La urgencia y el silencio. Sobre -Norte, el fin de la historia- de Lav Diaz

Hacía mediados de septiembre de 1972 y 7 años después de ser elegido presidente -1965- y 3 de ser reelegido democráticamente -1969- Ferdinand Marcos promulgó la ley marcial junto a su esposa Imelda Marcos. Aseguraba que la rebelión comunista y la avanzada islámica desequilibraban los intereses y la dirección del estado. Enseguida se acotó la libertad de prensa y se instauró un régimen de terror en contra de los opositores.

Benigno Aquino Jr, nació en Tarlac y murió en 1980 en el aeropuerto de Manila, Filipinas. En 1977 es condenado a muerte, sin llegar a cumplir la sentencia, por sus ideas políticas y en 1980 se exilia en Estados Unidos. A su regreso a Manila es asesinado por las fuerzas armadas comandadas por Marcos. Ahora el aeropuerto lleva su nombre.

Muchos años después en una república de Filipinas en reconstrucción se erige –o al contrario, se destruye- la historia de Eliza, sus hijos, Fabián y Joaquín, la usurera, su hija, WakWak, Ading, un mono carcelario, unos estudiantes de leyes, sus profesores, una fanática religiosa.

Fabián es un joven estudiante quién ha abandonado la escuela de leyes. Por su profundo amor o desagrado, parece que todavía no lo decide, a lo emocional. Mejor dicho, no entiende el apego por otro ser vivo. Fabián asesina a una mujer prestamista y a su hija. En el inicio de la película vemos al joven discutiendo con sus profesores. Ellos le explican que es preciso que vuelva a la escuela, él por su parte, desdeña sus peticiones. Habla sobre el vicio y la obscenidad que carcome a su país. Para Fabián la acción radical es la herramienta para sacar a flote una partida entre fanatismo religioso, violencia, corrupción y conatos de fascismo en el norte de República de Filipinas. No es sólo la acción la que lo alejará de su desasosiego, ésta se traducirá en urgencia. Necesita saciar su malestar cuanto antes. El personaje de Fabián encarna la metáfora que elabora Lav Diaz de “lo que tiene que hacerse” o de la urgencia. Tiene que hablar, tiene que enseñar lo que “está bien”, tiene que despreciar, tiene que humillar. Tiene que matar, tiene que huir. Todo con urgencia porque no hay tiempo.

La estructura de la película trabaja sobre dos parcelas: Por un lado está Fabián y por el otro Eliza y su familia. Estas dos líneas se empalman cuando Joaquín, marido de Eliza es inculpado por el asesinato de una usurera y de su hija. El silencio entra para contrarrestar la urgencia que casi siempre está acompañada de ruido y de velocidad. Eliza es el silencio y Joaquín es el eco de ese silencio. Se sabe que hay que callar, resistir. Norte, el fin de la historia es la combinación de estos pilares. El “Norte”, es la furia de la urgencia, es Ferdinand Marcos insurrecto en la violencia, en el fascismo. Y “el fin de la historia” es el silencio, la imposibilidad de frenar la derrota.

Joaquín es sentenciado a cadena perpetua. El encierro es otra forma de silenciar. Fabián huye a una provincia lejana donde se encuentra con su hermana y Eliza resiste todos los días el asombro.

No creo que el silencio sea una consecuencia de la urgencia. Como sí lo es en Crimen y castigo, referencia irrefutable en el argumento del director. Se trata de dos líneas que no son rectas, que se cruzan y se acompañan durante toda la trama. Una superando a la otra, relevándose con una ternura perversa. Que sea el silencio el sonido que calle la urgencia, parece decir Diaz en el acomodo de las escenas.

Norte, el fin de la historia es una película del director filipino Lav Diaz. Tiene una duración aproximada de 4 horas que, por cierto, se pasan volando. Se presenta en el 36 foro internacional de la Cineteca. Iconofinaltexto copy

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Emilio Hernández

Ciudad de México, 1993. Estudiante de Escritura Creativa y en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Fue becario de la decimocuarta promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores en el área de literatura.

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