Stanley Kubrick, La Gallina de los Huevos de Oro

20 Mayo, 2017

El Centro Cultural Stanley Kubrick, antes Cineteca Nacional, extiende hasta julio su “Stanley Kubrick: La Exposición” con todo lo que esto implica. O sea que el letrero con letras rojas en el patio seguirá siendo material de fotos para el Face de los visitantes y que en cartelera darán hasta el hartazgo los grandes éxitos del cineasta norteamericano. Qué forma gubernamental de exprimir el hecho de que hay miles de personas en edomex que sólo han visto “Naranja Mecanica” en gifs. ¡Ahora también pueden tomarse una selfie con los maniquíes que aparecen en tal filme! Esto no está necesariamente mal. Recuerdo con cariño cuando usé una de las cinco rentas gratis que me daban como empleado de limpieza en Blockbuster para llevarme a casa “Patrulla Infernal” en vhs. Me seguí de largo con todo el trabajo de Kubrick. Incluso vi “Ojos bien cerrados” en el cine que estaba en Manacar. Ya no existe tal complejo: ahora sólo hay una construcción perpetua que entorpece ese cacho de ciudad con lodo y estupidez. Ya llovió.

Stanley Kubrick es un cineasta impecable, fundamental e inspirador. Aun así jamás he conseguido que su cine encuentre acomodo en los sillones con plástico de mi corazón. Siempre lo consideré un creador cuyo cine más bien me llevó a otras películas que sí acabé adorando. Saber que no todo era Armageddon y que existe un tipo de películas cuyo fin último es exaltarme el alma. Esa película que termina con La Marsellesa coreada con lágrimas en los ojos me volvió un mejor puberto.

Es curioso, cuando yo estaba chavo, eran tres los cineastas que se disputaban la monarquía de ese reino inventado por mixup llamado malamente Cine de Arte. Los transmitían en el canal once pasadas las doce de la noche. Eran Peter Greenaway, Krzystof Kieślowski y Stanley Kubrick. Impresionante trinca que me acompañó las primeras erecciones y los primeros desvelos en casa de mis papás siempre y cuando las viera en mute para que los demás integrantes de la familia soñaran por su parte. Recuerden que no había internet. Ellos tres eran los que había, de los que se hablaba en el recreo. Me metí a un cineclub en la secundaria. Ahí vi mis primeros pechos de dama en una tele. “No fornicarás” me volvió, en parte, cuentista. Si le decías a una chava en Coyoacán que te gustaba “El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante” era muy probable que te aceptara unos posteriores esquites.

Pero las instituciones dicen que nel, que sólo Kubrick merece su nombre en letras grandes y que compres las palomitas especiales con la cara de: Here’s Johnny! Cosa que, a grandes rasgos, es como no haberle entendido nunca al buen Kubrick que es el menos culpable de esta fayuca cultural que, eso sí, deja las arcas tan llenas como el estacionamiento y el local de churros. Ocho meses dedicados a un solo cineasta. Pues ya que mejor la extiendan hasta agosto y así son los nueve meses que tardó en gestarse el bebé de 2001.

Haréuna comparación mensa: ni a Paz ni a Rulfo en sus centenarios les dedicaron tanto fogueo.

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Gabriel Rodríguez Liceaga

Gabriel Rodríguez Liceaga

Defeño, del Barrio Bravo de Tepito. Autor de los libros de cuentos "Niños tristes" (Premio Maria Luisa Puga 2010), "Perros sin nombre" (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012) y "¡Canta, herida!" (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2015). Además de las novelas "Balas en los ojos", "El siglo de las mujeres" y "Hipsterboy".
Gabriel Rodríguez Liceaga

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  • The Zeruz

    Supongo que si han de estar tan de hueva las películas de Kubrick después de tanto tiempo y después de haber visto todas, pero supongo, la verdad no sé, que debe haber una buena razón para que suceda esto que podría ser desde que tienen hueva las personas que toman la decisión de qué se proyecta, hasta “pues Kubrick funciona y no vemos buena razón para cambiarlo”. ¿Sabes algo al respecto de este tipo de desiciones?

    • Yorick

      Están libres de derechos. Fin.