¡Todo ahora ALV!

¿Qué pasa con lo último de Arcade Fire? El clímax está al mero inicio. Tiene un cuerpo central bastante malo. La peor canción que ha sacado la banda quiebra al disco en dos cosas divorciadas entre sí y que afectan lo que idealmente es el concepto general de la obra: vivimos tiempos vertiginosos en los que tenemos todo y tenemos nada. Las rolas son repetitivas e incluso monótonas, no quiero decir que aburridas. ¿Qué pasa con lo más reciente de Arcade Fire? Aun así, de cada cinco veces que escucho el penúltimo track, “We don´t deserve love”, en una lloro.

Las mejores canciones del Everything Now fueron los sencillos que sacaron con semanas de antelación a la aparición del tomo. Por eso fue muy decepcionante tenerlo ya íntegro en los oídos y descubrir que, pues, está malón.

¿Está malón?

No me queda ninguna duda de que Arcade Fire es una de las mejores bandas del siglo que corre. En mi corazón ocupan un sitio tan relevante como el hallazgo del mar o superar al primer amor que nos hizo una chingadera. Esta banda es la promesa del sonido y la furia, sus canciones son auténticos himnos de la pérdida de la infancia. Y aquí es importante detenerse. En todos sus discos anteriores se asumen una pandilla de escuincles. Us kids know, ¿sabes? Niños alegrones cantando y contando la gran aventura humana medida en funerales. Luego viene dejar de creer en Dios. Luego ser un chiquillo con corte de cabello militar en plena guerra ciudadana. Todo en Arcade Fire es juventud, grito, asombro, destellos y baile. La fiesta permanente del mundo. Sus canciones prístinas son incluso silvestres, voces de niños en medio del bosque, gritos de un chamaco que se perdió. Reflektor fue un carnaval (fiesta de carne) llena de calacas. El regreso sano y salvo del inframundo griego, un espejo roto. Retumba el eco de la pachanga en cada centímetro de ese discazo infinito, exacto y -en mi alma- perfecto. Las escasas rolas que lanzaron con el título de Reflektor Tapes son una prefiguración y puente a lo que está por venir.

Régine camina en los escombros de esa fiesta en el video de “Electric Blue”. Aceptémoslo: después de la más estrafalaria fiestota sólo queda gente barriendo la basura. En este momento histórico del crecimiento de una banda se coloca Everything Now. Ya no son unos niños. Ahora tienen enfrente al mundo de los adultos, que es una mierda. Arcade Fire no quiere seguir rasguñando juventud y entrega Everything Now, un disco puberto, una fruta viva  que en cualquier momento estrenará nueva piel. Se me ocurre, por ejemplo, que eso acontezca este miércoles que tendremos el placer de oírlos en vivo en el Auditorio Nacional.

Tengo este inconveniente: quiero ir con un mono de gasolinera como los que usan en el disco reciente pero también me quiero maquillar un antifaz de glitter como en el disco previo. Combinar ambos sería ocioso y overlapeado. Así que he de elegir uno. Vaya lío.Iconofinaltexto copy

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Gabriel Rodríguez Liceaga

Gabriel Rodríguez Liceaga

Defeño, del Barrio Bravo de Tepito. Autor de los libros de cuentos "Niños tristes" (Premio Maria Luisa Puga 2010), "Perros sin nombre" (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012) y "¡Canta, herida!" (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2015). Además de las novelas "Balas en los ojos", "El siglo de las mujeres" y "Hipsterboy".
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