino de estorbo: en cualquier lugar que el espectador se siente, habrá un momento en el que alguna de ellas le impida ver la expresión facial o el gesto de un actor (tal vez incluso en un momento clave). Curioso, pero esto es un gran acierto, puesto que la escenografía resume la obra. Me explico:

En el programa de mano, Richard Viqueira describe al director y dramaturgo José Alberto Gallardo como “un matemático emocional”. No coincido del todo con esta moción, pero sí diría que es un matemático de la escena: acomoda a sus actores valiéndose de un termómetro anímico que instaló en sus cuerpos; si durante un momento de la obra el epicentro dramático es un actor “oculto”, el contemplar las micro acciones de otro actor “fuera de foco” es suficiente para satisfacer cualquier exigencia visual, sin necesidad de inclinar la cabeza o el torso hacia un lado. Esto se debe a que Gallardo pone en la mira una característica esencial del buen arte dramático: el hecho de que la reacción es tan importante como la acción. Así, una ansiosa Sonia Franco monologa desde la cocina, mientras observamos el gesto de Andrea Guerrero al morderse las uñas mentales. Luego, teniendo a Verónica Bravo a dos palmos de distancia somos testigos de la forma en que pela los ojos al escuchar a Harif Ovalle, que le habla desde la mesa del comedor.

La obra tiene tres partes. La primera es un juego de adivinanzas en el cual el espectador entrecierra los ojos y se frota la barbilla para sacar deducciones. Los personajes dialogan lanzando pistas que se suman hasta develar su verdadero carácter. Una vez que los personajes tienen sentido tanto individualmente como un conjunto, el publico puede sentirse con la libertad de exclamar “¡Eureka!”. Pero la celebración dura poco, puesto que de un modo cabrónamente hermoso, las luces y la anuncian el inicio de la segunda parte.

Hielo seco, luces fucsias y una versión cachondona de Riders on the storm a cargo de Rodrigo Castillo Filomarino, encuadran el estado lascivo y a la vez vulnerable de los cuatro personajes. Bailan, y el discurso matemático de Ovalle, que en la escena anterior parecía de lo más sensato, apasionado e incluso inteligente, se derrumba para dejar expuesto a un hombre que habla no con la necesidad de ser entendido, sino con la de ser reverenciado por ignorantes boquiabiertos. Ya no importa tanto la palabra, sino el movimiento. La música tiñe a los personajes, revelando matices que ni ellos mismos conocían: hay armonía. A pesar de que hay dos parejas en la pista, pareciera que los cuatro estuviesen fundidos en un solo cuerpo.

Ahora la tercera parte: última pieza de una hipótesis matemática, sirve únicamente para descartar todo lo anterior. Lamentablemente la obra se viene abajo al final, pero sólo a nivel anécdota. Yo diría que Gallardo tomó el camino fácil, y no tuvo el temple o la paciencia para aterrizar el punto final donde correspondía. Me refiero a que en la trama los errores son reflexionados, las lecciones son aprendidas y los personajes cambian, pero la virtud de Tr3s es la estructura de su texto, que es en este caso el ochenta por ciento de su contenido: la osamenta engulle los tejidos y las vísceras de la obra. Lo que queda es pura solidez calcificada, el mero impacto de ver a un esqueleto bailando al ritmo de The Doors, pero no deja de ser molesto que a uno lo abofeteen con un final evidente.

A pesar de este anticlimax y de las pocas partes narratúrgicas que hicieron que me rechinaran los dientes, Tr3s concreta magistralmente el emotional rollercoaster de las relaciones personales de este siglo. Es un laberinto de preguntas tontas que suenan bien cuando se formulan en la mente y de cuerpos que aunque envueltos en prendas, se leen desnudos y frágiles.

Tr3s se presenta los jueves y viernes a las 20:00hrs, sábados a las 19:00hrs y domingos a las 18:00hrs en el el Granero, en el Centro Cultural del Bosque. 

*Se suspenden funciones el 13 y 14 de abril.

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Viera Khovliáguina

Viera Khovliáguina

Dramaturga egresada de la carrera de Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y violinista en la Orquesta Mexicana de Tango.
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