Algunas breves notas from man to man frente al feminismo

Hombres, quisiera tomar esta oportunidad para hacerles una invitación formal.

La igualdad de género es asunto de ustedes también.

‒Emma Watson

 

 

Soy un hombre, busco hablar directamente a otros hombres a través de este texto, lo hago porque a veces, al mirarle por encima, el feminismo pareciera teñido de cierta hostilidad hacia nosotros. A veces lo es, por supuesto; entonces ¿qué tiene uno que hacer ahí?

Me parece que nunca son demasiadas las notas que intentan crear una consciencia general respecto al tema del feminismo, especialmente cuando muchas veces el tema está rodeado por un halo de confusión. De modo que lo más conveniente para empezar es distinguir qué es el feminismo realmente… y lo primero en lo que deberíamos pensar al acercarnos al tema es en la religión cristiana, pensemos por un momento en todas las distintas religiones que derivan de Cristo: cristianos, católicos, protestantes, metodistas, etc., todas ellas coinciden en reconocer a un Dios Todopoderoso y en que Jesús es su hijo, pero todo lo demás no sólo varía de una religión a otra sino que, a veces, incluso las enfrenta entre sí. Este es el motivo por el que muchas veces el feminismo parece agresivo hacia todos los hombres, porque ciertas corrientes extremistas sí lo son, pero no nos confundamos, ese no es el feminismo auténtico sino una forma específica de abordarlo por algunas personas, pero atención: la definición de feminismo no es odiar a los hombres. Definir lo que es el feminismo auténtico no es difícil, es una definición que todos deberíamos suscribir: Feminismo no es el grupo de mujeres coléricas que piden en bandejas ensangrentadas las cabezas y falos cercenados de todos los hombres del mundo, feminismo son todas las personas de ambos géneros que no niegan las diferencias claras y maravillosas, sino que buscan igualdad de derechos, justicia y respeto. El feminismo debería ser, idealmente, la realidad cotidiana, la normalidad, no una ideología específica que hay que defender todo el tiempo.

Es cierto que algunas subcorrientes exigen enfáticamente que los hombres nos mantengamos lejos de las marchas, protestas y todo lo relacionado a lo que consideran una batalla sólo de ellas, pero eso es solamente una facción (que, ultimadamente y otra vez como con las divisiones cristianas, en realidad están enfurecidas porque en el fondo están indignadas por los mismos problemas reales), una minoría (aunque también, generalmente, las que más se hacen notar debido a su estridentismo), porque el movimiento real y amplio del feminismo no puede funcionar si no incluye a ambos géneros (la campaña HeForShe enfatiza el hacer consciencia en la importancia de incluir a los hombres en el movimiento y la importancia de demoler estereotipos de género, además tiene información no sólo teórica sino también práctica en sus portales de internet). Lo que el feminismo necesita en sus filas es, por un lado, a mujeres informadas que abran los ojos y se pongan de pie para combatir todo un sistema que las ha estado maltratando durante incontables años y, por otro lado, a hombres suficientemente valientes para unirse a aquellas mujeres en ese mismo enfrentamiento contra una sociedad que, por cierto, también ataca de manera machista a los propios hombres. El feminismo necesita a ambos géneros porque todos formamos parte de esa sociedad donde está el problema.

Pues entonces, en todo caso, ¿cómo podemos, desde el papel de hombres, participar activamente en el feminismo? Muchas de las quejas que hay por parte de algunas facciones feministas contra la participación de los hombres es reprocharles adoptar un papel protagónico; en ese aspecto ciertamente es irónico cuando un hombre a veces (pocas) termina siendo la nota principal dentro de cualquier evento feminista (sea o no su intención, porque al final la decisión de la nota principal depende de los medios) y, en todo caso, el protagonismo no sirve de nada, no ayuda en nada. Lo que sí nos corresponde es ser congruentes en nuestro propio entorno. ¿En una reunión de amigos hombres surge algún comentario que, de hecho, te incomoda o te molesta por ser de franca misoginia? Dilo, dilo con seguridad y de manera rotunda, no hace falta que empieces a predicar ante ellos, simplemente demuestra con tu postura que lo dicho no te parece algo que celebrar, quizá animes a alguno de los presentes, que se dará cuenta gracias a ti de que no tiene que fingir con otros que aquellas agresiones le parecen divertidas, ¿Tienes oportunidad de convivir con niños (hijos, sobrinos, primos menores, alumnos, etc.)? ¡Perfecto! Pon de tu parte para que los niños no asuman automáticamente que las niñas son las criaturas débiles, ñoñas y aburridas que medio mundo quiere hacerles creer que son, ¿Ves que un hombre molesta a una mujer en la calle? No temas alzar la voz para acallar al otro mientras la mujer puede alejarse, ¿Tienes una amiga o familiar que se encuentra metida en una relación abusiva? Intenta ayudarla, hablar con ella o ponerla en contacto con alguien que pueda ayudarla de manera profesional si hace falta; si tienes un amigo que comienza a volverse abusivo en su relación de pareja habla con él, con franqueza, al respecto, ¿Admiras genuina y profundamente a mujeres ‒reales o ficticias‒ por sus cualidades más brillantes? Nunca tengas miedo de admitirlo y celebrarlo ante el mundo, no existen figuras heroicas exclusivas de hombres y exclusivas de mujeres, todos podríamos mejorar como seres humanos si reconocemos el valor de otras personas y aprendemos todo lo que podamos de quienes son mejores que nosotros sin importar los géneros. En fin, que hay muchas maneras de ayudar y no es difícil encontrar más sugerencias (y mejor desglosadas, este es tan sólo un pequeño prontuario).

