Marte: Ayer, hoy y siempre

http://www.lahojadearena.com/marte-ayer-hoy-y-siempre/

A un año de la llegada de la sonda Curiosity a Marte.

 

Marte, el planeta rojo, símbolo de la sangre de guerras y catástrofes, es ahora más humano que nunca. Lo ha sido desde hace tiempo, porque para muchas culturas antiguas los “atributos” del planeta iban más allá de una simple deidad: su influencia en las personas era indudable y el futuro de los pueblos dependía cruelmente de él y de su posición con respecto al Sol, a la Luna o a sus otros hermanos “errantes”.

Marte era el ejemplo perfecto de los planetes griegos, con un peculiar movimiento en el cielo que lo hace avanzar por varios meses y luego crear un “rizo” en su trazo, para seguir adelante de nuevo, como si saliera del camino para inspeccionar más allá de su territorio.

Durante mucho tiempo, estos extraños movimientos eran el dolor de cabeza que impedía a los estudiosos armonizar el movimiento de los cuerpos en el Sistema Solar. Desde Ptolomeo (uno de los que propuso el sistema geocéntrico) hasta Tycho Brahe (el último gran astrónomo observacional sin telescopio), ninguno pudo entender porqué Marte se movía de esa manera. Incluso los modelos más complicados de Johannes Kepler fallaban en las predicciones de su posición y no explicaban a gran escala cualquier maqueta que incluyera el Sol, la Tierra y los otros cinco planetas visibles en esa época. Pero fue precisamente Kepler, usando observaciones de Tycho y basándose en el modelo heliocéntrico de Copernico, quien encontró la respuesta a más de 10 años de intensa reflexión y análisis: los movimientos de los planetas, incluido Marte, son explicados si sus orbitas son elipses y todos giran entorno al Sol, siguiendo simples leyes físicas.

Después que Galileo Galilei usó el telescopio por primera vez en 1608, un torrente de nuevos datos vinieron de las observaciones de Marte, incluidos los primeros dibujos de la superficie por el danés Christiaan Huygens y los excelentes números en la posición celeste por Giovanni Domenico Cassini.

La investigación sobre Marte transitó de manera tranquila durante los siglos XVIII y la mayor parte del XIX; pero pronto tomaría un curso más de ficción que de realidad. Hacia 1877 Marte se encontraba muy cerca de la Tierra y era el mejor momento para observarlo. El astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli utilizó su telescopio de 22 centímetros de diámetro y pudo registrar en dibujos y escritos

impresionantes detalles de la superficie marciana. Schiaparelli notó zonas más oscuras que otras y esbozó complicadas redes de líneas, como surcos enormes. Usó la palabra canali, que fue traducida al inglés como canals (canales) y que floreció en la cultura popular como “conductos” o “acueductos”, probablemente diseñadas por alguien. Ése fue el inicio del mito de que en Marte había una civilización.

foto-marte

La euforia por las construcciones marcianas llevó a muchos en pos de documentar y detallar el progreso en el vecino planeta. A pesar de que en el siglo XIX y comienzos del XX los telescopios eran más grandes y mejores, los observadores registraban cosas aún más extrañas: las áreas claras y oscuras de la superficie cambiaban regularmente y daban la impresión de tener un color verde oscuro. La explicación para muchos era obvia: si hay canales por donde fluye agua, entonces sobre el suelo marciano se siembran y cosechan vegetales, por lo que Marte es habitado por seres inteligentes. La idea era fantástica y la cultura por los marcianos se vio desbordada durante todo el siglo XX; dio lugar a numerosas obras de ciencia ficción, libros, películas, radionovelas y series de televisión.

Pero la decepción tenía que llegar. La era espacial en los años 60 y 70 pronto desterró cualquier duda sobre la vida marciana. Mariner 9 y Viking, que orbitaron el planeta rojo, nos entregaron detalladas imágenes de un seco, árido y hostil terreno, cubierto más por piedras de todos tamaños, que por verdes pastizales o fértiles granjas de cereales, frutas y legumbres. A la fecha, más de dos docenas de naves han circundado o se han posado sobre Marte y nos han revelado que, en el mejor de los casos,

el planeta tuvo un poco de agua fluyendo, pero hasta el momento no hay indicios claros ni contundentes de que cualquier clase de vida haya surgido.

Hace un año, el 6 de Agosto por la madrugada, llegó a Marte el último y mejor vehículo-laboratorio diseñado por el hombre para estudiar el planeta rojo. Curiosity, como fue llamado, lleva consigo espectrógrafos, cámaras, taladros (10 instrumentos en total) y ha sido capaz de moverse por la superficie como un todo-terreno. En principio, los objetivos son claros: analizar el suelo y rocas marcianas que nos ayuden a saber si en el pasado—muy en el pasado—el planeta rojo generó moléculas orgánicas complejas o incluso vida, además de confirmar si agua líquida fluyó por su superficie. Hasta el momento, solo esto último parece ser cierto.

En el futuro cercano, Marte seguirá siendo un lugar desértico y poco propicio para albergar vida; sin embargo, también es cierto que los planes de transformarlo en un planeta más benévolo han comenzado. Muy probablemente en 100 o 150 años, Marte comenzará a ser nuestro segundo hogar.

Este es el Marte de ayer y de hoy, y seguramente será nuestro Marte por mucho tiempo más. ¡Feliz aniversario en Marte, Curiosity!

The following two tabs change content below.

Vicente Hernández

Artículos recientes por Vicente Hernández (see all)