Tlaxcala y el monstruo gigantesco

Según explica el portal en internet del gobierno de la república, la alerta de violencia de género contra las mujeres (AVGM) consiste en un conjunto de acciones gubernamentales de emergencia para enfrentar y erradicar la violencia feminicida y/o la existencia de un agravio comparado que impida el ejercicio pleno de los derechos humanos de las mujeres, en un territorio determinado (municipio o entidad federativa).

Apenas iniciando el presente mes de agosto, el gobierno de Tlaxcala rechazó la solicitud de lanzar una alerta de género en el estado, asegurando en una declaración oficial de la SEGOB que la actual administración (todavía nueva) ha tomado ya medidas al respecto y actualmente, dicen, no hay “elementos objetivos suficientes” para considerar oportuno declarar la alerta de género. En una entrevista, el gobernador Marco Mena dijo que debe ponerse atención al tema, pero en el país entero, porque la violencia contra las mujeres y la trata de personas no es un problema local sino nacional, que no se reduce a solamente un área limítrofe entre Tlaxcala y Puebla; se refiere, por supuesto y sin utilizar su apodo oficial, a el corredor de la trata. Debemos suponer, entonces, que tanto el gobernador como todas las autoridades de Tlaxcala no consideran un problema sobresaliente el hecho de que en Tlaxcala se encuentren bien enraizadas algunas de las mafias más importantes de trata de personas a nivel internacional, o que la Procuraduría General de Justicia del Estado haya recibido 185 denuncias por casos de trata de personas y, de esas, hasta el año pasado únicamente 16 casos de padrotes se hayan resuelto en sentencias condenatorias, o que el número de personas desaparecidas en el estado se haya ido incrementando desde el año pasado; esto último, sin embargo, es difícil de poner en datos exactos porque la PGJE tiene en sus reportes oficiales a ocho personas (de cualquier edad) desaparecidas entre 2012 y 2016, pero la Fiscalía de Atención a Delitos de Violencia contra Mujeres y Trata de Personas registra 20 menores desaparecidos entre 2012 y 2014. Según los registros oficiales del estado, existe una sola niña desaparecida en todo Tlaxcala: Karla Romero, pues según los abogados de la Red Retoño y el Grupo de Acción por los Derechos Humanos y la Justicia Social, solamente ella tiene una Averiguación Previa por la posible comisión de un delito; otros casos de niñas y mujeres desaparecidas en el estado están considerados como “hechos que no constituyen delito”, y sólo se les han elaborado actas circunstanciadas, es decir, registros administrativos que no son investigados. Incluso en el caso de la propia Karla pasaron más de veinte días desde que los padres denunciaron la desaparición hasta que finalmente se emitió una Alerta Amber… que se emitió por la presión social gracias a que los padres, al ser ignorados y no ver que se tomaran medidas oficiales, hicieron una denuncia pública. Los padres aseguran haber recibido más apoyo del gobierno de Puebla (gobierno que, por cierto, también rechazó la Alerta de Género) que del de su propio estado, a pesar de que les han pasado información que han recibido sobre el posible paradero y la probable situación de su hija. Más allá de emitir la muy atrasada Alerta Amber, lo más relevante que han hecho las autoridades estatales ha sido perder la grabación de una cámara de seguridad que había registrado el momento en que un vehículo negro se lleva a la fuerza a Karla.

Ha aumentado el número de niñas desaparecidas en el estado de Tlaxcala y las autoridades no hacen nada al respecto; el caso de Karla se ha vuelto el doloroso símbolo de una situación harto preocupante: las autoridades tlaxcaltecas no están investigando ni las denuncias por trata de personas ni las desapariciones que han ido en aumento en todo el estado. El pasado martes 8 de agosto, el Colectivo Feminista de Tlaxcala hizo una rueda de prensa para responder a la negativa del gobierno ante la solicitud de emitir una alerta de género; aquella rueda de prensa y las notas en distintos portales de noticias no hicieron el escándalo que debieron haber provocado, la población civil (especialmente en Tlaxcala, donde tenemos viviendo al monstruo) debe de preocuparse más por estos temas, mantenerse razonablemente informada y hacer denuncias públicas. No está claro qué escabrosos motivos puede haber detrás de la negligencia de las autoridades en temas como la trata de personas, pueden ir desde la sincera incompetencia o la despreciable indiferencia hasta la maligna colusión, lo que es seguro es que no hay manera, por el momento, de sentirnos protegidos por quienes deberían estar combatiendo todos estos problemas (el FBI se ha preocupado más por investigar y detener a tlaxcaltecas inmiscuidos en trata de personas que el propio gobierno del estado), de modo que lo que queda es crear una consciencia social suficientemente importante como para empezar a hacerle frente al monstruo gigantesco que tenemos delante. El gobierno, por supuesto, sigue teniendo la urgente y enorme responsabilidad de hacer su trabajo respecto a estos problemas, pero además de eso, la sociedad completa debe preocuparse por esto porque, en efecto, es un problema de todo el país e incluso mundial, pero Tlaxcala sí se encuentra en un punto vital de este infierno.

A la fecha se ha declarado Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres en doce estados (la más antigua en Estado de México, emitida el 31 de julio de 2015; ahora, a prácticamente dos años de eso, acaba de aparecer allá mismo el cuerpo decapitado de la médico cirujano Jessica Sevilla Pedraza, con huellas de tortura y violencia extrema), se ha solicitado declararla y ha sido negada en siete estados (Tlaxcala y Tabasco son quienes dieron su negativa más recientemente) y se ha solicitado en siete estados que todavía no han dado una respuesta oficial. En total esto suma veintiséis estados en los que se ha considerado necesario emitir una alerta, 26 de las 32 entidades del país. Sí, en efecto, el problema está inundando al país entero y sí, el problema de la violencia de género nos rodea desde cosas tan grandes y con maquinarias complejas detrás, como la trata de personas, hasta cosas lamentablemente cotidianas como la violencia dentro de los noviazgos o los micro machismos en las oficinas, todos son tentáculos del mismo monstruo, a fin de cuentas; pero, esto es muy importante, no olvidemos que además de esos tentáculos también se tienen ya bien ubicadas algunas de sus cabezas, no podemos hacer como que no están ahí o como que no nos están pelando los dientes. 

 

Ilustración del autor.

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Diego Minero

Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.
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