Muchas veces las actitudes en pro del feminismo no se tratan de que los hombres defiendan a las mujeres (pero si ves un acto violento en desarrollo denuncia de inmediato y de la manera más pronta y efectiva posible: eso ya no es por feminismo, es humanidad pura y llana), se trata de denunciar ante el mundo las cosas que están mal y que sin embargo son olímpicamente ignoradas. Nuestro comportamiento en el entorno dentro del que vivimos realmente importa y no se trata solamente de mantener una posición feminista activa, se trata también de no tener actitudes machistas, y lo segundo es más difícil que lo primero porque no sólo es más fácil ver la paja en el ojo ajeno, sino porque a veces implica desaprender cosas que ya están bien instaladas en nuestro inconsciente.

También tenemos la obligación de ser agentes infiltrados. Hay muchos sitios (profesiones, puestos, cargos, estudios, responsabilidades, etc.) donde a las mujeres se les ponen muchos y ridículos obstáculos con el único motivo de bloquearles el paso por su género, de hacerlas menos. Es cierto que la sociedad da prioridad a los hombres en general, de modo que utilicemos eso, ayudemos a cambiar las cosas desde esos lugares, nosotros tenemos ciertas facilidades y preferencias que debemos aprovechar para cambiar las cosas.

Tenemos la responsabilidad de informarnos cuanto podamos respecto al tema, ayudar a difundir la información y, por supuesto, asumirse públicamente, con orgullo, como feminista y siempre aceptar la guía que te ofrezcan quienes vayan más adelante que tú, porque el feminismo real no es como la marabunta de gente abriéndose paso a codazo y patada limpia para entrar al metro en la Ciudad de México, sino que es como el slam de la vieja escuela, donde si uno cae, tropieza, lleva cargando a un niño o no está seguro de hacia dónde moverse, recibe la ayuda de todos los involucrados a su alrededor.

El feminismo puede volverse cada vez más complejo entre más profundicemos en distintos subtemas, situaciones, países, etc., pero en la esencia es tan simple como esforzarse por buscar igualdad y respeto entre seres humanos; si su nombre enfatiza lo femenino no es porque se busque darles a las mujeres un trato preferencial, sino porque busca elevar a las mujeres del estrato inferior en que suele colocárseles y ascender al nivel justo, en el que debemos estar todos. No se trata de una ideología que busque santificar automáticamente a todas las mujeres por el mero hecho de ser mujeres, cada una de ellas tiene virtudes y defectos (a veces más de una cosa que de la otra, en toda una gama de variedades) como sucede con absolutamente todos los seres humanos; desde luego que existen mujeres crueles, perezosas o engreídas igual a como existen hombres crueles, perezosos o engreídos, el problema es que a demasiada gente le cuesta trabajo aceptar que existen mujeres inteligentes, talentosas y honestas, igual a como también hay hombres inteligentes, talentosos y honestos. El problema es despreciar a una persona por nada más que su género y rehusarse a reconocerle sus méritos por nada más que su género.

Buscamos igualdad, justicia y respeto, eso implica a todos los géneros en términos generales y a cada persona en términos individuales. En realidad, el feminismo no es más que otra subdivisión de la lucha por conseguir un mundo mejor para todos. Es un nombre más que tiene la guerra interminable por intentar que nuestro mundo funcione impulsado por amor y no por odio.

 

Los invito a dar un paso al frente, a ser vistos y preguntarse a ustedes mismos:

Si no soy yo ¿quién? Si no es ahora ¿cuándo?

‒Emma Watson

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Diego Minero

Diego Minero

Tlaxcala, 1990. Se dedica a la escritura y a la ilustración. Ha sido becario del Foecat en dos ocasiones en la disciplina de Letras, y ganador del Premio Estatal de Cuento (2010); publicó la novela ilustrada 'El pueblo en el bosque', la novela corta 'Un último vaso de Jerez' y el cuentario ilustrado 'Grand Guignol'. Ha publicado columnas y viñetas en diversos medios impresos. Ha tomado un par de talleres, pero el grueso de su formación ha sido autodidacta.
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