Si ves una cucaracha en la calle, písala

Abril 23, 2017

Fue Día internacional del Libro. Lo que inmediatamente me recuerda a aquella ocasión hace un par de años en que dos jovencitas en un transporte público venían platicando en voz alta y una le dijo a la otra: “hoy es día del libro, ¿ya leíste?”. Esto me hizo pensar que las campañas del gobierno en las que se sugiere leer veinte minutos al día están siendo ignoradas por la población. No es la primera vez que propongo que se use el dinero, tiempo y recursos empleados en tales misivas para comunicar que si te encuentras una cucaracha en la calle la pises. Un mensaje, vaya, más noble y cívico. Dicen que por cada cucaracha que ves campante en las banquetas hay cien que no ves. Qué grotesca compañía. No son cifras oficiales. Leer veinte minutos al día en este siglo vertiginoso es, la mayoría de las veces, un privilegio. El problema es que cuando uno lee veinte minutos quiere leer otros veinte. Y así hasta la tumba. En fin.

Abril 25, 2017

Como quizá se sepa, el autor de estas líneas defiende la abollada causa celeste. Le voy al Cruz Azul con todo el heroísmo bobo que esto implica, es como si la gloria deportiva estuviera diseñada para todos los demás menos para uno. Me he esforzado en no enterarme con detalle sobre la bruja de la tele que fue a realizar un conjuro a las puertas de La Noria. Dudo que tal mujer consiga lo que el catorceavo Dalai Lama no pudo. Con todo, he sido etiquetado varias veces en notas chuscas al respecto. ¡Bah! En la liga Premier de Ruanda a finales del año pasado, Moussa Camara, delantero del Rayon Sports (y mi seudónimo en el siguiente concurso al que entre) colocó a minutos del final un talismán que hechizó la portería del equipo local, el Mukura Victory. Lo amonestaron y varios jugadores rivales empezaron a patearlo y reclamarle. En tiempo de compensación consiguió el tanto del empate. Un golazo. Se determinó que la federación sancionará con tres partidos y multas económicas al jugador y al director técnico que utilice brujería en el campo. También persignarse debería estar prohibido, entonces.

Y es que estas dos anécdotas aunadas trajeron a mi mente el recuerdo de un de Roberto Bolaño intitulado “Buba” (lo publicó en , entonces no es de los libros del chileno que odiamos). Desde la nostalgia de las glorias pasadas e inmerecidas, un futbolista sudamericano se lanza a contarnos su paso por un equipo que podría ser el glorioso Barcelona del siglo pasado. Buba, su melancólico y africano compañero de habitación, realiza un ritual que implica algo indeterminado con la sangre de varios jugadores antes de cada partido. El problema de narrar desde la voz de un futbolista es que la mayoría de esos compadres básicamente rebuzna. Bolaño, con envidiable simpleza, cuenta una triste historia de brujería y goles. Si lo googlean les sale sin mayores inconvenientes.

Y ya encarrerados lean también “El ojo silva”, a mi parecer el mejor relato del buen detective salvaje. Ese es sobre un niño castrado y un burdel ignoto.Iconofinaltexto copy

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Gabriel Rodríguez Liceaga

Gabriel Rodríguez Liceaga

Defeño, del Barrio Bravo de Tepito. Autor de los libros de cuentos "Niños tristes" (Premio Maria Luisa Puga 2010), "Perros sin nombre" (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012) y "¡Canta, herida!" (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2015). Además de las novelas "Balas en los ojos", "El siglo de las mujeres" y "Hipsterboy".
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