Entre la espada y la pared: la literatura indígena

“El niño llega y la escuela lo acultura, le niega toda la carga cultural y de conocimientos que trae consigo. Entonces, la escuela siempre ha sido un medio para desindianizar y para acelerar el proceso de desaparición de las lenguas indígenas”.

Falta de financiamiento, poca difusión y nulo interés de las editoriales para publicarlos es a lo que se enfrentan los escritores indígenas en México. Más allá de estas dificultades, el problema de fondo es la carencia de una educación que respete el uso de las lenguas originarias.

Aunque en los últimos años ha habido un auge importante de la indígena, que la ha llevado a posicionarse en espacios como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara,  el problema sigue siendo el mismo: no hay editoriales que los publiquen por considerar su trabajo como algo menor y poco redituable, por lo que quedan únicamente instituciones gubernamentales como CONACULTA, institución que trata de combatir infructuosamente una política de segregación y un problema de proporción en las publicaciones, según lo señala el Director de Desarrollo Intercultural de CONACULTA, Juan Gregorio Regino:

Anteriormente, publicábamos tres colecciones que, de alguna forma, yo digo que aplicamos una política segregacionista porque es prácticamente para los hablantes de lenguas originarias, ahora todo lo publicamos como CONACULTA y las colecciones se insertan en un espacio de literatura nacional. La proporción es la que todavía no es equitativa, tal vez, de cien libros que publican sólo se están publicando dos en lenguas indígenas.

La relación entre los escritores indígenas y CONACULTA es un tanto ambivalente. Por una parte esta institución trata de cambiar la visión condescendiente hacia estos pero por otra no promueve la educación; es la encargada de la difusión de los distintos autores pero en eventos como Primera Raíz —que busca a dar a conocer este tipo de literatura— no  se cuenta con la producción ; asimismo, es el único encargado de las publicaciones pero no las comercializa “al no ser su función como institución de gobierno”. De ahí que escritores como Mardonio Carballo se cuestionen sobre el paradero de sus libros:

Yo tengo libros con tirajes de cien mil, treinta mil, setenta mil ejemplares, pero si uno los intenta rastrear no los encuentra. No los encuentras en las bibliotecas, en las escuelas. ¿Dónde están?, te preguntas: en una bodega.

Por su parte, el escritor Manuel Espinoza Saínos sostiene que los libros se embodegan y agrega que:

Muchas de nuestras publicaciones no llegan a las comunidades indígenas. A los autores indígenas les dan el diez por ciento, y el noventa se queda con los que lo editan o en la ciudad, y muchas veces embodegan los libros.

Pero lo más importante de todo, es cómo promover la literatura indígena cuando no se tiene una educación que enseñe la lengua de los pueblos originarios. Espinosa saínos señala que además del problema de la difusión hay un problema de alfabetización:

En las comunidades hay mucha gente que habla su idioma pero muchos son analfabetas en su propia lengua, por lo que sí es necesario difundir la literatura indígena en las comunidades; además hay muy pocos medios que transmiten en lenguas originarias.

El problema educativo se aleja un poco de los objetivos de CONACULTA, e incluso el Director de Desarrollo Intercultural y también escritor, Juan Gregorio Regino, habla sobre la muerte de las lenguas indígenas:

El niño llega y la escuela lo acultura, le niega toda la carga cultural y de conocimientos que trae consigo. Entonces, la escuela siempre ha sido un medio para desindianizar y para acelerar el proceso de desaparición de las lenguas indígenas; todavía hoy es así, a pesar de que hay una política de educación bilingüe.

El problema pareciera ser el mismo  de siempre: la marginación de los pueblos originarios y su uso folclórico en el discurso institucional, el rezago educativo que evita generar una población alfabetizada en su idioma materno. La falta de difusión, de financiamiento y de acceso a las editoriales es consecuencia de ello y de un sistema que aún no los reivindica.

Para los escritores indígenas solo queda confiar en algo que pare la caída, tal y como lo señala, el escritor náhuatl, Mardonio Carballo:

El arte es tirarte de un piso 50 de cabeza, esperando que abajo haya una alberca que te pare y sabiendo que no existe, pero si las cosas salen bien en la caída podrá construirse. Iconofinaltexto copy

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Alejandro Sánchez de la Rosa

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