Dream a little dream of me…

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Siempre me ha llamado la atención lo decisivos que resultaban los sueños en épocas antiguas. Era suficiente un sueño con ciertos elementos para que un emperador decidiera invadir o no un reino, evitar ciertas cosas o buscarlas, mandar asesinar a un familiar cercano o cambiar radicalmente sus estrategias militares. Lo que resulta aún más intrigante es que, usualmente, la conclusión derivada del sueño resultaba acertada.

La interpretación de los sueños es una de la formas de adivinación más antiguas de nuestra historia, y se mantiene vigente; ya no para regir al cien por ciento nuestras vidas de acuerdo a lo que vemos en ellos, pero sí lo suficiente como para que las personas frecuenten libros de diez pesos o alguna de las abundantes páginas de internet sobre el tema para consultar el significado de un sueño, o por lo menos de uno de sus elementos.

En mi opinión hay cuatro tipos de sueños:

El primero es el más común, aquellos armados con retazos de imágenes guardadas en nuestra mente y que el cerebro revisita por las noches para mantenerse en forma. Tan sencillo como eso y sin mayor trascendencia ―también suelen ser estos los sueños más incoherentes. El segundo tipo es aquel que nace de lo más recóndito de nuestra mente, no tanto como un collage de imágenes o situaciones ya conocidas, sino más bien como manifestación de deseos o frustraciones enraizadas muy dentro de nosotros. El tercer tipo es aquel que, efectivamente, tiene una simbología premonitoria. No tengo idea de qué los ocasiona, supongo que puede haber distintas razones; pero así como me parece perfectamente posible que existan sueños premonitorios, también estoy convencido de que son muy escasos… o quizá la gente perdió lo que hacía falta para saber reconocerlos y descifrarlos pues, aunque abunden los diccionarios para consultar los “significados de los sueños”, no creo que  los mensajes soñados se transmitan igual a dos personas, porque cada quien necesitará medios e imágenes distintas para entenderlos.

El cuarto tipo de sueño es el que más me interesa y el que me resulta más misterioso, incluso más que los premonitorios: es el que abarca aquellos que, aunque quizá aislados, están ligados porque todos son parte de una vida completa y paralela que vivimos en algún otro sitio. Algo que todos tenemos en común, según me parece, es que en algunos sueños visitamos sitios que ya están establecidos como “fijos” en nuestros sueños, ya hay toda una ciudad, a veces todo un mundo, distinto por completo al que habitamos de manera diurna, que recorremos más de una vez en sueños, sabiendo exactamente dónde está cada cosa y cómo hemos de movilizarnos ahí. Esto hace pensar, inevitablemente, en el célebre emperador chino que soñó que era una mariposa, y al despertar quedó marcado hasta el final de sus días con la duda sobre si él era un emperador que había soñado ser una mariposa o si se trataba de una mariposa que estaba soñando que era un emperador. Pienso que quizá lo importante no sea cuestionar cuál realidad es la auténtica, puede ser que existan dos simultáneas, ambas igual de auténticas, y que se turnan, se reparten los días y las noches para permitirnos caminar en una o en otra mientras descansamos de la alterna. Y en esa otra existencia, como es algo real, puede que lleguemos a encontrarnos con un conocido y él, en su sueño, también nos encuentra, porque todo eso es en realidad un mundo aparte y completo, ambos podríamos visitar los mismos sitios en esa otra vida, pero ni la otra persona ni nosotros nos enteramos al despertar, porque no le prestamos al asunto más importancia que la que le damos a los sueños comunes. Hasta es probable que en esos sueños que no son sueños sino vidas simultáneas conozcamos a personas que en vela no conocemos, que quizá nunca conoceremos por las distancias y tiempos que difieren de un mundo a otro, pero que existen también en esta realidad, en algún lado.

Lo más interesante de todo esto es preguntarse qué ocurriría de cruzarse ambos mundos, que entre ellos se complementaran, inclusive. ¿Cuántas veces no pasamos un sueño entero convencidos de estar viviendo ya nuestra existencia diurna? ¿Y cuántas veces no nos pasamos minutos, horas o hasta un día entero preguntándonos si no será acaso que estamos soñando, porque literalmente sentimos que el mundo a nuestro alrededor no es como debería ser, sin que seamos capaces de señalar concretamente dónde está aquella sutil pero rotunda diferencia? Así que tal vez no haya que especular, puede que sí ocurra con mayor frecuencia de lo que podemos imaginar, sólo que no nos damos cuenta, precisamente porque, a esa otra vida que llevamos, que es una vida completa, coherente y continua, no le damos durante el día (los días de este lado) mayor importancia que a nuestros sueños más comunes y banales, así como muy pocas veces recordamos siquiera, en la vida de ese lado, lo que hacemos aquí, de este ladoIconofinaltexto-copy

Ilustración del autor

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Diego Minero

Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.