Género, violencia y redes sociales: Una mirada hacia los movimientos feministas en el siglo XXI

Las redes sociales han potenciado la resonancia de los movimientos feministas en la segunda década del siglo XXI, lo que ha resultado en una mayor atención a la violencia contra las mujeres.

Quiero empezar este artículo haciendo una reflexión sobre aquello a lo que llamamos género. Podemos definir al género como aquella matriz de significaciones sociales e históricas desde las cuales se interpretan los cuerpos sexuados y diferenciados, aquella serie de normativas sociales que administran la vida social desde su aplicación y seguimiento. No podemos negar que el género es una coordenada esencial en la construcción de nuestra identidad. Tan sólo pensemos: mucho antes de tener nombre o fecha de nacimiento, éramos un género, éramos niño o niña. Esta condición va dirigiendo las acciones que nuestros padres y personas cercanas realizan para formarnos una primera identidad, ser hijo o hija en una primera socialización. Estas pautas van formando identidades, nos formamos según lo que las construcciones de género en nuestra sociedad, nuestro tiempo y contexto van inculcando en nosotros, y es a través de estas que nos relacionamos con el mundo; creamos formatos de relaciones, ideales, fantasías, sueños, etcétera; es decir, el género es preformativo, son acciones que realizamos para mantener una condición social, la condición de género. Aunque fuertes y demandantes, las construcciones de género no son estáticas, van cambiando según pueblos, culturas y paso del tiempo; así nos encontramos con distintas y muy variadas formas de ser hombres y mujeres, aunque en un lugar y un tiempo determinado hay pautas claras y compartidas de lo que significa pertenecer a un género u otro.

La relación entre los géneros es una relación de poder; es decir, históricamente los hombres y las mujeres se desarrollan y se posicionan socialmente según una serie de beneficios y restricciones que el orden del patriarcado administra a las instituciones sociales que soportan el orden social y pretenden su continuidad. Así, podemos leer en las investigaciones desde la perspectiva de género, las fuertes desigualdades que existen entre mujeres y hombres no solamente en el ámbito laboral, sino también en el desarrollo personal, en el ámbito económico, la participación social y política, entre muchos otros.

Siguiendo la observación y el análisis de las desigualdades entre hombres y mujeres desde la condición de género, un ámbito que ha sido de especial interés para los estados, las agencias de investigación y procuración de los derechos humanos, las organizaciones internacionales y los movimientos de corte feminista, es el ejercicio de la violencia contra las mujeres.

Podemos definir la violencia de género como aquella violencia física, emocional, patrimonial, económica o sexual que se ejerce contra otra persona por su condición de género, que puede darse en todos los ámbitos de la vida social. Si bien esta es una definición, existen muchas otras en las cuales se diferencia la violencia en el noviazgo, la violencia en las comunidades indígenas, la violencia en los ámbitos laborales, etcétera; estas distintas definiciones han tenido efectos en el reconocimiento del ejercicio de la violencia, en la evaluación de la violencia desde las instituciones de gobierno y en la gestión y desarrollo de políticas públicas pues, desde la definición se plantean metodologías y herramientas de investigación que enfocan el reconocimiento de la violencia de género desde categorías arbitrarias y limitadas en la compresión de un fenómeno complejo.

Esta violencia no es ejercicio exclusivo de algunas clases, o etnias específicas pero, hay condiciones sociales que pueden agravar el ejercicio de violencia contra las mujeres, como la pobreza, la marginación, la pertenencia a sectores poblacionales con un limitado acceso a servicios sociales, la edad, etcétera. Si bien estas condiciones son agravantes de la violencia contra las mujeres, no condicionan su existencia. Podemos encontrar ejercicios de violencia de género en todos los ámbitos, sectores y clases sociales de forma diferenciada. Es de especial atención la violencia sexual que viven los jóvenes en el país, según datos de la Encuesta Nacional sobre Violencia en el Noviazgo realizada en el 2012 por el Instituto Nacional de las Mujeres. La violencia sexual en las relaciones eróticoafectivas entre personas jóvenes es mayor a aquella que se ejerce entre personas adultas; aún el menor número de denuncias que se hacen por parte de mujeres jóvenes de violencia de género que se ejerce sobre ellas es grande en comparación con el número de denuncias realizadas por mujeres adultas. Una de las características principales de la violencia sexual entre los jóvenes es que, es durante esta edad en que sostienen sus primeros encuentros cóitales, y estos, en una tendencia en aumento, se pueden dar en condiciones de intimidación, manipulación, condicionamientos emocionales y uso de sustancias tóxicas para mediar la negociación sexual. En este contexto, el ejercicio de violencia sexual entre los jóvenes se ha vuelto de especial atención por el aumento de embarazos en mujeres adolescentes en los últimos cinco años, el tráfico niñas y mujeres en nuestro país, y el uso de redes sociales, páginas web y herramientas de reproducción multimedia en la Internet.

