Orégano: familia, un simulacro

oregano

Orégano, más que una puesta en escena, parece un laboratorio de ensayo con una narrativa flexible. Lo entendí de la siguiente manera: En una cámara subterránea bien vigilada, son depositados cuatro sujetos de procedencias diametralmente opuestas. Dentro de este centro de experimentación, los cuatro tendrán que arreglárselas para convivir y no matarse unos a otros.

La anterior parece una fábula un tanto aterradora, sobre todo si se tiene como punto de partida las últimas películas norteamericanas del género destripados –sí, es un género nuevo, un poco más cómico y ridículo que el gore– . La dinámica es sencilla: meten a un grupo de individuos a un sistema hermético de tortura configurado por habitaciones diseñadas por un genio inflamado de incomprensión y desdicha. Con distintos métodos, que terminarán por arrebatarles lo que les queda de vida, los participantes se la ingeniarán para escapar, sin ningún éxito. Sí, porque los personajes agonizan de una forma que raya en la ironía desde el inicio de la película hasta que son graciosamente descabezados, quemados o ahorcados. En fin.

Pues bien, Orégano sería la máxima expresión de un género inventado y tal vez un despropósito para dicho género inexistente: nuestros personajes están a punto de quemarse vivos, pero se detienen por un dejo de esperanza capaz de complejizarlos y, por consiguiente, el espectador es testigo de una expresión brillante de la contención. Ahora, por qué es la espera o la suspensión un elemento dramático más potente que el disparo o la hoguera –el destripe­–. Bueno, no lo es; es decir, no siempre es así. Quizá para este simulacro de Orégano lo sea, por esa razón es necesario hablar de los contornos para abordar la silueta. La suspensión del conocimiento le sirve a Sergio Lobo –dramaturgo de este ensayo dramático– para dejar al público en sintonía con la no-trama del texto, la cual está repleta de vacíos. Es el receptor quién es responsable de llenarlos. La no-trama consiste en el efecto de flexibilidad que produce un texto que parece no tener unidad temporal; mejor dicho, es el entramado de pasadizos secretos y callejones sin salida que supone un atinado intento de no seccionar el inicio ni el final. La irresponsabilidad del texto se saborea y le da vida a las trayectorias de los personajes que parecen no sorprenderse ni de ellos mismos.

Nadie sabe quién es Romina –La hija– o Alicia –La madre–, pero los caracteres monográficos de ninguna forma merecen atención. Es más, está claro que ni siquiera el autor sabe de dónde provienen sus personajes, lo fundamental de este laboratorio es la materia de lo que se componen los elementos. Yo diría –desde una visión, quizá, aventurada, pero qué visión no es aventurada– que de un profundo terror. Orégano es una pieza que trata del terror que sienten los comensales de esta mesa –la familiar– al después. O al fracaso. O al triunfo imbécil de la mediocridad. Lo que encontré en el Foro a Poco No fue un espacio inundado de miedo, de ese que se contagia y hace preguntas incontestables como: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿en qué me voy a convertir cuando deje de ser un estúpido?, ¿qué hacer con el desasosiego inquilino?

La compañía Aldo y Alan Diseño Escénico presenta un simulacro de intentos. Un simulacro se traduce en recrear la realidad que es inminente, digamos una preparación para no morirnos de un soplo y formular un método de supervivencia. En este caso los métodos de supervivencia son los intentos. Imaginé, al final de la pieza, un bucle infinito de intentos. El intento pretende lograr un fin, lo hace en tiempo real, mientras que el simulacro recrea una realidad y en tanto recrea, busca una dimensión atemporal; es decir, que no afecta al curso de la temporalidad real. Entonces, Orégano ensaya una contradicción: simula el intento de esta vez no fracasar y se repite y se repite sin encontrar, por fortuna del espectador, un resquicio de cabalidad en sus intentos.

Orégano se compone de cuatro elementos:

  • Norberto Padre.- Edad: no se sabe/ Ocupación: antes era carnicero, pero ya no, quién sabe por qué/ Estado civil: en crisis/ Señas distintivas: usa silla de ruedas nomás porque sí/ Comentarios: tiene un bigote chistoso. Le da miedo que su hijo el gordo sea gay. Le va al América.
  • Alicia Madre.- Edad: no se sabe/ Ocupación: ama de casa, suponemos que también está implicada con el crimen organizado/ Estado civil: a punto de irse/ Señas distintivas: usa peluca/ Comentarios: tiene un título que comprueba que terminó con éxito la carrera de medicina. Es inconforme y piensa que Romina, su hija, quiere usurpar su lugar como madre dentro de la estructura familiar.
  • El gordo El hijo.- Edad: no se sabe/ Ocupación: indeterminada, pero planea escapar de casa/ Estado civil: enamorado/ Señas distintivas: Usa chaleco y mucho gel/ Comentarios: Tiene la teoría de que su padre y su madre no son, en realidad, su madre y su padre. Tiene un proyecto de radio comunitaria con su padre y su hermana, al parecer, irrealizable.
  • Romina La hija.- Edad: piensa que tiene 35. Por su aspecto sospechamos que sí/ Estado civil: indeterminado/ Señas distintivas: Tiene miedo a quedarse sola. La relación con Alicia –su madre– es frágil –no sabemos si es su verdadera madre– sin embargo, es evidente que le tiene un gran aprecio.

Es sin duda un trabajo grandioso. La dirección de Francisco Granados y Alan España es precisa, irreverente y divertida. La escenografía logra una atmósfera de traslación con las cajas que rodean el espacio. Las actuaciones de Mafer Vergara como la hija, de Fernando Villel como el hijo, de Francisco Granados como la madre y de Yair Gamboa como el padre son adecuadas y le dan el tono necesario y abrupto que necesita la pieza.

Acompañen a la familia fracaso todos los martes y miércoles desde el 13 de septiembre y hasta el 19 de octubre a las 20:30 en el Foro a Poco No. Iconofinaltexto copy

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Emilio Hernández

Ciudad de México, 1993. Estudiante de Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue becario de la decimocuarta promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores en el área de literatura.