Historias comunes de anónimos viajantes

Foto: Dano Brooks (Circuito X-Press)

¿A usted le importa lo que esté sintiendo esta persona en este momento?” pregunta el pasajero que está de pie al pasajero que está sentado respecto a un tercer pasajero sentado en el asiento de enfrente. “No… No por el momento”, contesta el interpelado. Para entonces el camión ya ha dado una vuelta por diversas calles aledañas a la Plaza de Revolución y ha vuelto a estacionarse a las afueras del Teatro Julio Jiménez Rueda. Porque esto es un viaje en microbús pero también es teatro. Así empieza Historias comunes de anónimos viajantes, escrita y dirigida por Antonio Zúñiga, y llevada a puerto por la compañía Carretera 45.

No es la primera vez que la compañía Carretera 45 busca desmontar el escenario para confundirlo con la realidad; su trabajo anterior, por ejemplo, La gente, transgredía la dramaturgia tradicional para involucrar al público en una reunión de un grupo de personas con un objetivo específico aunque siempre ambiguo, de manera que los espectadores se volvían participantes de una discusión en la que las posturas y los prejuicios importaban más que el tema. A diferencia de aquella, Historias comunes apuesta no por difuminar la realidad y la ficción sino por enmarcar la primera en la segunda. El público entra a un camión. Toma los asientos disponibles, como en un viaje cualquiera. Entre ellos están ya camuflados los actores. Tras el recorrido inicial, que contextualiza al público visual y auditivamente, echando mano de la ciudad viva, se desarrolla lo que en realidad es una colección de monólogos, ya uniactorales, ya corales, que van coloreando historias anónimas, historias que son cómo poner el dedo en el mazo de cartas para elegir una y verla detenidamente por unos segundos.

Historias anónimas libra el riesgo de convertirse en ejercicio de folclore, y lo logra optando no por el lenguaje cotidiano —la apuesta de La gente— sino por uno más bien literario; la lotería que vemos desfilar y hacer del microbús su escenario —el boletero, el payasito, la prostituta, el anciano que toma la micro diario a la misma hora desde hace años, etcétera— se convierte en una pieza polifónica de pretensiones más bien poéticas, que le dan solidez al texto y lo alejan del costumbrismo que habría significado el naufragio de una propuesta como esta. Al mismo tiempo, no deja de ser una prueba de empatía para el espectador. “¿A usted le importa lo que esté sintiendo esta persona en este momento?”, dice el diálogo inicial, cuando no sabemos aún quién es público y quién actriz o actor; al final, resulta ineludible preguntarse lo mismo, y quizá aventurar una respuesta con el siguiente vecino de asiento en el transporte público, cuyos vecinos anónimos somos a la vez nosotros.

Historias comunes de anónimos viajantes se presenta en el Teatro Julio Jiménez Rueda los lunes y martes hasta el 30 de mayo, a las 20 horas. El cupo es limitado.

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Adrián Chávez

Adrián Chávez

Escritor y traductor, autor de 'Señales de vida' (Fá Editorial). Actualmente es coordinador editorial en La Hoja de Arena, y becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) en el área de Novela. Twitter: @Ad_Chz
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