No hay verano en ciudad gris

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Es curioso que nos vendan productos específicos para esta época del año cuando no hay manera de distinguirla de las otras. En algunas ciudades la gente cambia el guardarropa: pantalones caqui cortos y camisas de manta. Nosotros seguimos usando manga larga. Es cierto que allá afuera el clima es más caliente, pero al menos los otros siempre tienen agua. Ventiladores, hielo y aire acondicionado. Acá la abuela se genera una corriente con periódico, mientras se le escurren el rímel y el labial entre los dientes.

El televisor, prendido a fuerzas, nos trae las fiestas en Ibiza, las tetas destrampadas de las gringas. Nosotros seguimos orinando en República de Cuba, metiendo el pito en el hueco de algún muro en las cabinas del Eje Central, amaneciendo destanteados a la entrada del Teatro Blanquita.  Afuera está la gente en carnaval. Adentro transcurre el día como si nada. No es que llueva de más; llueve por siempre. Nuestro suelo no descansa sin tormentas. Despertar, aplastarse doce horas para ganarse un refresco y media torta. Y esa lonja que crece, crece, y que crece, hasta devorar los ojos de su dueño, achatarle las patas, perderle la verga en ese mar de grasa.

La radio anuncia que ya por fin está llegando. Verano, verano, nos vamos a salir a reventar. Miro al cielo en busca del refugio, con la esperanza de encontrar alguna estrella.  La pantalla horizontal sigue siendo toda gris, igualito que los doce meses que se fueron. Y los de atrás. Y los de atrás. Los dejo pasar y otra vez no me habrá aplastado el metro. No es que esperemos demasiado; tenemos miedo de morir.Iconofinaltexto copy

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David Ledesma Feregrino

David Ledesma Feregrino

Escritor en formación. Editor en Homozapping. Formó parte de la XIV promoción de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores. Escribe ajeno. La más señora de todas las putas.