Si bien el aumento de casos de violencia sexual contra niñas y adolescentes en México y en el mundo está en aumento, nos enfrentamos a un vacío legal donde no hay una jurisdicción específica que aplique al mundo virtual, especialmente en lo que refiere al reconocimiento, erradicación y prevención de la violencia de género. Si bien se han llevado a cabo acciones específicas para desarmar bandas de traficantes de personas en el mundo, el fenómeno de la violencia en la Internet se ha expandido de manera considerable.

Los medios de comunicación electrónicos, y en especial las redes sociales, le han dado un nuevo marco de reconocimiento a la violencia de género. Si bien los casos de denuncias de violencia por este medio son mínimos, podemos reconocer la acción de otros actores sociales que reconocen y denuncian la violencia de género por este medio. Uno de los principales grupos sociales que han trabajo en miras del reconocimiento de los derechos humanos de las mujeres y el reconocimiento, erradicación y prevención de la violencia de género han sido los movimientos feministas.

Los movimientos feministas diversificados en el siglo XXI, especialmente en la segunda década del siglo han aprovechado a su favor las posibilidades que permiten las redes sociales a favor de la alianza, la visualización de las violencias contras las mujeres, y la defensa y ejercicio de los derechos de las mujeres en nuestro país. Existe una interacción entre el mundo físico y el mundo virtual, en que la posibilidad de alianza y comunicación que es posible mediante el uso de las nuevas herramientas de comunicación inmediata del mundo “virtual” permite tener una nueva lectura de la realidad social del mundo físico; así, los distintos movimientos feministas mexicanos han aprovechado, no solamente la posibilidad de darse a conocer, sino la posibilidad de compartir experiencias, desarrollar proyectos en conjunto y hacer movilizaciones sociales que pretenden reconocer los derechos humanos de las mujeres mediante la denuncia en el espacio público y la convocatoria de una población joven cada vez más reflexiva y socialmente activa.

Las redes sociales le han dado un nuevo respiro a los movimientos feministas: se han reconocido y se mantienen en contacto reproduciendo procesos de ciudadanización mediante la acción colectiva y el constante movimiento de artículos periodísticos y bibliotecas virtuales públicas. Así, poco a poco, las usuarias de redes sociales se han convertido en nuevas actrices sociales desde la aplicación de una perspectiva de género aplicada a lugares donde quizá nunca había llegado antes, fuera de los círculos académicos y los grupos instituidos de activistas, los medios de comunicación, la acciones u omisiones estatales y en la misma interacción interpersonal de las redes sociales. Los grupos feministas han funcionado como procuradores de la conservación y el respeto a los derechos humanos de las mujeres mediante la denuncia de perfiles, comentarios y usuarios que públicamente comentan o comparten fotografías ofensivas o que pretenden vulnerar los derechos humanos de las mujeres; en este sentido, son muchos los casos de denuncias de perfiles de Facebook donde se publican fotografías eróticas de niñas o adolescentes, así como de perfiles particulares donde sistemáticamente se denigra mediante comentarios sexistas la figura de la mujer. Incluso, los grupos feministas en las redes sociales han solicitado explícitamente a la administración de Facebook que se haga una opción de denuncia explícita por violencia de género, porque, si bien como usuario de esta red social puedes denunciar algún perfil por contener violencia explícita, no se contempla la violencia basada en la condición de género como una forma de violencia.

Aunque estos movimientos en redes sociales no han tenido un alcance significativo en relación a la población total del país, se ha podido lograr una interacción entre asociaciones civiles, activistas y, en menor medida, círculos académicos donde el debate, la visualización de las realidades sociales y la lectura de las publicaciones de los medios masivos de comunicación en cuanto a la violencia contra las mujeres va conformando una nueva forma de espectadores, personas que si bien pueden no consumir los medios masivos de comunicación tradicionales en nuestro país, van teniendo incidencia en la reflexión colectiva sobre los fenómenos sociales y en los procesos de democratización y ciudadanización del pueblo mexicano. En este sentido, podemos medir las acciones de los movimientos feministas en las redes sociales desde tres perspectivas: permiten la creación de alianzas, que es central para el empoderamiento de las mujeres frente a la violencia de género; facilitan acciones y reflexiones que causan entre los usuarios el reconocimiento y la denuncia de la violencia de género; y permiten procesos de ciudadanización en los usuarios al reconocerse como sujetos de derecho.

Ante este fenómeno podemos estar hablando de una aplicación, desde la perspectiva de género, de una acción social mediada por las redes sociales y los medios electrónicos, que se suman a la lucha de los movimientos feministas a favor de las causas de las mujeres en México y en el mundo. En este sentido, el panorama de esta nueva dimensión de los movimientos feministas puede darle un giro al trabajo que se ha hecho desde la coordinación de los institutos estatales y las asociaciones civiles, añadiendo nuevos actores en la configuración de políticas públicas y acciones en conjunto encaminadas a la erradicación y prevención de la violencia de género. A la luz de estos movimientos emergentes de corte feminista y la interacción entre la socialización virtual y física, se puede observar un nuevo conjunto de acciones que retomen el sentido radical de reconocer que en la diversidad y en la disidencia de las condiciones de género todos somos personas. Iconofinaltexto copy

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Felipe Eduardo Reyes Silva

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