#Havre77, el nuevo vecino de La Juárez

havre 77Al ojo del amo engorda el caballo. Lo tienen bien claro los creadores del Havre 77, el nuevo vecino de la efervescente colonia Juárez. Gabriela y Eduardo no sólo están detrás del concepto del restaurante que recién abrió sus puertas en la calle más hip del momento; son ellos mismos quienes ocupan los puestos detrás del bar à huitres para atender a su fiel clientela. Los mismos comensales que se pelean por una mesa en el ya mítico Máximo Bistrot Local se acodan en la enorme mesa compartida de su cafetería homónima Lalo!

Porfirio Díaz se inspiró en Francia hace más de 100 años para construir las mansiones decimonónicas de la mítica calle Havre de la Ciudad de México. Hoy esta exitosa pareja lo hace también para lograr una auténtica brasserie en la primera planta de la casa marcada con el número 77.

Eduardo García, apadrinado por Enrique Olvera, y curtido en la cocina del neoyorquino Le Bernardin, puso su primer restaurante en la Roma en 2012 y desde que el Máximo abrió sus puertas las mesas no se han visto desocupadas ni un segundo. Al pie del cañón se puede ver casi siempre a Gabriela López (su esposa y socia) tratando de ubicar a la numerosa clientela que coincide en la conocida esquina negra de Tonalá y Zacatecas. Conseguir una reserva en el sencillo y reducido comedor es una tarea complicada, pero perderla es imperdonable.

Un rayón casi ilegible de gis sobre una puerta de madera indica el nombre del restaurante. El Havre 77 es cualquier brasserie de París con el techo alto y el bar a la vista. Las pequeñas mesas del comedor principal y su disposición –a la francesa– hacen inevitable escuchar las conversaciones ajenas. Como sello de la casa, el espacio, aunque pequeño, es acogedor. La puerta de enfrente descubre un ambiente diferente. La ‘huîtrerie’ se encuentra en un amplio salón con ventanales antiguos y el servicio es tipo bar. En la inmensa barra se pueden degustar varios tipos de ostras, patas de cangrejo y los frutos del mar que se oferten el día en cuestión todo regado de una escueta y costosa selección de etiquetas nacionales y extranjeras.

También es escueta la carta de comidas. Sólo lo más clásico de la gastronomía gala está incluido en el menú y alterna con algunas creaciones especiales, como las estupendas croquetas de bogavante para abrir bocado. De principales sobresalen el Steak Frites Maison, el Coq au vin y los insuperables mejillones con mostaza y eneldo. La espontaneidad y la simpleza de la cocina del Chef no hacen mella a la perfección de las texturas, sabores y términos de su comida. La última vez me ofrecieron cambiar los mejillones por almejas y la calidad del plato fue la misma: excelente. ‘Hay quienes dicen que el pan francés de aquí es mejor que el del restaurante hermano Lalo!’ se escuchó en la mesa de junto, pero lo que no tiene desperdicio es el mousse de chocolate con caramelo a la sal.

La colonia Juárez está teniendo un revival después de sus años de vino y rosas cuando el quién es quién comía, bebía y bailaba en los restaurantes, bares y discotecas de sus calles. De eso hace más de treinta años. Gentrificación incluida, los inmuebles construidos hace más de un siglo han sido rehabilitados, remodelados y readaptados para alojar viviendas, comercios , oficinas y lugares tan interesantes como éste. La iniciativa de Havre 77 es de ReUrbano, que reconvirtió la antigua casa porfiriana en un edificio de usos mixtos, donde aparte de esta brasserie et huîtrerie cabe el KYO, una barra de sushi para trece comensales, del chef Edo Kobayashi del Rokai.

@ebuenavida

FOTO: Instagram

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Emilio Buenavida

Emilio Buenavida

Emilio Álvarez Abouchard es arquitecto por el ITESM Monterrey. Estudió en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid y en Casa Lamm. Colabora con diversos medios de comunicación con artículos relacionados, no sólo con la arquitectura, sino con la cultura en general. Síguelo en Twitter como @ebuenavida.
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